Categoría: Literatura argentina

Rafael Obligado

A la feria, de Jorge Bermúdez

El ámbito natural de los poemas del argentino Rafael Obligado (1851-1920) es la Pampa: su paisaje, sus héroes, sus leyendas. Bajo la influencia de la poesía francesa del XIX, expresó en sus versos su fervor nacionalista, su amor al hogar, la familia y el terruño. La primera edición de sus Poesías es de 1885.

LAS MUSAS

Vivaz, armonïosa,
Risueña y sonrosada,
El trágico coturno
Crujiéndole en las plantas,
Volcado el traje en opulentos pliegues,
La musa excelsa de los griegos pasa.

Batiendo entre las nieblas
Del Rin la veste blanca,
Tendidas al castillo
Las silenciosas alas,
Desciende, envuelta en claridad de luna,
La pensativa inspiración germánica.

Musa de los cantares,
Noctívaga inflamada,
Las cálidas mejillas
Como abiertas granadas,
La dulce Sulamita, olor de rosas
Por los viñedos de Engadí derrama.

Uniendo al alma antigua
Celeste voz cristiana,
Ya cante, en verbo de oro,
De amores o batallas,
Honra sus lares, mas trasciende mares,
La musa egregia de la madre España.

Ágil, robusta, llena
De esplendores el alma,
Cruzando aquí los llanos,
Trepando allá montañas,
–¡Ah ideal, nos grita, a las alturas!
La adolescente musa americana.

1890.


Julio Cortázar

Ilustración de Julio Silva para Silvalandia, libro con textos de Julio Cortázar

Uno de los más importantes renovadores del género narrativo, el argentino Julio Cortázar (1914-1984), cultivó también la poesía, insuflándole el mismo espíritu rebelde que a sus relatos.

LEY DEL POEMA

Amargo precio del poema,
las nueve sílabas del verso;
una de más o una de menos
lo alzan al aire o lo condenan.

Somos el ajedrez de un río,
el naipe siempre entre dos lumbres;
caen las caras y las cruces
a cada curva del camino.

Cae en el verso la palabra,
en el recuerdo llueve el llanto,
cae la noche, cae el pájaro,
todo es caída amortiguada.

¡Oh libertad de no ser libre,
golpe de dados que desata
la sigilosa telaraña
de encrucijadas y deslindes!

Como tu boca a la manzana,
como mis manos a tus senos,
irá la mariposa al fuego
para danzar su última danza.

Salvo el crepúsculo, póstumo, 1985.


Roberto Juarroz

Nocturno, de Edgardo Giménez

Poesía vertical es el título general que el argentino Roberto Juarroz (1925-1995) dio a las sucesivas entregas de su obra poética, que se caracteriza por el esfuerzo de comprensión del mundo interior y de  la realidad exterior, aprovechando las posibilidades transgresoras de la palabra poética.

EL POEMA RESPIRA POR SUS MANOS…

El poema respira por sus manos,
que no toman las cosas: las respiran
como pulmones de palabras,
como carne verbal ronca de mundo.

Debajo de esas manos
todo adquiere la forma
de un nudoso dios vivo,
de un encuentro de dioses ya maduros.

Las manos del poema
reconquistan la antigua reciedumbre
de tocar a las cosas con las cosas.

Cuarta poesía vertical, 1969.


Antonio Tello

3x2, de Ricardo Cinalli

El argentino Antonio Tello (1945), narrador y poeta, es dueño de un lenguaje poético lleno de musicalidad y rigor, con el que reflexiona en torno a los mitos, el desarraigo, lo perecedero…

ODISEO

Escribo.
Anudo palabras para conjurar el olvido.
El mar. El olvido es el mar,
la líquida circunstancia del tiempo,
y la memoria, esa borra de luz que dejan los días,
acaso una isla. Ítaca, por ejemplo.

Navego a Ítaca.
Atado al mástil atravieso el laberinto
de voces que brillan y mudan de sentido.

Odiseo bajo las estrellas.
Extraño del mundo, su grito crece a la deriva:
¿Dónde está Ítaca?
¿Dónde está la tierra que me nombra?
¿Dónde esta la palabra que habito?

Escribo.
Con un hilo de voz coso
la trama que me sustenta:

Odiseo enamorado de las sirenas
y, sin embargo, sujeto
al índice al cual se anudan las palabras,
a su nombre, al tiempo,
tejido y destejido a la distancia.
En Ítaca… [escribo].

Sílabas de arena, 2004.


Enrique Molina

Figura, de Libero Badii

Para Enrique Molina (Argentina, 1910-1996), el surrealismo fue, más que una escuela literaria, “una concepción total del hombre y del universo: un humanismo poético, en cuyo centro está el hombre, no la divinidad, proyectado hacia lo absoluto, con todos los poderes implícitos en su condición”.

LOS TRABAJOS DE LA POESÍA

El lejano bramido de una noche cuya verde coraza se abre como un pescado
La infancia de la lluvia con mejillas de invernáculo errante empeñado
[por el vapor de las plantas
Las ligaduras sueltas que dejan cicatrices invisibles
La música de dos cuerpos escogidos por el amor para estatuas del
[fuego levantadas en una llanura infinita
O en la sombra de un puerto perseguida por una garra de plata
Con las uñas iluminadas como ventanas de hogares distantes en los que se ve
[a una pobre muchacha preparando el alimento para las bestias del sueño
Los rojos candelabros de palmeras donde silba el exilio
Las agujas de sangre viva los pájaros hacia el fin las nubes los trajes
[de lentejuelas marinas
Y el golpe de las pisadas en el extraño planeta llamado Tierra
Hacen el gusto a liquen de los días
La paciencia insaciable de los hombres
La ahogada del invierno arrojada a otra costa por el viento

Ahora veo el país de grandes alas
Limitado lágrima a lágrima por todo aquello que no vuelve jamás
Atravesado por la emigración de las almas arrastrando sus pesados cubos de
[sangre y sus utensilios de pasión y de cólera
Habitaciones invadidas por helechos gigantescos en las que acecha la fiera de
[aire gris de las mujeres olvidadas
Posando sus zarpas de seda en una sonrisa
Pero el solitario acaricia la cabellera de la distancia cubierta de plumas
[centelleantes y estremecida por el horror al vacío
En un reverbero de canciones y faroles en el amanecer de una estación
[desconocida torturada por los viajeros
Faroles que brillan con un hechizo venenoso
Como la serpiente de las añoranzas eternas cuyo estuche sombrío
Exhala un olor a mariposas descompuestas dentro de una caja de terciopelo
[misterioso envuelta en llamas

Un desván de cenizas

Un hombre avanzando con su fantasma contra la bocanada del sueño
Contra esos torbellinos de plumas engastados en ciertos anillos de pájaro
[muerto
¡Oh son los antiguos días!
Los alcoholes terrestres:
Un poco de alimentos fríos en un pan tras un trago de sopa
La momia primaveral en su ataúd de hielo dorado
Un escorpión junto a la llave de la luz en un hotel del trópico
El cáliz de madera y ocio ofrecido a los monos por un pequeño vapor en un río
[del trópico
Y esas trenzas abiertas sobre los senos del amor en los parajes indescriptibles
[vistos desde lo alto de una caricia
O el tañido de platos extranjeros de los cuales se alimentan algunas mujeres
[muy tristes atravesadas por un gemido o un soplo de novela
Y aún desnudas bajo la maldición marina

¡Oh son los antiguos días!
Pasiones miseria y orgullo
Una tienda de antigüedades saqueada por el pájaro de presa y esparcida al sol
Y en la que sólo vale el oro lívido del tiempo
Con diosecillos tenebrosos crujiendo bajo tus plantas
Hasta el instante de sorprender esos antros de insomnio donde se guardan las
[apariciones
Con noches en cuyo fondo se ven niñas en llamas
O la enferma sentada bajo la luz del plátano
Cubierta de yeso y de magnolias sombrías sobre su alto trono de tortura que
[ha labrado el fracaso
Pero más bella que toda primavera y que toda victoria sobre el mundo
¡La gran ala de plumas inmortales que nace en todo aquello destinado
[a la muerte!
Vestidos y rostros y callejuelas anudadas por un mismo suspiro de adiós
[desesperado
Para que nunca más te maraville
Un abrazo una garganta o un sollozo de mujer que no aluda a esas hogueras
[enterradas
Reclamando las mismas joyas tenebrosas para el mismo esplendor:
La gran aureola de la lejanía
Y esos enigmas de la edad arrastrando pesados trozos insolubles de una
[existencia falsa y misteriosa
Con personajes de pulso eterno que laten en la oscuridad
Inalcanzables como toda dicha humana
Y convertidos en el resplandor de las cosas que rozaron poseyeron o soñaron
[alguna vez
En carne y hueso
Entre la llamarada de la tierra

Costumbres errantes o La redondez de la tierra, 1951.