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Ángela Figuera Aymerich

Bautizo, de Isaac Díaz Pardo

Ángela Figuera Aymerich (Bilbao, 1902-1984) fue una de las voces más destacadas de la poesía social en la posguerra, esa poesía que en palabras de la autora “grita con el dolor de todos y denuncia con la rabia de todos”. La reivindicación del papel social y cultural de la mujer es otro de los ejes de su obra.

EL FRUTO REDONDO

Sí, también yo quisiera ser palabra desnuda.
Ser un ala sin plumas en un cielo sin aire.
Ser un oro sin peso, un soñar sin raíces,
un sonido sin nadie…

Pero mis versos nacen redondos como frutos,
envueltos en la pulpa caliente de mi carne.

Mujer de barro, 1948.

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Safo

Detalle del sepulcro de una niña, del periodo clásico

Pese a lo fragmentario de su obra, se aprecia una gracia y sensibilidad prodigiosas en los versos de la griega Safo de Mitilene (Lesbos, siglo VII a.C.), que tratan sobre la nostalgia y los deseos.

NO ES LÍCITO…

No es lícito que haya canto de duelo en la casa
de quienes sirven a las Musas… No nos atañe eso.

Fragmento 109 D. Traducción de Carlos García Gual.

VAMOS, DIVINA LIRA…

Vamos, divina lira, hazte parlera para mí.

Fragmento 103 D. Traducción de Carlos García Gual.

Olga Orozco

Domingo por la tarde, de Leonor Fini

Olga Orozco (1920-1999) es una de las principales voces de la poesía surrealista argentina. El tiempo, la soledad, la muerte, el dolor de conocimiento son los temas que recorren sus poemas.

DENSOS VELOS TE CUBREN, POESÍA

No es en este volcán que hay debajo de mi lengua falaz donde te busco,
ni en esta espuma azul que hierve y cristaliza en mi cabeza,
sino en esas regiones que cambian de lugar cuando se nombran,
como el secreto yo
y las indescifrables colonias de otro mundo.

Noches y días con los ojos abiertos bajo el insoportable parpadeo del sol,
atisbando en el cielo una señal,
la sombra de un eclipse fulgurante sobre el rostro del tiempo,
una fisura blanca como un tajo de Dios en la muralla del planeta.
Algo con que alumbrar las sílabas dispersas de un código perdido
para poder leer en estas piedras mi costado invisible.

Pero ningún pentecostés de alas ardientes desciende sobre mí.
¡Variaciones del humo,
retazos de tinieblas con máscaras de plomo,
meteoros innominados que me sustraen la visión entre un batir de puertas!

Noches y días fortificada en la clausura de esta piel,
escarbando en la sangre como un topo,
removiendo en los huesos las fundaciones y las lápidas,
en busca de un indicio como de un talismán que me revierta la división
[y la caída.

¿Dónde fue sepultada la semilla de mi pequeño verbo aún sin formular?
¿En qué Delfos perdido en la corriente
suben como el vapor las voces desasidas que reclaman mi voz para
[manifestarse?
¿Y cómo asir el signo a la deriva
–ése y no cualquier otro–
en que debe encarnar cada fragmento de este inmenso silencio?

No hay respuesta que estalle como una constelación entre harapos nocturnos.
¡Apenas si fantasmas insondables de las profundidades,
territorios que comunican con pantanos,
astillas de palabras y guijarros que se disuelven en la insoluble nada!

Sin embargo
ahora mismo
o alguna vez
no sé
quién sabe
puede ser
a través de las dobles espesuras que cierran la salida
o acaso suspendida por un error de siglos en la red del instante
creí verte surgir como una isla
quizás como una barca entre las nubes o un castillo en el que alguien canta
o una gruta que avanza tormentosa con todos los sobrenaturales fuegos
[encendidos.

¡Ah las manos cortadas,
los ojos que encandilan y el oído que atruena!
¡Un puñado de polvo, mis vocablos!

Mutaciones de la realidad, 1979.

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Sonia Manzano

Nocturno, de Pilar Bustos

La poeta y narradora ecuatoriana Sonia Manzano (1947) pretende llevar el grito y la lucha de las mujeres a la literatura. Con un lenguaje provocador, deudor de la antipoesía, se atreve a tratar temas tradicionalmente considerados tabúes en la poesía femenina.

PURA CARCOMA CON FORMA DE PALOMA

Ahora sólo te elaboro
para leerte yo,
para consumo interno,
para uso y abuso de mis ojos
(factores de producción han deteriorado mis
modos de producir amor a gran escala)
Mejor es que me siente a tu lado
en estos graderíos circulares
para observar
la representación de una tragicomedia en piedra
dividida en cinco actos de argamasa
con sus respectivos abucheos de arena.

Mejor es que te quedes con tus rizos de estatua aliñada
y sin más vistas
que la de algunos secos dioses ya listos para la taxidermia.

Poesía que una vez yo poseía:
qué hacer o qué no hacer
para evitar que tu triste cacareo se estrelle en una sartén
sin que hayas muerto,
qué hacer o qué no hacer
para que no te quedes de pasabola,
para que puedas en una última y desesperada instancia
batear de un solo colibrí desviado
los dos versos todavía no enteramente convencidos
de que no hay poesía que dure cien años
ni cuerpo que lo resista.

Ya no está tu agonía trotona para desgorgorarse
en silvestres gorgoritos,
no obstante
te haré pasar de contrabando debajo de mi brazo

Oh poesía que alguna vez me poseyera,
qué hacer o qué no hacer
para que de estos versos
resurja ese perdón que necesito,
de ti, paloma aguada,
pura carcoma con forma de paloma,
paloma aguardentosa carcomida
a la que he retorcido por las patas tantas veces
queriendo que gotees
la ley seca que pesa en mis palabras.

Carcoma con forma de paloma, 1988.

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