Autor: editor

Daniel de la Vega

Paisaje, de Sergio Montecino

Junto a otros acentos, destacan, en la poesía del chileno Daniel de la Vega (1892-1971), el nostálgico, en los poemas que evocan la infancia y la vida de provincias, y el trágico, resultado de su visión romántica y angustiada de la vida.

¡OH, MUJER! ESTOS VERSOS TUMULTUOSOS Y OBSCUROS…

¡Oh, mujer! Estos versos tumultuosos y obscuros
que arrojo por la vida desesperadamente;
estos versos revueltos, espontáneos y duros
que lee –mansamente, sin inquietud– la gente;
estos versos llameantes, estos versos sombríos,
estos versos que tienen entrañas armoniosas,
son desesperaciones, son aullidos míos
ante el enigma eterno que hay en todas las cosas…

Yo tengo una inquietud que se retuerce loca
cuando interrogo al cielo buscando claridad,
con palabras de llamas que me queman la boca,
y quieren escapar hacia la eternidad!

De «Apuntes líricos», X, en Los momentos, 1918.


César Antonio Molina

Fragas del Eume, de Pedro Bueno Salto

César Antonio Molina (La Coruña, 1952), poeta bilingüe, en español y en gallego, es autor de una obra densa, heredera de la tradición simbolista europea, profundamente humanística.

VIENES EN LA NOCHE DE CUZCO CON EL HUMO FABULOSO DE TU CABELLERA

Mi mano está sobre el desnudo papel de la mesa
y yo a kilómetros de distancia
en tu túnica de tela real finísima,
transparentes ambos cuando al estar mojados
de tinta o mar se dejan ver preformes,
voluptuosos por la oblicuidad del oleaje.

Mis días están plenos en el resollar fatídico del océano.
La sal, la nube la amarga espuma, el cielo brocado
boya en el adiós.

El poema y tú estáis en la otra orilla.
Una extensión liquida media entre nosotros
y un cocodrilo aguarda en la playa
como tintero, ojo, ombligo, áspid fosfórico
que guía la sed de mañana.

Mi mano aspira al encuentro.
Todo en ella está preparado,
jaula y cebo,
para las garras llenas de bálsamo.

Mi noche es ahora día,
mi día es ahora noche.
¿Quién nos caza?

Mi mano está sobre el desnudo papel de la mesa
y mi deseo a kilómetros de distancia
te sale al encuentro.
Tu cabellera ondula la escribanía como una vegetación.
Rueda humeante en las mareas,
desea morir y renacer.
Sus pies son un torbellino y su cuerpo está aéreo
como mi mano de cazador que sigue pasos,
aquella huella alzada contra las frondas.

La voz del poema clama como el ánsar o la llama cogida en su celo
y es tu imagen quien me aprisiona en el mismo vibrar.

Mi mano está sobre la desnuda piel de la tuya,
el ámbito interior crea un espacio de silencio,
en la línea de papel
por donde el viento seca esta tinta simpática.

Derivas, 1987. Las ruinas del mundo, 1991.


Nancy Morejón

Desnudo bajo la lluvia, de Joel Jover

En la poesía de Nancy Morejón (Cuba, 1944) se fusiona lo íntimo y lo social, la vida cotidiana y la revolución. La poesía negra tiene en ella a una de sus más célebres representantes.

MANTO

Oh las palabras formando un manto
a mi alrededor.
La pureza de sus sonidos
anda corriendo sobre mi funda de bambula.
Oh las palabras sonando sobre el lago
de un país de África del Sur.
Cuántas palabras entretejidas que no necesito ver
sino escuchar como estrujadas, a una vez,
en el fondo de los océanos,
hasta que un delfín asoma su cola triunfal
en el centro de las madréporas
y un canto de sirena va empujando su nariz rosa
hasta la punta de una luna,
esa luna que las palabras van tejiendo
con una hebra de plata
que tiene como fondo el ardor de las algas ondeantes,
una hebra de plata que se agiganta
como en la música de mi vecino José Claro Fumero
y se transforma en un precioso manto tibio para mi bien.

Carbones silvestres, 2005.


Manuel Alegre

Sin título, de Armanda Passos

La poesía del portugués Manuel Alegre (1936) persigue las “señales de la esencia del mundo que a veces se revelan en la palabra poética”. Sus libros más populares, escritos en la década de los 60, denuncian los males de la guerra colonial y de la dictadura salazarista.

CÓMO SE HACE UN POEMA

Yo hice mi poema con muchas cosas.
Rompí retratos abrí un pozo
en la llanura. Habité muchos cuadernos.
Fui a la guerra y morí. Fui a la guerra y volví.
Con muchas cosas hice mi poema.

Mané ¿en dónde dejaste mi primer verso?
Mané rimaba siempre con por qué. ¿Por qué?
Mi tía se murió despacio despacio.
Ese día aprendí el sustantivo muerte.
Con muchas cosas hice mi poema.

Algunas no las digo. ¿Para qué decirlas?
Por ejemplo: rimaba estrelas con procelas.
En las rimas era libre. Vinieron a prenderme a prenderlas
y descubrí otra rima para estrelas: celas.
Con muchas cosas hice mi poema.

Campanillas nocturnas ¿por qué no me llaman?
Mis amigos silbaban siempre a media noche
Coimbra era una europa llena de trenes.
Campanillas nocturnas ¿por qué no me llaman?
Con muchas cosas hice mi poema.

Partí vestido de soldado. Yo vi Lisboa
llena de lágrimas. Y un avión se quedó
mucho tiempo volando entre lágrimas y nubes
mi amada llorando en el aeropuerto triste.
Con muchas cosas hice mi poema.

Mi amigo murió. Ya dije cómo fue.
La mina reventó mi amigo se quedó
con las tripas fuera encima de un árbol.
Aprendí en tercera persona el verbo morir.
Con muchas cosas hice mi poema.

Vi soldados con las manos llenas de sangre
y eso fue demasiado. Y tuve que aprender
en primera persona el verbo matar. Desde entonces
hay ciertos adjetivos que me duelen mucho.
Con muchas cosas hice mi poema.


Óscar Echeverri Mejía

Paisaje fantástico, de Carlos Correa

La poesía de Óscar Echeverri Mejía (Colombia, 1918-2005) muestra un perfecto dominio de las formas clásicas. El tono leve, la elegancia, el equilibrio entre lo clásico y lo moderno y el ajuste entre sentimiento e imagen son algunos de sus valores.

PEQUEÑO POEMA

Pesas menos al aire que una flor a su tallo.
Ocupa en el espacio menos sitio tu cuerpo
que en el mar una ola. Y es más leve tu paso
que el paso de una nube o la curva de un vuelo.

Mi corazón es sólo una isla lejana
que rodea tu vida con sus olas de sueño.
Surges de este poema como el día del alba,
y por tu nombre mira la poesía al cielo.

Estás en la memoria de un perfume olvidado,
en la dulce comarca sin noche de mi voz.
Eres el horizonte del país de mi canto.
Descansa entre tus manos, como un ave, el amor.

Haces crecer el tallo diminuto del trino.
Tu edad canta en tus ojos su clara melodía.
En tus cabellos juega la brisa como un niño.
¡Eres un río humano que corre hacia mi vida!

Canciones sin palabras, 1947.