Sergio Mondragón

Árbol místico, de Enrique Sánchez

Para Sergio Mondragón (México, 1935), la poesía permite “asomarse a la grieta de oscuridad y silencio que yace entre las palabras: allí donde hallo una vía de escape, mi fuga para burlar al tiempo”. Se percibe en sus versos la influencia de los poetas beats y del budismo.

LA POESÍA DEL SOL

la loca poesía tiene el sombrero del sol
la loca poesía tiene el manto de la lluvia
y nos tiende sus hilos dorados
y florece como una respuesta a todas las preguntas

la loca poesía baja las escaleras del cielo
trepa los árboles de la mañana
se adormila en las pestañas de los que nacen
de los que bucean la luz del mediodía
de los que aran y oran

la loca poesía tiene los cabellos mojados
duerme por la noche
avanza por el día
se detiene
aspira las flores y viaja con las nubes

la loca poesía habita mi hombro
tu pie
habita tus pechos alegres
la loca poesía mana del centro del sol
escurre por tu costado
mana también de tu cabello
mana de tus dedos
estalla en las almenas de mis ojos

la poesía está loca por nosotros
para mirarla sólo tenemos que trazar el cuádruple conjuro
norte . sur . este . oeste
y verla caer como la lluvia
oirla cantar como el viento que pasa
verla ovillarse en las ingles de la tarde

la poesía está loca por nosotros y nos regala el verano
un verano que desfila lento
junto a sus hermanas las estaciones

la loca poesía

Aprendiz de brujo, 1969.

LA APARICIÓN DEL POEMA

No sé por qué pero de pronto la poesía, el lenguaje, el hervor de las palabras en lengua castellana, el rumor de mi sangre camino a la pirámide, no sé porqué de pronto todo se arremolina en mi costado al embrujo del jazz y se me llena la boca de gusto a pescado, a literatura comparada en el lecho, a crujir de cristales, a sentarme en el baño a pujar, y llorar, y sintiendo la vida y el peso de los brazos, abrir la aventura del poema como quien cierra un libro, como quien parte una manzana y deja que las semillas echen a volar:

échate a volar al conjuro de mis dedos, poema, porque así lo quiero, porque así me obliga escribirlo, porque aunque yo no quisiera escribo y me abandono a las olas del jazz, del idioma de San Juan, al recuerdo de México, al crujir de los dientes, al olor a huizache quemado:

no sé por qué, pero hace un momento tú no estabas en esta habitación, poema, y ahora reposas sobre la mesa vestido a cuadros blancos y negros, en esa hoja que esperaba ser resucitada por mis dedos.

Athens, Ohio, 1970

Poemas encendidos, 1999.

REINO IMANTADO DEL POEMA

El lenguaje,
el cuerpo,
el mundo y su paisaje…

El poeta,
sus piruetas,
sus visiones y sus tretas:

en el reino imantado
del poema,
donde todo se ve transfigurado.

Hojarasca, 2005.

COPISTA

Del abrojo que alegre el viento arrastra
surge un fuego
que respeta mis manos añosas de pirú;

del destello fugaz en los campos del sol;
de la luna de labios resecos que besa
mi boca terrena…

de semejantes construcciones
brota el lenguaje que me inspira
con sílabas ligeras, con visiones frescas:

todo lo cual es una cálida promesa,
la señal de que el Verbo retoña en mis comarcas
y madura huertas y cantos en mis manos de copista:

el copista:
ese ser que aprende a escribir y a mirar con pacienica
en la naturaleza de las cosas.

Hojarasca, 2005.

MÁS ALLÁ DE LAS ÁVIDAS BOCAS SE ENGENDRA EL POEMA

Más allá del sentimiento de lo humano y lo inhumano
se engendra el poema:

antigua criatura
hecha con el humor del mundo; visible
en todo cuanto existe; escrita
sobre un espejo de agua
con lápiz que trasuda
el semen del cielo y los infiernos
que moja las piernas ancestrales de la noche.

El poema
ambigua criatura gestada
más allá de las ávidas bocas
de la ardiente realidad
en la que todos actuamos desesperadamente
con los labios resecos.

Hojarasca, 2005.