Autor: editor

Ana Enriqueta Terán

Sin título, de Feliciano Carvallo

La poesía de Ana Enriqueta Terán (Venezuela, 1918) se caracteriza por su dimensión metafísica y su cuidada musicalidad. La huella del surrealismo está presente en esta escritura, que persigue el hallazgo, mediante la intuición, de todo lo que se oculta a la mirada del hombre.

PIEDRA DE HABLA

La poetisa cumple medida y riesgo de la piedra de habla.
Se comporta como a través de otras edades de otros litigios.
Ausculta el día y sólo descubre la noche en el plumaje del otoño.
Irrumpe en la sala de las congregaciones vestida del más simple acto.
Se arrodilla con sus riquezas en la madriguera de la iguana…

Una vez todo listo regresa al lugar de origen. Lugar de improperios.
Se niegan sus aves sagradas, su cueva con poca luz, modo y rareza.
Cobardía y extraño arrojo frente a la edad y sus puntos de oro macizo.
La poetisa responde de cada fuego, de toda quimera, entrecejo, altura
que se repite en igual tristeza, en igual forjeceo por más sombra
por una poquita de más dulzura para el envejecido rango.

La poetisa ofrece sus águilas. Resplandece en sus aves de nube profunda.
Se hace dueña de las estaciones, las cuatro perras del buen y mal tiempo.
Se hace dueña de rocallas y peladeros escogidos con toda intención.
Clava una guacamaya donde ha de arrodillarse.
La poetisa cumple medida y riesgo de la piedra de habla.

Libro de los oficios, 1967.


Jon Juaristi

Payaso, de Lita Cabellut

La poesía de Jon Juaristi (Bilbao, 1951) se caracteriza por su carácter urbano, la proyección de experiencias íntimas, ficticias o ajenas, la intertextualidad y la ironía. También por su densidad conceptual: no en vano, Juaristi pretende que sus poemas sean como ilustraciones o glosas de las ideas expuestas en sus libros de pensamiento.

MATERIAL DE DERRIBO

(Para una poética)

Un pozo negro en la memoria.
Las calles del querido y puerco Vinagrado.
Tristeza de la carne y haber leído todos los libros necesarios.
Y en las contadas horas en que con otros cuerpos
desisto de mí mismo,
un poco de erotismo.

Diario de un poeta recién cansado, 1985.


León de Greiff

Alrededores de Egipto, de Fídolo Alfonso González Camargo

León de Greiff (Colombia, 1895-1976) es uno de los más exquisitos poetas colombianos. Cantó en versos musicales y herméticos los nostálgicos y elegíacos motivos de su ensimismada intimidad.

TERGIVERSACIONES

Porque me ven la barba y el pelo y la alta pipa
dicen que soy poeta…, cuando no porque iluso
suelo rimar –en verso de contorno difuso–
mi viaje byroniano por las vegas del Zipa…,

tal un ventripotente agrómena de jipa
a quien por un capricho de su caletre obtuso
se le antoja fingirse paraísos… al uso
de alucinado Poe que el alcohol destripa!,

de Baudelaire diabólico, de angelical Verlaine,
de Arthur Rimbaud malévolo, de sensorial Rubén,
y en fin… hasta del Padre Victor Hugo omnipotente…!

¡Y tanta tierra inútil por escasez de músculos!
¡tanta industria novísima! ¡tanto almacén enorme!
Pero es tan bello ver fugarse los crepúsculos…

Tergiversaciones, 1925.


Francisco Medrano

Magdalena penitente, de Francisco Zurbarán

La poesía del sevillano Francisco Medrano (1570-1607) se encuadra dentro de la escuela de Salamanca: la influencia de fray Luis de León es manifiesta en sus imitaciones y traducciones de Horacio y en la factura clásica de sus versos, alejados de la suntuosidad barroca.

SÉ QUE ALLÁ CORRE EL MUNDO ASAZ LIGERO…

SONETO I
A Hernando de Soria Galvarro.

Sé que allá corre el mundo asaz ligero
donde (fatal ministro de su muerte),
pródigamente ponzoñoso, vierte
más de dulzura el verso lisonjero.

Bien como a infante, pues, que sin entero
seso el remedio de su mal no advierte,
beba así el falso que a beber acierte,
felizmente engañado el verdadero.

Sólo aquél tocó el punto que, prudente,
con lo dulce templó lo provechoso.
(¿Y a quién fue Apolo, a quién, así clemente?)

Yo, Sorino, lo intento, cudicioso
del pro común; tú apruebas que lo intente:
suceso den los cielos venturoso.

Poesías líricas, 1606.


Margarita Carrera

Lluvia, de Dagoberto Vásquez

La poeta y pensadora guatemalteca Margarita Carrera (1929) cultiva una poesía combativa y rebelde, en torno a los problemas sociales de Guatemala y la condición de la mujer.

POEMAS PARA ESTOS DÍAS DE SANGRE

III

Y luego
no digáis que enmudecí
de pavor
que me oculté
tras el cómplice velo
miserable
del silencio.

No. No lo digáis.
Que mi grito
denuncia
la cruel metralla
la tibia sangre envilecida
los destrozados cuerpos
mancillados.

Mi grito
en la mirada
en la palabra
en el alma.

Mi grito de espanto
compañero del tuyo
hermano.

Poemas de sangre y alba, 1969.