Pureza Canelo

Canto de Leda, de Rosa Torres

La reflexión sobre la propia poesía es núcleo y obsesión en la obra de Pureza Canelo (Cáceres, 1946). Su preferencia por la intertextualidad y por el poema largo comunica una desconfianza en la estabilidad y la unicidad del lenguaje.

EL VERSO

Es un coloquio
que me bebe;
no me orienta, me adentra,
responde a mi ceguera
y acaba perdonándome en su rostro.
Me trae fortunas heredadas,
otros abrazos de otros, leyendas visibles,
invisibles, rectas de la muerte,
volutas del momento,
tormento, cántico rodado de hace mucho:
el verso.

Me resbala del pelo a la garganta,
me hace tropezar de veras,
me guiña su ojo,
me tiende el mar
y yo me tiento.

El verso es un ojo
pensado para ciegos,
para mí,
para un caballo al fondo,
para volver a casa
y encender la lámpara del miedo,
del miedo o la pregunta.

Tanto amor
me estrecha la cintura,
se escapa de mis brazos,
me adentra en la campana del llanto,
de oros con llantos, del din don,
en la plegaria.
Y me coge la mano recién hecha
al vacío,
y no me deja en paz
y no me deja en paz
aunque lo mate.

El verso
puede con mi vida
sin pedirme permiso para la muerte.

Celda verde, 1971.

A CONTRA MODA

No lo olvidéis
a contra moda escribo.

Siempre
a contra moda
peino, calzo, vivo.

Y si una sola vez no lo pareciera
castigadme definitivamente.

En el lugar de los hechos
el espacio es humilde
pero mi ambición sagrada
materia que es el alma
libertad en los versos.

No lo olvidéis
a contra moda vivo
y a contra moda escribo
desde que en este océano
eché los primeros dientes.

Atreveos ahora
a pisarme las alas
tan granadas y fijas
mi cuerpo en los cielos
de la palabra a solas.

Pasión inédita, 1990.