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Evaristo Carriego

La Vuelta de Rocha, de Víctor Cunsolo

Los poemas de Evaristo Carriego (1883-1912) nos muestran una versión poética de las orillas del norte de Buenos Aires. Es el primer espectador de los barrios pobres en la poesía argentina. Su estilo debe mucho al modernismo, pero se aparta de él en su intento de expresar con realismo el ambiente de los suburbios.

SI DE ESTAS CUERDAS MÍAS, DE TONOS MÁS QUE RUDOS…

Si de estas cuerdas mías, de tonos más que rudos,
te resultasen ásperos sus rendidos saludos,
y quieres blandos ritmos de credos idealistas,
aguarda delicados poetas modernistas
que alabarán en oro tus posibles desdenes,
coronando de antorchas tus olímpicas sienes,
devotos de la blanca lis de tu aristocracia,
con que ilustro los rojos claveles de mi audacia,
o espera, seductora, decadentes orfebres
que graben tus blasones en sus creadoras fiebres:
yo, trabajo el acero de temples soberanos:
los sonantes cristales se rompen en mis manos.

De «Envíos» en Misas herejes, 1908.


León de Greiff

Alrededores de Egipto, de Fídolo Alfonso González Camargo

León de Greiff (Colombia, 1895-1976) es uno de los más exquisitos poetas colombianos. Cantó en versos musicales y herméticos los nostálgicos y elegíacos motivos de su ensimismada intimidad.

TERGIVERSACIONES

Porque me ven la barba y el pelo y la alta pipa
dicen que soy poeta…, cuando no porque iluso
suelo rimar –en verso de contorno difuso–
mi viaje byroniano por las vegas del Zipa…,

tal un ventripotente agrómena de jipa
a quien por un capricho de su caletre obtuso
se le antoja fingirse paraísos… al uso
de alucinado Poe que el alcohol destripa!,

de Baudelaire diabólico, de angelical Verlaine,
de Arthur Rimbaud malévolo, de sensorial Rubén,
y en fin… hasta del Padre Victor Hugo omnipotente…!

¡Y tanta tierra inútil por escasez de músculos!
¡tanta industria novísima! ¡tanto almacén enorme!
Pero es tan bello ver fugarse los crepúsculos…

Tergiversaciones, 1925.


Juana de Ibarbourou

Dama en el café, de Rafael Barradas

La poesía de la uruguaya Juana de Ibarbourou (1895-1979) se caracteriza por la exaltación sentimental de la entrega amorosa, la belleza física y la primavera.

LA CANCIÓN

Mientras fui dichosa
Canté para mí.
De día y de noche la canción aquella
No encontraba fin.

La alcé en primavera con los labios dulces
De perfume y miel.
La alcé en el estío con la boca bella
De tanto querer.

Rodaba mi canto como un viento suave
Por cima y hondor.
Lo deseaban todos con ansia de gozo
Para el corazón.

Cantaba y cantaba por completo extraña
A todo sufrir.
Con los ojos sanos, con la vista limpia,
Como ciega fui.

Mas la pena, un día, lo mismo que a un vaso
Quebró mi canción.
Poco estuve muda, porque es ley sin tregua
Que he de cantar yo.

Corazón en llaga tórnase vidente
Y a la ajena angustia se da en cabezal.
De hoy en adelante por todos los hombres
Tengo que cantar.

Las lenguas del diamante, 1919.


Juan Laureano Ortiz

Interludio, de Raquel Forner

Juan Laureano Ortiz (Argentina, 1896-1978) se inició en la poesía bajo la influencia del intimismo de la lírica posmodernista para después evolucionar hacia acentos más personales, entre los que destaca un sentimiento cósmico del paisaje y un humanitarismo solidario.

AH, MIS AMIGOS, HABLÁIS DE RIMAS…

Ah, mis amigos, habláis de rimas
y habláis finamente de los crecimientos libres…
en la seda fantástica que os dan las hadas de los leños
con sus suplicios de tísicas
sobresaltadas
de alas…

Pero habéis pensado
que el otro cuerpo de la poesía está también allá, en el Junio de crecida,
desnudo casi bajo las agujas del cielo?

Qué haríais vosotros, decid, sin ese cuerpo
del que el vuestro, si frágil y si herido, vive desde “la división”,
despedido del “espíritu”, él, que sostiene oscuramente sus juegos
con el pan que él amasa y que debe recibir a veces
en un insulto de piedra?

Habéis pensado, mis amigos,
que es una red de sangre la que os salva del vacío,
en el tejido de todos los días, bajo los metales del aire,
de esas manos sin nada al fin como las ramas de Junio,
a no ser una escritura de vidrio?

Oh, yo sé que buscáis desde el principio el secreto de la tierra,
y que os arrojáis al fuego, muchas veces, para encontrar el secreto…
Y sé que a veces halláis la melodía más difícil
que duerme en aquellos que mueren de silencio,
corridos por el padre río, ahora, hacia las tiendas del viento…
Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la poesía
igual que en un capullo…
No olvidéis que la poesía,
si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,
es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,
cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin
y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor…

De las raíces y del cielo, 1958.


Tomás Morales

Mediodía, de Néstor

Al poeta grancanario Tomás Morales (1884-1921) le debemos uno de los más importantes libros del posmodernismo español, Las rosas de Hércules (1919; 1922), en el que cantó con brillantez léxica y musicalidad orquestal la grandeza del océano.

LA ESPADA

A Santos Chocano

Yo he forjado mi acero sobre el yunque sonoro,
al musical redoble del martillo potente;
y he adornado, en mis noches de trabajo paciente,
con líricos emblemas su cazoleta de oro.

Su rica empuñadura vale todo un tesoro,
y su hoja, fina y ágil, pulida y reluciente,
al girar en el aire vertiginosamente,
brilla al sol con la ráfaga fugaz de un meteoro…

Yo quise que en mi verso, como en mi espada, hubiera
románticos ensueños y cánticos triunfales
–la gloria por escudo y el amor por cimera–

como aquellos famosos hidalgos medioevales,
que acoplaban los hilos de una gentil quimera
al épico alarido de las trompas marciales…

Las rosas de Hércules, 1919; 1922.