Autor: editor

Jesús Lizano

Un grito: ¡libertad!, de Julio Gómez Biedma

La poesía del barcelonés Jesús Lizano (1931-2015), rebelde y doliente, expresa sus firmes convicciones libertarias, las que en su opinión constituyen el humanismo poético.

ENCUÉNTRAME, BELLEZA

Encuéntrame, Belleza, necesito
que me abraces, me siento despoblado,
ven a mi sentimiento descuidado,
que tu ausencia es el único delito.

Tú eres la inalcanzable y yo el maldito,
idéntico latido desolado,
yo por fruto en el tiempo encarcelado,
libre por sombra tú en el infinito.

Encuéntrame, Belleza, qué otra cosa
puede anhelar mi corazón cercado
que vivir de tu esencia, aurora mía.

Y qué puedes, altiva y silenciosa,
desear en tu frío descampado
sino la forma, hacerte poesía.

Sonetos (1955-1999), en Lizaria: aventura poética, 1945-2000.


Renée Ferrer

Tulipanes, de Mónica Frachia

Para la escritora paraguaya Renée Ferrer (1944), “la condición primaria del poeta es mantener tenso el arco de su autenticidad, y sólo puede hacerlo cuando se siente atravesado íntimamente por los hechos propios o ajenos”.

POEMAS

Los poemas caen sobre mí
como lluvias torrenciales,
como partes de un astro visionario
que vuelven a nacer entre mis manos,
como ríos anhelantes de su cauce
a través de mi carne.

Caen en mí
cuando las horas parten
y no estoy en mi cuerpo sino llena
de sed y de distancia
en el tránsito alado de los pájaros.

Peregrino de la eternidad , 1985.


Leopoldo Alas

La casa verde, de Isabel Gutiérrez

Cotidianeidad, ficcionalización de lo vivido y un lenguaje sobrio, suavemente literaturizado, son las características de la poesía de Leopoldo Alas Mínguez (La Rioja, 1962-2008), sobrino-nieto de Clarín.

POÉTICA

En los tiempos que corren, salvo si tengo miedo,
prefiero estar sin preguntarme nada.
No importa dónde quedan los días que han pasado
ni entender si es eterna la vida, breve o larga.
Lo único que pido son sentimientos claros
y ver la luz del sol cuando despierto.

Comprendo que se va estrechando el cerco
y que el azar me tiende inesperadas trampas.
Los sueños no me alteran porque sé que son vanos
y olvidar me libera de penosas jornadas.
En mañanas oscuras, pocas veces al año,
me cubro con la sábana y lloro por los muertos.

La condición y el tiempo, 1992.


José Gautier Benítez

El estudiante, de Francisco Oller

A José Gautier Benítez (1848-1880) se le conoce como el Bécquer puertorriqueño, por ser el más alto exponente del posromanticismo en su país. Escribió poemas a la amistad, la patria, el amor y la muerte.

EL POETA

Nace, vive y adelanta
Por la senda de la vida,
Y al recibir una herida
La cítara toma y canta;

Y la turba se divierte
Con él que, fija en el cielo
La mirada, por el suelo
Do lleva el paso no advierte.

Él se queja, y mientras tanto
Se le escucha sonriendo,
Quizás a veces creyendo
Que son ardides del canto.

Y en su profunda aflicción,
De sus canciones benditas,
¡Cuántas, cuántas van escritas
Con sangre del corazón!

Aunque el genio el canto exhale
Canta al par dolor y gloria
Que el laurel de la victoria
Cuesta más de lo que vale.

Y al esparcir gloria y luz
Del mundo en el escenario,
Encuentra en él su calvario
Y su martirio en su cruz.

Si Jesús en su suplicio
Llegando el último instante,
Desencajado el semblante,
Consumado el sacrificio,

Entre el ronco vocerío
Del pueblo que le insultaba
Con dulce amor exclamaba:
«¡Perdonadlos, Padre mío!»

Si su frente desgarrada
Por la sangrienta corona
Al suelo inclina y abona
La clemencia su mirada,

También el bardo, al sentir
Que se acerca su partida
Sintiendo luchar la vida
Con las ansias del morir,

Venciendo su mal profundo
De su lecho se levanta,
Su cítara toma, y canta
Como el cisne moribundo.

Siendo aquél su último canto
De su eterna despedida,
Pura esencia de su vida
Y perfume de su llanto,

Que cuando la frente inclina
Al peso de su corona,
¡También bendice y perdona
Al mundo que le asesina!


José María Eguren

Casas lejanas vagas (detalle), de José María Eguren

La poesía de José María Eguren (Perú, 1874-1942) huye del preciosismo y la declamación. Su sobrio simbolismo imprime mayor hondura y sutileza a la expresión, como medio eficaz de incursionar en los mundos del sueño y del misterio.

LIED IX

En el brocal de la antigua fuente,
derruido; pintoresco,
escuchas, en la tarde,
el poema del dulce recuerdo.
Con un campesino viento flébil
como la canción de ardientes lágrimas,
caen en la fuente mortecina
tus flores disecadas.
Y las palabras gimen,
de la tarde al toque melodiosas;
la linfa retrata las, de un día,
bellas, amantes sombras.
Te arrulla la fuente conmovida,
y amor de alegres años
con sus adorables melopeas,
ronda tu sueño lánguido.
Y de ayer un canto hay en la tarde,
en las llorosas ramas,
en la verde linfa, en tus cabellos,
y un canto de Dios en tu mirada.
Así, en brocal de la antigua fuente,
derruido, pintoresco,
escuchas, en la tarde,
el poema del dulce recuerdo.

En «Sombra», Poesías: Simbólicas, La canción de las figuras, Sombra, Rondinelas, 1911.