Amado Nervo

Paisaje con niña y hortensias, de Alfredo Ramos Martínez

La poesía del modernista Amado Nervo (México, 1870-1919) gira en torno a la dialéctica entre carne y espíritu, sensualidad y misticismo, fe rota y afán de trascendencia.

POETAS MÍSTICOS

Bardos de frente sombría
y de perfil desprendido
de alguna vieja medalla;

los de la gran señoría,
los de mirar distraído,
los de la voz que avasalla.

Teólogos graves e intensos,
vasos de amor desprovistos,
vasos henchidos de penas;

los de los ojos inmensos,
los de las caras de cristos,
los de las grandes melenas:

mi musa, la virgen fría
que vuela en pos del olvido,
tan solo embeleso halla

en vuestra gran señoría,
vuestro mirar distraído
y vuestra voz que avasalla.

Mi alma que os busca entrevistos
tras de los leves inciensos,
bajo las naves serenas,

ama esas caras de cristos,
ama esos ojos inmensos,
ama esas grandes melenas.

Místicas, 1898.

MI VERSO

Querría que mi verso, de guijarro,
en gema se trocase y en joyero;
que fuera entre mis manos como el barro
en la mano genial del alfarero.

Que lo mismo que el barro, que a los fines
del artífice pliega sus arcillas,
fuese cáliz de amor en los festines
y lámpara de aceite en las capillas.

Que, dócil a mi afán, tomase todas
las formas que mi numen ha soñado,
siendo alianza en el rito de las bodas,
pastoral en el índex del prelado;

lima noble que un grillo desmorona
o eslabón que remata una cadena,
crucifijo papal que nos perdona
o gran timbre de rey que nos condena.

Que fingiese a mi antojo, con sus claras
facetas en que tiemblan los destellos,
florones para todas las tiaras
y broches para todos los cabellos;

emblema para todos los amores,
espejos para todos los encantos,
y coronas de astrales resplandores
para todos los genios y los santos.

Yo trabajo, mi fe no se mitiga,
y, troquelando estrofas con mi sello,
un verso acuñaré de que se diga:
Tu verso es como el oro sin la liga:
radiante, dúctil, poliforme y bello.

Los jardines interiores, 1905.

CONSONANTE

Consonante, redoble pueril, murga liviana
que hace a todos los simples salir a la ventana;
obstáculo invencible del prócer pensamiento;
artificio feudal de juglería; viento
que impide oír los ritmos llenos de aristocracia
(para el amor platónico, fórmula de eficacia
segura); cascabel de saltimbanqui; treta
que de tantos ingenios es la sola receta;
canutillo sonoro, lentejuela esplendente:
¡imposible dejarte! Soy tu forzado; siente
mi pie tu plomo esférico, tu pesada cadena…
Has cortado las alas al águila serena
de mi idea, por ti cada vez más ignota,
cada vez más esquiva; cada vez más remota.

Como alma de la carne, quizás el Verso puro
logrará, sin embargo, librarse del conjuro
de tu molicie gótica, llena de sortilegios,
de la cadencia bárbara que llora en tus arpegios…
Hallará la ecuación de la Belleza suma;
desnudo, como Venus, surgirá de la espuma,
y en su hermético frasco del más limpio cristal,
encerrará, cual rayo de luz, al Ideal.

Serenidad, 1914.