Categoría: Literatura argentina

Carlos Patiño

Noche de tango, de Alejandro Pérez Becerra

Carlos Patiño (Argentina, 1934-2013) formó parte del grupo Barrilete, que en los años 60 incorporó a la poesía las preocupaciones del hombre de la calle, las noticias de los periódicos, los motivos del tango…

PARA GANAR EL PAN

el poeta no
encuentra
el poema en el aire y lo caza
el poema no es un pájaro / el poeta no
recibe visitas clandestinas de números graciosos
que se instalan en su egregia cabeza
iluminándola / el poeta es
como un viejo minero solitario y muy terco
que arrastrando su mula
penetra cada día al socavón pico pala esperanza
golpe a golpe a la piedra tras la eterna quimera
e igual que los mineros
son muy pocos los que dan con la dorada veta / pero
una vez y otra vez pico pala esperanza
tras la eterna quimera
golpe y golpe a la piedra jornada tras jornada
pisoteando palabras el aire enrarecido
polvo sobre la frente
sudor lucha trabajo / el poeta es
como el viejo minero
que acostumbra morirse
abrazado a su mula a su pico a su pala.

Esquinas silenciosas, 1990.


Raúl Gustavo Aguirre

Veleta del pez en el aire, de Hugo Paledetti

Raúl Gustavo Aguirre (1927-1983) contribuyó a la difusión de la poesía argentina de vanguardia desde la revista Poesía Buenos Aires; también, como ensayista y antólogo. Su poesía, ligada a la corriente poética denominada invencionismo, recoge influencias del surrealismo y, sobre todo, del creacionismo de Huidobro.

LA OBSESIÓN DE SER EN LA POESÍA…

La obsesión de ser en la poesía, en medio de una materia sin compromiso alguno con nosotros, ávida por desasirse de nuestra complicada química corporal.

Siempre se servirá la poesía de esa alianza impenetrable entre la confusión de un hombre y la presencia de un niño.

Romper la barrera del sonido. (Todos los desastres precedían ese momento soberano en que el poeta, por una suma acelerada de actos de veracidad, emerge solitario en la región absoluta.)

La magia de la existencia es enorme. La tarea del lenguaje es revelarla, no sustituirla.

Es preciso volvernos a tiempo hacia la ventana, a fin de no devenir considerables.

El poeta es el hombre de la lenta obsesión.

En tanta felicidad posible, misteriosamente asesinada, arde la poesía…

Cuaderno de notas (fragmento), 1957.


Luis Alberto Ambroggio

Interferencias, de Cristian MacEntyre

La poesía del argentino Luis Alberto Ambroggio (1945), desnuda y breve, busca la complicidad del lector a través de un lenguaje directo, de aparente sencillez.

LOS HABITANTES DEL POETA

La Afrodita sin brazo izquierdo
del Museo Británico
irradia sueños empolvados
y lo acompaña.

Espíritus, musas, hechos con dirección desconocida,
ídolos húmedos,
sombras con tatuajes de calendario,
sombras que miran con agujas de olvido
jamás se van de la fiesta.
Protagonizan soledad y derrota
un mundo de héroes conquistados.

El poeta no está solo.
Reza el diario de Ana Frank
y resucita muertos.
Un lugar, al otro lado del mundo,
le quita el sueño.
El silencio lo deja exhausto y grita muertes premeditadas.
En un amor dos caen sepultados
durante noches sin límites.
Con la sociedad que el poeta crea,
escucha las dulces flautas de Tesalia.
La belleza lo tortura en el banco del juicio.
Asume la topografía del cuervo
y enciende con símbolos una danza transparente.
Cosecha amantes en la blancura de las olas
en el tiempo Redondo de la luna.
Muere antes de morir
en el cementerio inconcluso de los recuerdos.

En su fuga imposible
nunca está solo el poeta.
Lo poseen voces inasibles y punzantes,
lo consume el aroma fatal de su amada,
la palabra, esa divinidad salvaje
que copula con espejos indisolubles.

Los habitantes del poeta, 1997.


Amelia Biagioni

Playa con desnudo, de Raúl Soldi

La argentina Amelia Biagioni (1918-2001) concibe el lenguaje como puerto, pero también como lugar de fuga. Es la suya una poesía de la furia y la dulzura, de lo oscuro, lo contradictorio y lo humano.

LEÓN

No importa si la pálida mujer
que en su torre escribe
amontona palabras tibias.

Cuando duerme de un rojo salto
la arrebato y enciendo
la llevo a su selva
le infundo mi dinastía
y la obligo a reinar,
a avanzar segura y espléndida
a apresar bravamente
las palabras amantes o guerreras
y a desdeñar las otras.

Las cacerías, 1976.


Raúl González Tuñón

Desocupados, de Antonio Berni

Poeta de la ciudad, el argentino Raúl González Tuñón (1905-1974) formó parte del grupo de los matinfierristas, marcadamente vanguardistas. Junto a “versos celestes”, escritos bajo la influencia del surrealismo, compuso otros de vocación más popular, en los que refleja sus preocupaciones sociales.

EL POETA MURIÓ AL AMANECER

Sin un céntimo, tal como vino al mundo,
murió al fin, en la plaza, frente a la inquieta feria.
Velaron el cadáver del dulce vagabundo
dos musas, la esperanza y la miseria.

Fue un poeta completo de su vida y de su obra.
Escribió versos casi celestes, casi mágicos,
de invención verdadera,
y como hombre de su tiempo que era,
también ardientes cantos y poemas civiles
de esquinas y banderas.

Algunos, los más viejos, lo negaron de entrada.
Algunos, los más jóvenes, lo negaron después.

Hoy irán a su entierro cuatro buenos amigos,
los parroquianos del café,
los artistas del circo ambulante,
unos cuantos obreros,
un antiguo editor,
una hermosa mujer,
y mañana, mañana,
florecerá la tierra que caiga sobre él.

Deja muy pocas cosas, libros, un Heine, un Whitman,
un Quevedo, un Darío, un Rimbaud, un Baudelaire,
un Schiller, un Bertrand, un Bécquer, un Machado,
versos de un ser querido que se fue antes que él,
muchas cuentas impagas, un mapa, una veleta
y una antigua fragata dentro de una botella.

Los que le vieron dicen que murió como un niño.
Para él fue la muerte como el último asombro.
Tenía una estrella muerta sobre el pecho vencido,
y un pájaro en el hombro.

Nuevos poemas de Juancito Caminador, 1941.