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Existencia es tiempo, de Luisa Richter

Para Eugenio Montejo (Venezuela, 1938-2008) la poesía intenta ser un alfabeto del mundo, una forma de restituir en palabras las voces que oímos emerger de la tierra. Su lenguaje es hedonista y romántico, sensual y simbólico.

EL ESCLAVO

Ser el esclavo que perdió su cuerpo
para que lo habiten las palabras.
Llevar por huesos flautas inocentes
que alguien toca de lejos
o tal vez nadie. (Sólo es real el soplo
y la ansiedad por descifrarlo.)

Ser el esclavo cuando todos duermen
y lo hostiga el claror incisivo
de su hermana, la lámpara.
Siempre en terror de estar en vela
frente a los astros
sin que pueda mentir cuando despierten,
aunque diluvie el mundo
y la noche ensombrezca la página.

Ser el esclavo, el paria, el alquimista
de malditos metales
y trasmutar su tedio en ágatas,
en oro el barro humano,
para que no lo arrojen a los perros
al entregar el parte.

Terredad, 1978.

LOS ÁRBOLES

Hablan poco los árboles, se sabe.
Pasan la vida entera meditando
y moviendo sus ramas.
Basta mirarlos en otoño
cuando se juntan en los parques:
sólo conversan los más viejos,
los que reparten las nubes y los pájaros,
pero su voz se pierde entre las hojas
y muy poco nos llega, casi nada.

Es difícil llenar un breve libro
con pensamiento de árboles.
Todo en ellos es vago, fragmentario.
Hoy, por ejemplo, al escuchar el grito
de un tordo negro, ya en camino a casa,
grito final de quien no aguarda otro verano,
comprendí que en su voz hablaba un árbol,
uno de tantos,
pero no sé qué hacer con ese grito,
no sé cómo anotarlo.

Algunas palabras, 1976.

LA POESÍA

La poesía cruza la tierra sola,
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
–ni siquiera palabras.

Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero tan intenso que el corazón palpita
demasiado veloz. Y despertamos.

Adiós al siglo XX, 1992.

GUARDA SILENCIO ANTE EL POEMA

Guarda silencio ante el poema,
circula entre sus versos, no interrumpas el paso.
Es casi una oración atea, pero es una oración.
Desde que nace los hombres se congregan
y repiten en sueño sus palabras.
Es como si quedara algo sagrado
sobre la tierra todavía,
el misterio los junta a cada instante.
Tal vez rechaces tanta ceremonia
o te colme el ritual que los convoca,
da lo mismo. No hables.
Descifra despacio cada letra
como quien oye un gallo a medianoche
y siente que su canto, en vez de gritos,
es el pregón de un obituario.
Indaga si tu nombre acaso se menciona,
si para ti también ya cantó el gallo.

Adiós al siglo XX, 1992.

LA ARAÑA VELOZ

Veloz se mueve la araña que nos teje,
desde su estrella remota
con impalpables filamentos.

Veloz fabrica la piel, la voz, los nervios,
los pasos que nos llevan por el mundo,
el pozo de los sueños, sus enigmas,
y esa música inaudible que nos sigue
mezclando lo corpóreo y lo sonámbulo.

Aquí mismo ya hilvana cifras, letras,
sobre el papel está moviéndome la mano,
desde tan lejos me convierte en su escriba.
Mis libros, esta lámpara, los cuadros,
lo que soy, lo que he sido, el humo del patio,
mi muerte tácita, mis ojos
y los ojos que lleguen a leerme
estamos pendiendo de sus hilos.

Adiós al siglo XX, 1992.

ESCRITO DE PASO

El poeta no canta, cruza la calle.
Vuelan autos y sombras
a la velocidad del pánico.
Viejas estatuas parpadean.
Taxis llenos de momias
se dirigen a las pirámides.
Una luna veloz,
patria de Nefertitis,
huye del minotauro.

El poeta viaja de un verso a otro
entre semáforos vocálicos.
No canta ahora, sería inútil,
esquiva la sombra y el vértigo
sin pronunciar palabra.
Bajo esta larga noche
su voz es un relámpago
que está alumbrando ahora en otra parte.

Partitura de la cigarra, 1999.

ESCRITURA

Alguna vez escribiré con piedras,
midiendo cada una de mis frases
por su peso, volumen, movimiento.
Estoy cansado de palabras.

No más lápiz: andamios, teodolitos,
la desnudez solar del sentimiento
tatuando en lo profundo de las rocas
su música secreta.

Dibujaré con líneas de guijarros
mi nombre, la historia de mi casa
y la memoria de aquel río
que va pasando siempre y se demora
entre mis venas como sabio arquitecto.

Con piedra viva escribiré mi canto
en arcos, puentes, dólmenes, columnas,
frente a la soledad del horizonte,
como un mapa que se abra ante los ojos
de los viajeros que no regresan nunca.

Papiros amorosos, 2002.