Autor: editor

José Manuel Caballero Bonald

Figuras, de Juan Manuel Gutiérrez Montiel

Para José Manuel Caballero Bonald (Jerez, 1926) escribir es buscar en el laberinto de la memoria y del lenguaje la palabra precisa para dar cuenta de lo vivido, de lo salvado de la ruina del tiempo.

SOBRE EL IMPOSIBLE OFICIO DE ESCRIBIR

Por aquella palabra
de más que dije entonces, trataría
de dar mi vida ahora. ¿Vale algo
comprobarlo después de consumidos
tantos esfuerzos
para no mentir?

Toco
tu vientre y se desplaza el tiempo
como la sangre
en un embudo mientras
a ciegas nos buscamos. Sólo el riesgo
común ocupa el mundo, arrasa
el derredor, lo exprime
como una esponja, desordena
el engranaje de los hechos.

¿Cómo
poder saldar entonces
la ambigüedad de la memoria?

El imposible oficio de escribir
aproximadamente
la historia terminal del anteayer
de la vida, y más cuando
un incierto futuro se intercala
entre lo timorato y lo arrogante
me suele contagiar
de esa amorfa molicie
que entumece los goznes del deseo.

Pero no cejo nunca. Paraísos
vagamente resueltos
entre la oxidación del ocio, surgen
como reclamos, brillan
en ocasiones
con juvenil sabor a culpa.

¡Escapar de la mella de los días
iguales! En tanta libertad
¿se anudarán imágenes
que a su obstinado uso
me condenen, reduzcan el amor
a sus simulaciones? Lo que aquí
no está escrito es ya la única
prueba de que dispongo
para reconocerme, interrumpir
mi turno de erosión entre recuerdos
apremiantes.

Por aquella palabra
de más que dije entonces, trataría
de dar mi vida ahora.

Descrédito del héroe, 1977-93.


Mario Santiago Papasquiaro

Invocando al fuego, de José Luis Bustamante

El mexicano Mario Santiago Papasquiaro (1953-1998) es uno de los fundadores del infrarrealismo. Poeta itinerante, con mucho de vagabundo, provocador y exaltado, su poesía pretendió ser la misma “llameante caída libre que fue su vida”.

QUIÉN SINO TÚ

Sigo vivo nada más por ti / poesía desgreñada
revólver menstruante
ronroneo escupelunas
asfalto de plasma
licuadito de semen
molcajete tiernísimo
madreadora de leyes
microbús al vacío
carterista de almas
Sólo a ti te he visto nadar en el piso
Sólo a ti te he visto rajarle el hocico a los aires
Tu mirada de atole de arroz & tamal calientito
me ha jalado imantado puesto en órbita
/ con mi boca de vértigo explorando tu clítoris púrpura /
tu voz bailadora : tus gestos de trompo
Me he graduado en tus besos de risa
En tu vientre he aprendido a deshuesar al veneno
& a montar mis bisontes
Ayer pantano / hoy pradera
como huazontle capeado & manglar salto en boca
me ha crecido el silencio
Me he arrancado la mente / he chupado sus charcos
Sus acociles : sus lirios : sus chinampas en fuga
me han secuestrado hasta el vuelo
En cada gota de mí / en cada pocillo / en cada tejita
es tu sombra solar: tu fuego avispado el rumor que se oye
la maraca el güiro el violín de entusiasmo que mi aliento
proyecta
milotebaldíodesuerte/elcabelloconquelazosaltolacuerda
pego la roña / tejo mis filos: mi guirnalda de puentes /
mi apuesta de flotantes sentidos
A toda pezuña de liebre / a todo pulmón en cubeta
& al pulso: al pulso-resorte & rentoy de todo ser-estallido
& todo cabalgar-fumarola.

Aullido de cisne, 1996.


Juan Boscán

La música, de Pedro de Berruguete

El barcelonés Juan Boscán (h. 1490-1542), en 1526, empezó a adaptar al castellano los versos endecasílabos y los géneros poéticos de Italia, siendo enseguida secundado por su amigo Garcilaso.

NUNCA DE AMOR ESTUVE TAN CONTENTO…

SONETO I

Nunca de amor estuve tan contento
que en su loor mis versos ocupase,
ni a nadie consejé que se engañase
buscando en el amor contentamiento.

Esto siempre juzgó mi entendimiento:
que de este mal todo hombre se guardase;
y así, porque esta ley se conservase,
holgué de ser a todos escarmiento.

Oh, vosotros que andáis tras mis escritos
gustando de leer tormentos tristes,
según que por amar son infinitos,

mis versos son deciros: «¡Oh benditos
los que de Dios tan gran merced hubistes
que del poder de amor fuésedes quitos!»

Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega, p. 1543.


Leopoldo Lugones

Vuel Villa, de Xul Solar

Leopoldo Lugones (Argentina, 1874-1938) destaca, dentro del modernismo hispánico, por su gran variedad de registros y por adelantarse a los vanguardistas en muchas de sus innovaciones, en especial en su Lunario sentimental (1909).

INTRODUCCIÓN

Es una gran columna de silencio y de ideas
En marcha.
El canto grave que entonan las mareas
Respondiendo a los ritmos de los mundos lejanos;
El rumor que los bosques soberbiamente ancianos
Dan, como si debajo de largas sepulturas
Sintiéranse crujidos de enormes coyunturas;
Las sordas evasiones de las razas, que arroja
El heroísmo nómade a la vendimia roja.

El ¡han! de los supremos designios, que se escucha
en el postrer hachazo que acabará la lucha,
Ya sea que se trate de un cedro o de un gigante;
Las torres que no alcanza con su talón triunfante
La horda: el trájico viento de las batallas:
todo
Lo que es grande, o solemne, o heroico de algún modo,
–Clamores de conquistas, rumores de mareas–
Ya en esa gran columna de silencio y de ideas
Que el poeta ve alzarse desde las hondas grutas.
¡El Sol es su vanguardia!
–Por las eternas rutas
Que accidentan la historia, van los pasos enormes,
Es un largo desfile de tinieblas informes


Ramón de Basterra

El chico de la carretilla, de Joan Sandalinas

La obra del poeta novecentista Ramón de Basterra (Bilbao, 1888-1928) trata sobre el paisaje, las gentes, las tradiciones y la historia del pueblo vasco; también sobre el destino, fecundo, de los pueblos hispánicos, la Sobrespaña. En lo formal, pasa por variados estilos: barroquismo, poesía pura, futurismo…

OFICIOS

Sombra. Callejas frescas con fachas de hidalgo:
trapos en los balcones de leño azul. Hay algo
que recuerda el silencio de oro de las colmenas.
Se labora moviendo a los labios apenas.
¿Durango, Azcoitia, Luno? Viven, triunfan las manos,
tejiendo cuerda, urdiendo la sandalia de aldeanos,
la alpargata. Igualmente mudos, entre madera
fresca, que como en rizos de propia cabellera,
se envuelve en sus virutas, labran los ebanistas.
En el camino quiebran las rígidas aristas
de los cantos, tric, trac, tric, los picapedreros;
indican, aijada alta, la rúa, los boyeros.
¿Quién dijo descontento en este bello mundo?
¡Amad, dulces hermanos de oficios, con profundo
amor, la piedra, el leño, la cuerda, que el destino
os puso entre las manos, como llavín divino
para que el universo sus tesoros os abra!
Por cuerda, leño y piedra, yo tengo la palabra.

La sencillez de los seres, 1923.