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Juan de la Cueva

Los infantes don Felipe y doña Ana, de Juan Pantoja de la Cruz

El dramaturgo y poeta sevillano Juan de la Cueva (1543-1612) publicó en 1606 el Ejemplar poético, un tratado de preceptiva literaria en verso –lo componen tres extensas epístolas en tercetos encadenados–, que es la primera obra de esta naturaleza de nuestra literatura.

[EL VERSO ADVIERTA EL ESCRITOR PRUDENTE…]

El verso advierta el escritor prudente
que ha de ser claro, fácil, numeroso
de sonido, y espíritu excelente.

Ha de ser figurado, y copioso
de sentencias, y libre de dicciones
que lo hagan humilde u escabroso.

La elevación de voces y oraciones
sublimes, muchas veces son viciosas
y enflaquecen la fuerza a las razones.

Vanse tras las palabras sonorosas
la hinchazón del verso, y la dulzura,
tras las sílabas llenas, y pomposas.

Entienden que está en esto la segura
felicidad y luz de la poesía
y que sin esto es lo demás horrura,

Si el verso consta sólo de armonía
sonora, de razones levantadas,
ni fuerza a más, bien siguen esa vía.

Mas si las cosas han de ser tratadas
con puntual decoro del sujeto
faltaran, de ese modo gobernadas.

No explica bien el alma de un conceto
el que se va tras el galano estilo
a la dulzura del hablar sujeto.

Ni el que del vulgo sigue el común hilo
en término, y razones ordinarias
cual en su ditirámbica Grecilo.

Entrambas a dos cosas son contrarias
a la buena poesía, en careciendo
del medio, con las partes necesarias.

Ejemplar poético, 1606. Epístola I, vv. 49-78. Obra completa aquí.

Fernando de Herrera

El caballero de la mano en el pecho, de El Greco

El sevillano Fernando de Herrera (1534-1597) es una de las cumbres de la lírica del siglo XVI, tanto en la poesía heroica, como en la amorosa, donde ofrece una delicada elaboración de temas petrarquistas.

SUAVE FILOMENA, QUE TU LLANTO…

SONETO XXVIII

Suave Filomena, que tu llanto
descubres al sereno i limpio cielo:
si lamentaras tú mi desconsuelo,
o si tuviera yo tu dulce canto,

yo prometiera a mis trabajos tanto,
qu’esperara al dolor algún consuelo,
i se movieran d’amoroso zelo
los bellos ojos cuya lumbre canto.

Mas tú, con la voz dulce i armonía,
cantas tu afrenta i bárbaros despojos;
yo lloro mayor daño en son quexoso.

O haga el cielo qu’en la pena mía
tu voz suene, o yo cante mis enojos
buelto en ti, russeñol blando i lloroso.

Algunas obras de Fernando de Herrera, 1582.