Categoría: VI) Edad de Plata

Emilio Carrere

Madeleine, de Ramón Casas

La poesía de Emilio Carrere (1881-1947) gozó de gran popularidad, al recrear con ironía y desenfado los excesos de la vida bohemia. Los poetas malditos franceses son sus maestros reconocidos.

CANCIONERO DE AYER

Yo fui un niño enfermizo, pálido y enlutado,
que demasiado pronto conoció la tristeza
del trágico y grotesco dolor de la pobreza.
Yo he dormido en los bancos de un parque abandonado.

Y con la flor de toda la andante picardía
aprendí que la vida es demasiado dura,
cuando hay que conquistarla en constante aventura,
venciendo a la miseria un día y otro día.

Yo fui un niño enfermizo, pálido y mendicante,
sin otro camarada que algún can trashumante
del arroyo, en la eterna, negra desolación.

El dolor fue el maestro que me enseñó a ser bueno,
¡pobre niño poeta!, y ¡floreció en el cieno
mi verso, como un lirio divino de emoción!

La canción de las horas, 1923.


Pedro Salinas

Mujer desnuda recostada, de Pere Creixams Picó

El madrileño Pedro Salinas (1892-1951) concibió la poesía como un modo de acceso a las honduras de la realidad, a la esencia de las cosas y experiencias vitales. Autenticidad, belleza e ingenio son, en ese orden, los tres valores que más apreciaba en la poesía.

ESTOS DULCES VOCABLOS CON QUE ME ESTÁS HABLANDO…

Estos dulces vocablos con que me estás hablando
no los entiendo, paisaje,
no son los míos.
Te diriges a mí con arboledas
suavísimas, con una ría mansa y clara
y con trinos de ave.
Y yo aprendí otra cosa: la encina dura y seca
en una tierra pobre, sin agua, y a lo lejos,
como dechado, el águila,
y como negra realidad, el negro cuervo.
Pero es tan dulce el son de ese tu no aprendido
lenguaje, que presiente el alma en él la escala
por donde bajarán los secretos divinos.
Y ansioso y torpe, a tu vera me quedo
esperando que tú me enseñes el lenguaje
que no es mío, con unas incógnitas palabras
sin sentido.
Y que me lleves a la claridad de lo incognoscible,
paisaje dulce, por vocablos desconocidos.

Presagios, 1923.


Enrique Díez-Canedo

Retrato de mujer sentada, de Cristóbal Ruiz Pulido

La poesía del pacense Enrique Díez-Canedo (1879-1944) se inscribe dentro del posmodernismo. Cultiva cierto intimismo sobrio, bajo la influencia de Verlaine y Darío.

GRILLO DE MI VENTANA, POETA LASTIMERO…

Grillo de mi ventana, poeta lastimero
que, entre alambres y corchos, esperas, prisionero,
días y días, noches y noches, a la muerte:
me conforta el oírte si me contrista el verte…
Lastimero poeta, tus eternas canciones
cantan el triunfo eterno de las constelaciones
en el cielo; el encanto nocturno de la tierra;
la salud de la brisa que por el campo yerra,
y el correr de las aguas del manantial. Tu nota
celebra la armonía que del gran Todo brota.
La nota persistente de su monotonía,
la nota tremulenta de tu melancolía,
la desesperación serena de tu calma,
penetran hondamente, penetran en mi alma.
Comprendo lo que pasa por ti; comprendo el duro
misterio que es cadena de tu existir oscuro;
y admiro tu resignación de anacoreta,
grillo, de mi ventana, lastimero poeta,
y admiro ese desbordamiento franciscano
de amor con que saludas a todo, grillo hermano.
Yo te admiro y quisiera, grillo bueno, imitarte:
contestar a la ofensa con amor y con arte;
vivir siempre en mi jaula resignado y sereno;
ver a la tierra hermosa, juzgar al hombre bueno
y hacer mis versos como tus cánticos sencillos
de amor, que te granjean el cielo de los grillos…

Versos de las horas, 1906.


Miguel Hernández

Presos, de Gastón Castelló

Puente entre el 27 y los poetas de posguerra, el alicantino Miguel Hernández (1910-1942) evoluciona de una poesía de corte barroco o clásico a otra sobria, de acento popular, en torno a la guerra y la injusticia.

QUE COMO EL SOL SEA MI VERSO…

Que como el sol sea mi verso
más grande y dulce cuanto más viejo.

Poemas sueltos, 1925-1930.


Miguel de Unamuno

Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864-Salamanca, 1936) pretendió adaptar el verso español a la meditación filosófica y metafísica. Su poesía se caracteriza por la austeridad formal y la preferencia por las figuras de pensamiento.

CREDO POÉTICO

Piensa el sentimiento, siente el pensamiento;
que tus cantos tengan nidos en la tierra,
y que cuando en vuelo a los cielos suban
tras las nubes no se pierdan.

Peso necesitan, en las alas peso,
la columna de humo se disipa entera,
algo que no es música es la poesía,
la pesada sólo queda.

Lo pensado es, no lo dudes, lo sentido.
¿Sentimiento puro? Quien en ello crea,
de la fuente del sentir nunca ha llegado
a la vida y honda vena.

No te cuides en exceso del ropaje,
de escultor, no de sastre es tu tarea,
no te olvides de que nunca más hermosa
que desnuda está la idea.

No el que un alma encarna en carne, ten presente,
no el que forma da a la idea es el poeta
sino que es el que alma encuentra tras la carne,
tras la forma encuentra idea.

De las fórmulas la broza es lo que hace
que nos vele la verdad, torpe, la ciencia;
la desnudas con tus manos y tus ojos
gozarán de su belleza.

Busca líneas de desnudo, que aunque trates
de envolvernos en lo vago de la niebla,
aun la niebla tiene líneas y se esculpe;
ten, pues, ojo, no las pierdas.

Que tus cantos sean cantos esculpidos,
ancla en tierra mientras tanto que se elevan,
el lenguaje es ante todo pensamiento,
y es pensada su belleza.

Sujetemos en verdades del espíritu
las entrañas de las formas pasajeras,
que la Idea reine en todo soberana;
esculpamos, pues, la niebla.

Poesías, 1907.