Categoría: VI) Edad de Plata

Rosa Chacel

Paisaje otoñal con fuente, de Timoteo Pérez Rubio

La narradora y poeta vallisoletana Rosa Chacel (1898-1994), miembro de la generación del 27, optó por una poesía intelectual y de gran contención verbal. En el siguiente poema, expresa su ideario en términos nietzcheanos, defendiendo la literatura apolínea frente a la dionisíaca.

APOLO

Habitante de los anchos portales
donde el laurel de la sombra oculta el arpa de la araña,
donde las losas académicas,
donde las arcas y las llaves mudas,
donde el papel caído
recubre el polvo de frágil terciopelo.

¡El silencio dictado por tu mano,
la línea entre tus labios sostenida,
tu suprema nariz exhalando un aliento
como brisa en las praderas,
por gemelas vertientes recorriendo los valles de tu pecho,
y en torno a tus tobillos un espacio
pálido como el alba!

¡Eterna, eternamente un universo a imagen tuya!
Con la frente a la altura de tu plinto,
viniendo de aritméticas vacías como claustros,
de cielos oprimidos como flor entre páginas,
¡eternamente! dije, y desde entonces,
¡eternamente! digo.

Beso a mi voz, que expresa tu mandato,
la suelto y voy hacia ti, como paloma
obediente en su vuelo,
libre en la jaula de tu ley.

El trazo de tu norma, en el basalto
de mi inocencia oscura,
el paso de tu flecha ¡para siempre!
Y hasta el fin tu soberbia.
Sobre mí, solo eterno
tu mandato de luz, Verdad y Forma.

Versos prohibidos, 1978.


Emilio Carrere

Madeleine, de Ramón Casas

La poesía de Emilio Carrere (1881-1947) gozó de gran popularidad, al recrear con ironía y desenfado los excesos de la vida bohemia. Los poetas malditos franceses son sus maestros reconocidos.

CANCIONERO DE AYER

Yo fui un niño enfermizo, pálido y enlutado,
que demasiado pronto conoció la tristeza
del trágico y grotesco dolor de la pobreza.
Yo he dormido en los bancos de un parque abandonado.

Y con la flor de toda la andante picardía
aprendí que la vida es demasiado dura,
cuando hay que conquistarla en constante aventura,
venciendo a la miseria un día y otro día.

Yo fui un niño enfermizo, pálido y mendicante,
sin otro camarada que algún can trashumante
del arroyo, en la eterna, negra desolación.

El dolor fue el maestro que me enseñó a ser bueno,
¡pobre niño poeta!, y ¡floreció en el cieno
mi verso, como un lirio divino de emoción!

La canción de las horas, 1923.


Pedro Salinas

Mujer desnuda recostada, de Pere Creixams Picó

El madrileño Pedro Salinas (1892-1951) concibió la poesía como un modo de acceso a las honduras de la realidad, a la esencia de las cosas y experiencias vitales. Autenticidad, belleza e ingenio son, en ese orden, los tres valores que más apreciaba en la poesía.

ESTOS DULCES VOCABLOS CON QUE ME ESTÁS HABLANDO…

Estos dulces vocablos con que me estás hablando
no los entiendo, paisaje,
no son los míos.
Te diriges a mí con arboledas
suavísimas, con una ría mansa y clara
y con trinos de ave.
Y yo aprendí otra cosa: la encina dura y seca
en una tierra pobre, sin agua, y a lo lejos,
como dechado, el águila,
y como negra realidad, el negro cuervo.
Pero es tan dulce el son de ese tu no aprendido
lenguaje, que presiente el alma en él la escala
por donde bajarán los secretos divinos.
Y ansioso y torpe, a tu vera me quedo
esperando que tú me enseñes el lenguaje
que no es mío, con unas incógnitas palabras
sin sentido.
Y que me lleves a la claridad de lo incognoscible,
paisaje dulce, por vocablos desconocidos.

Presagios, 1923.


Enrique Díez-Canedo

Retrato de mujer sentada, de Cristóbal Ruiz Pulido

La poesía del pacense Enrique Díez-Canedo (1879-1944) se inscribe dentro del posmodernismo. Cultiva cierto intimismo sobrio, bajo la influencia de Verlaine y Darío.

GRILLO DE MI VENTANA, POETA LASTIMERO…

Grillo de mi ventana, poeta lastimero
que, entre alambres y corchos, esperas, prisionero,
días y días, noches y noches, a la muerte:
me conforta el oírte si me contrista el verte…
Lastimero poeta, tus eternas canciones
cantan el triunfo eterno de las constelaciones
en el cielo; el encanto nocturno de la tierra;
la salud de la brisa que por el campo yerra,
y el correr de las aguas del manantial. Tu nota
celebra la armonía que del gran Todo brota.
La nota persistente de su monotonía,
la nota tremulenta de tu melancolía,
la desesperación serena de tu calma,
penetran hondamente, penetran en mi alma.
Comprendo lo que pasa por ti; comprendo el duro
misterio que es cadena de tu existir oscuro;
y admiro tu resignación de anacoreta,
grillo, de mi ventana, lastimero poeta,
y admiro ese desbordamiento franciscano
de amor con que saludas a todo, grillo hermano.
Yo te admiro y quisiera, grillo bueno, imitarte:
contestar a la ofensa con amor y con arte;
vivir siempre en mi jaula resignado y sereno;
ver a la tierra hermosa, juzgar al hombre bueno
y hacer mis versos como tus cánticos sencillos
de amor, que te granjean el cielo de los grillos…

Versos de las horas, 1906.


Miguel Hernández

Presos, de Gastón Castelló

Puente entre el 27 y los poetas de posguerra, el alicantino Miguel Hernández (1910-1942) evoluciona de una poesía de corte barroco o clásico a otra sobria, de acento popular, en torno a la guerra y la injusticia.

QUE COMO EL SOL SEA MI VERSO…

Que como el sol sea mi verso
más grande y dulce cuanto más viejo.

Poemas sueltos, 1925-1930.