Archivo de la etiqueta: Premio Reina Sofía

João Cabral de Melo Neto

Sin título, de Cicero Dias

Los dos polos de la poesía del brasileño João Cabral de Melo Neto (1920-1999) son la denuncia de una realidad social injusta y el ascetismo intelectual y técnico del propio poeta.

EL POEMA

A tinta y a lápiz
Se escriben todos
Los versos del mundo.

¿Qué monstruos están
Nadando en el pozo
Negro y fecundo?

¿Qué otros se deslizan
Soltando el carbón
De sus huesos?

¿Cómo el ser vivo
Que es cada verso
Un organismo

Con sangre y hálito
Puede brotar
De gérmenes muertos?
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Ida Vitale

Dama, de Óscar García Reino

La poesía de Ida Vitale (Uruguay, 1923) huye de la efusión sentimental y del esteticismo retórico para indagar con precisión e inteligencia en la realidad que la rodea.

LA PALABRA

Expectantes palabras,
fabulosas en sí,
promesas de sentidos posibles,
airosas,
aéreas,
airadas,
ariadnas.

Un breve error
las vuelve ornamentales.
Su indescriptible exactitud
nos borra.

Oídor andante, 1972.

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José Hierro

Autorretrato de José Hierro

José Hierro (Madrid, 1922-2002) señaló en su poesía dos caminos: el reportaje y la alucinación. El primero “trata, de una manera directa, narrativa, un tema”. En el segundo “se habla vagamente de emociones” y “todo aparece como envuelto en niebla”.

PARA UN ESTETA

Tú que hueles la flor de la bella palabra
acaso no comprendes las mías sin aroma.
Tú que buscas el agua que corre transparente
no has de beber mis aguas rojas.

Tú que sigues el vuelo de la belleza, acaso
nunca jamás pensaste cómo la muerte ronda
ni cómo vida y muerte –agua y fuego– hermanadas
van socavando nuestra roca.

Perfección de la vida que nos talla y dispone
para la perfección de la muerte remota.
Y lo demás, palabras, palabras y palabras,
¡ay, palabras maravillosas!

Tú que bebes el vino en la copa de plata
no sabes el camino de la fuente que brota
en la piedra. No sacias tu sed en su agua pura
con tus dos manos como copa.

Lo has olvidado todo porque lo sabes todo.
Te crees dueño, no hermano menor de cuanto nombras.
Y olvidas las raíces («Mi Obra», dices), olvidas
que vida y muerte son tu obra.

No has venido a la tierra a poner diques y orden
en el maravilloso desorden de las cosas.
Has venido a nombrarlas, a comulgar con ellas
sin alzar vallas a su gloria.

Nada te pertenece. Todo es afluente, arroyo.
Sus aguas en tu cauce temporal desembocan.
Y hechos un solo río os vertéis en el mar
«que es el morir» dicen las coplas.

No has venido a poner orden, dique. Has venido
a hacer mole la muela con tu agua transitoria.
Tu fin no está en ti mismo («Mi Obra», dices), olvidas
que vida y muerte son tu obra.

Y que el cantar que hoy cantas será apagado un día
por la música de otras olas.

Quinta del 42, 1952.

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Pablo García Baena

Las tres gracias del flamenco, de Antonio Povedano

Pablo García Baena (1923) es la principal figura del grupo Cántico de Córdoba, caracterizado por el intimismo y el rigor estético, rasgo éste último que lo vincula al 27. Su poesía se define por la alternancia entre lo pagano y lo cristiano, entre sensualidad y espiritualidad, así como por el canto apasionado al amor y sus límites, o los acentos elegíacos ante la fugacidad y la muerte.

RUMOR OCULTO

Quiero que sea mi verso
como luna de abril,
como las rosas blancas,
como las hojas nuevas.
Que mi cítara suene
como el agua en la yedra,
que mi canto sea nada
para que lo sea todo
y que a mis versos caigan
heridas las estrellas.

Rumor oculto, 1946.

José Manuel Caballero Bonald

Figuras, de Juan Manuel Gutiérrez Montiel

Para José Manuel Caballero Bonald (Jerez, 1926) escribir es buscar en el laberinto de la memoria y del lenguaje la palabra precisa para dar cuenta de lo vivido, de lo salvado de la ruina del tiempo.

SOBRE EL IMPOSIBLE OFICIO DE ESCRIBIR

Por aquella palabra
de más que dije entonces, trataría
de dar mi vida ahora. ¿Vale algo
comprobarlo después de consumidos
tantos esfuerzos
para no mentir?

Toco
tu vientre y se desplaza el tiempo
como la sangre
en un embudo mientras
a ciegas nos buscamos. Sólo el riesgo
común ocupa el mundo, arrasa
el derredor, lo exprime
como una esponja, desordena
el engranaje de los hechos.

¿Cómo
poder saldar entonces
la ambigüedad de la memoria?

El imposible oficio de escribir
aproximadamente
la historia terminal del anteayer
de la vida, y más cuando
un incierto futuro se intercala
entre lo timorato y lo arrogante
me suele contagiar
de esa amorfa molicie
que entumece los goznes del deseo.

Pero no cejo nunca. Paraísos
vagamente resueltos
entre la oxidación del ocio, surgen
como reclamos, brillan
en ocasiones
con juvenil sabor a culpa.

¡Escapar de la mella de los días
iguales! En tanta libertad
¿se anudarán imágenes
que a su obstinado uso
me condenen, reduzcan el amor
a sus simulaciones? Lo que aquí
no está escrito es ya la única
prueba de que dispongo
para reconocerme, interrumpir
mi turno de erosión entre recuerdos
apremiantes.

Por aquella palabra
de más que dije entonces, trataría
de dar mi vida ahora.

Descrédito del héroe, 1977-93.

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