Categoría: VII) Posguerra

Susana March

Aunque se muestra permeable a las distintas tendencias poéticas que se suceden durante la posguerra, predomina en la poesía de Susana March (Barcelona, 1915-1990) una línea intimista de introspección de tono existencialista. Sus versos evidencian cierta predilección por los símbolos de estirpe romántica y por formas métricas tradicionales.

INQUIETUDES

Versos, sueños, poesía…
¿Para qué? Nada me han dado,
e igualmente me han dejado
con mi atroz melancolía.

He soñado. El alma mía
dulcemente ha caminado
por un país encantado
lleno de luz y armonía.

Y me encuentro ahora que estoy
sin saber a donde voy…
¡Entre dos mundos perdida!

Ignorando si en mi suerte
me espera al llegar la Muerte
o voy en pos de la Vida.

Rutas, 1938.


Eladio Cabañero

El poeta Eladio Cabañero (1930-2000) canta con ternura el paisaje y las gentes de su Tomelloso natal (Ciudad Real). Al igual que la de sus compañeros de generación, la del 50, su poesía trasciende la poesía social para indagar en temas más íntimos, como el amor, la soledad y el desvalimiento.

CANTOR POPULAR

¿Adónde vas así de cancionero,
claro visitador de la alegría,
cantando tu canción de cada día
detrás de tu carrito callejero?

No hay cantor popular más verdadero.
Es un pretexto tu mercadería,
lo tuyo es tu cantar. Con gallardía
ganas tu pan, ilustre refranero.

Cantor popular a la querencia
de la tierra que te hizo campesino
cantas el pueblo y cantas tu existencia.

Dejas un rastro oral en el camino
con tu carrito y tu canción, herencia
que se reparte el pueblo de continuo.

Desde el sol y la anchura, 1956.


Josefina Plá

La obra de la poeta canaria Josefina Plá (1909-1999) se desarrolla fundamentalmente en Asunción. En sus primeros versos, es visible la huella del posmodernismo. En su poesía posterior, hay notas existenciales (El polvo enamorado, 1968) y patrióticas (Los treinta mil ausentes, 1985).

POESÍA

Vivir la otra que soy que no fui que habría sido
Vivir la que sería Morir la que aún no soy
Dormir todos los fui despertar otro voy
Sangrar todas las tardes que nunca me han herido

Abrazarme la sombra cortar la raíz del grito
Sembrar pechos en hijos que nunca me tuvieron
Desgranarme las lágrimas en cascarones hueros
y quebrarme las manos al plantar cada hito

Eso es la poesía corazón hecho harapo
para enjugar el llanto de los remordimientos
por pecados que nunca se vieron cometidos

Eso es la poesía paloma vuelta sapo
… Mientras se espera en sueños que una puerta se abra
morir estrangulada por la propia palabra…

Cambiar sueños por sombras, 1984.


Marcos Ana

La vida y la poesía del salmantino Marcos Ana (1920-2016) están marcadas por su solidaridad con los oprimidos y desheredados y con los que, como él, fueron víctimas de la represión política bajo el franquismo. Sus poemas más conocidos fueron escritos en el presidio, donde permaneció 23 años.

NORMA

Quiero que mis poemas tengan hueso
y estructura de piedras palpitantes:
verlos siempre de pie (torres errantes
de la vida y el hombre) por su peso.

Capaces de ser bala y de ser beso,
cantos de paz o puños resonantes,
azules como el rayo o verdeantes
como olivo maduro… Que su espeso

son a metal, colmena o bosque herido,
suba desde mi sangre, tensamente,
a otro labio desierto o perseguido.

¡Versos con alma y versos con simiente,
con atléticos hombros y un erguido
pueblo de corazones por su frente!

Poemas de la prisión y la vida, 2011.


María Victoria Atencia

María Victoria Atencia (Málaga, 1931), poeta vinculada a la generación del 50 y al grupo malagueño de la revista Caracola, alterna en su poesía las referencias autobiográficas con el interés culturalista por la pintura y la música. Lectora entusiasta de San Juan y Rainer Maria Rilke, sus versos destacan por su belleza y su simbolismo.

SAZÓN

Ya está todo en sazón. Me siento hecha,
me conozco mujer y clavo al suelo
profunda la raíz, y tiendo en vuelo
la rama, cierta en ti, de su cosecha.

¡Cómo crece la rama y qué derecha!
Todo es hoy en mi tronco un solo anhelo
de vivir y vivir: tender al cielo,
erguida en vertical, como la flecha

que se lanza a la nube. Tan erguida
que tu voz se ha aprendido la destreza
de abrirla sonriente y florecida.

Me remueve tu voz. Por ella siento
que la rama combada se endereza
y el fruto de mi voz se crece al viento.

«Cuatro sonetos», 1955. En Arte y parte, 1961.