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Jorge Cuesta

Pintura de Cordelia Urueta

Jorge Cuesta (México, 1904-1942) es conocido como el gran crítico literario del grupo «Contemporáneos». Su obra poética es escasa: comprende poco más de cuarenta poemas breves, en gran parte sonetos, y un poema de mayor aliento titulado Canto a un dios mineral. Concibió la poesía como manifestación de la inteligencia y no de los afectos.

UNA PALABRA OSCURA

Primera versión

En la palabra habitan otros ruidos,
como el mudo instrumento está sonoro
y a la avaricia congelada en oro
aún enciende el ardor de los sentidos.

De una palabra obscura desprendidos,
la clara funden al ausente coro
y pierden su conciencia en el azoro
preso en la libertad de los oídos.

Cada voz de ella misma se desprende
para escuchar la próxima y suspende
a unos labios que son de otros el hueco.

Y en el silencio en que zozobra,
dura como un sueño la voz, vaga y futura,
y perpetua y difunta como un eco.

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Bernardo Ortiz de Montellano

Caballos, de Federico Cantú

Bernardo Ortiz de Montellano (México, 1899-1949) formó parte del grupo Contemporáneos. En su poesía, que gira en torno a la niñez, la muerte y los sueños, se perciben las influencias de la lírica indígena, Sor Juana, Amado Nervo y T. S. Eliot.

POSTDATA A LA LECTURA DE UN POETA

Poeta es aquel que llena un vasto silencio con furtivas palabras;
que vuelve de la nada, enlutado y alegre,
inviolado y valiente; que lucha
a zarpazos de lirio con el sueño y la muerte.
Poeta es el solitario que sólo a solas siente
de su furia secreta
la palabra que dice
la forma de lo amorfo de su muerte.

Sueño y poesía, 1952.

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Gilberto Owen

Paisaje de Papantla, de Gunther Gerzso

Gilberto Owen (1905-1952), componente del grupo poético mexicano Contemporáneos, cultivó una poesía hermética, pero impregnada por un particular sentido del humor y la ironía.

PUREZA

¿Nada de amor –¡de nada!– para mí?
Yo buscaba la frase con relieve, la palabra
hecha carne de alma, luz tangible,
y un rayo del sol último, en tanto hacía luz
el confuso piar de mis polluelos.

Ya para entonces se me había vuelto
el diálogo monótono,
y el río, Amor –el río: espejo que anda–,
llevaba mi mirada al mar sin mí.

¡Qué puro eco tuyo, de tu grito
hundido en el ocaso, Amor, la luna,
espejito celeste, poesía!

Desvelo, 1925.

Xavier Villaurrutia

Fenómeno, de Remedios Varo

La poesía de Xavier Villaurrutia (México, 1903-1950) gira en torno a la angustia existencial y la muerte. Poeta de honda emoción, supo evitar las efusiones sentimentales gracias al rigor intelectual al que sometió a su poesía.

POESÍA

Eres la compañía con quien hablo
de pronto, a solas.
Te forman las palabras
que salen del silencio
y del tanque de sueño en que me ahogo
libre hasta despertar.

Tu mano metálica
endurece la prisa de mi mano
y conduce la pluma
que traza en el papel su litoral.

Tu voz, hoz de eco,
es el rebote de mi voz en el muro,
y en tu piel de espejo
me estoy mirando mirarme por mil Argos,
por mí largos segundos.

Pero el menor ruido te ahuyenta
y te veo salir
por la puerta del libro
o por el atlas del techo,
por el tablero del piso,
o la página del espejo,
y me dejas
sin más pulso ni voz y sin más cara,
sin máscara como un hombre desnudo
en medio de una calle de miradas.

Reflejos, 1926.

José Gorostiza

Mujer frente al mar, de Francisco Gutiérrez

Para José Gorostiza (1901-1973), poeta perteneciente al grupo mexicano de los Contemporáneos, la poesía “es una investigación de ciertas esencias -el amor, la vida, la muerte, Dios- que se produce en un esfuerzo por quebrantar el lenguaje de tal manera que, haciéndolo más transparente, se pueda ver a través de esas esencias”.

PRELUDIO

Esa palabra que jamás asoma
a tu idioma cantado de preguntas,
esa, desfalleciente,
que se hiela en el aire de tu voz,
sí, como una respiración de flautas
contra un aire de vidrio evaporada,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
en esta exangüe bruma de magnolias,
en esta nimia floración de vaho
que -ensombreciendo en luz el ojo agónico
y a funestos pestillos
anclado el tenue ruido de las alas-
guarda un ángel de sueño en la ventana.

¡Qué muros de cristal, amor, qué muros!
Ay ¿para qué silencios de agua?

Esa palabra, sí, esa palabra
que se coagula en la garganta
como un grito de ámbar.

¡Mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!

Mira que, noche a noche, decantada
en el filtro de un áspero silencio,
quedóse a tanto enmudecer desnuda,
hiriente e inequívoca
-así en la entraña de un reloj la muerte,
así la claridad en una cifra-
para gestar este lenguaje nuestro,
inaudible,
que se abre al tacto insomne
en la arena, en el pájaro, en la nube,
cuando negro de oráculos retruena
el panorama de la profecía.

¿Quién, si ella no,
pudo fraguar este universo insigne
que nace como un héroe en tu boca?
¡Mírala, ay, tócala,
mírala ahora,
incendiada en un eco de nenúfares!
¿No aquí su angustia asume la inocencia
de una hueca retórica de lianas?
Aquí entre líquenes de orfebrería
que arrancan de minúsculos canales
¿no echó a tañer al aire
sus cándidas mariposas de escarcha?

Qué, en lugar de esa fe que la consume
hasta la transparencia del destino
¿no aquí -escapada al dardo
tenaz de la estatura-
se remonta insensata una palmera
para estallar en su ficción de cielo,
maestra en fuegos no,
mas en puros deleites de artificio?

Esa palabra, sí, esa palabra,
esa, desfalleciente,
que se ahoga en el humo de una sombra,
esa que gira -como un soplo- cauta
sobre bisagras de secreta lana,
esa en que el aura de la voz se astilla,
desalentada,
como si rebotara
en una bella úlcera de plata,
esa que baña sus vocales ácidas
en la espuma de las palomas sacrificadas,
esa que se congela hasta la fiebre
cuando no, ensimismada, se calcina
en la brusca intemperie de una lágrima,
¡mírala, ay, tócala!
¡mírala ahora!
¡mírala, ausente toda de palabra,
sin voz, sin eco, sin idioma, exacta,
mírala cómo traza
en muros de cristal amores de agua!

1936. Del poema frustrado, 1964.