Categoría: Autores

Bernardo Ortiz de Montellano

Caballos, de Federico Cantú

Bernardo Ortiz de Montellano (México, 1899-1949) formó parte del grupo Contemporáneos. En su poesía, que gira en torno a la niñez, la muerte y los sueños, se perciben las influencias de la lírica indígena, Sor Juana, Amado Nervo y T. S. Eliot.

POSTDATA A LA LECTURA DE UN POETA

Poeta es aquel que llena un vasto silencio con furtivas palabras;
que vuelve de la nada, enlutado y alegre,
inviolado y valiente; que lucha
a zarpazos de lirio con el sueño y la muerte.
Poeta es el solitario que sólo a solas siente
de su furia secreta
la palabra que dice
la forma de lo amorfo de su muerte.

Sueño y poesía, 1952.


Ernst Orvil

Hoguera en la víspera de San Juan, de Nikolai Astrup

Ernst Orvil (1898-1985) trató los más variados temas en su poesía: desde  la naturaleza y el erotismo hasta la física cuántica, pasando por las cuestiones morales y de pensamiento. A veces, sus reflexiones acogen la forma de diálogo dialéctico entre dos personajes.

PRECISAMENTE

Se filtra a través de mí un
día recién cortado con nubes
lanudas sobre mi paseo
y alguien me pregunta horrorizado
por qué estoy tan contento.

Le digo que es porque
no tengo que escribir sobre
los problemas de los negros. Pero
¡si tú nunca escribes sobre los
problemas de los negros! No, precisamente por eso.

Retazos, 1970. Traducción de Francisco J. Uriz.


Donato Ndongo-Bidyogo

Figura de antepasado fang

Autor de “poemas rabiosos”, profundamente enraizados en el sufrimiento de su pueblo, Donato Ndongo-Bidyogo (Guinea Ecuatorial, 1950) ha contribuido, desde la investigación y la docencia, a un mejor conocimiento de la literatura ecuatoguineana, que tiene en él a uno de sus más importantes creadores.

CÁNTICO

Yo no quiero ser poeta
para cantar a África.
Yo no quiero ser poeta
para glosar lo negro.
Yo no quiero ser poeta así.

El poeta no es cantor de bellezas.
El poeta no luce la brillante piel negra.
El poeta, este poeta no tiene voz
para andares ondulantes de hermosas damas
de pelos rizados y caderas redondas.

El poeta llora su tierra
inmensa y pequeña
dura y frágil
luminosa y oscura
rica y pobre.

Este poeta tiene su mano atada
a las cadenas que atan a su gente.
Este poeta no siente nostalgia
de glorias pasadas.
Yo no canto al sexo exultante
que huele a jardín de rosas.
Yo no adoro labios gruesos
que saben a mango fresco.

Yo no pienso en la mujer encorvada
bajo su cesto cargado de leña
con un niño chupando la teta vacía.
Yo describo la triste historia
de un mundo poblado de blancos
negros
rojos y
amarillos
que saltan de charca en charca
sin hablarse ni mirarse.

El poeta llora a los muertos
que matan manos negras
en nombre de la Negritud.
Yo canto con mi pueblo
una vida pasada bajo el cacaotero
para que ellos merienden cho-co-la-te.

Si su pueblo está triste,
el poeta está triste.
Yo no soy poeta por voluntad divina.
El poeta es poeta por voluntad humana.

Yo no quiero la poesía
que solo deleita los oídos de los poetas.
Yo no quiero la poesía
que se lee en noches de vino tinto
y mujeres embelesadas.

Poesía, sí.
Poetas, sí.
Pero que sepan lo que es el hombre
y por qué sufre el hombre
y por qué gime el hombre.

1974. En Antología de la literatura guineana, 1984.


Luis Feria

Sin título, de Lola Massieu

La obra del tinerfeño Luis Feria (1927-1998), uno de los poetas de voz más original entre los de la generación del 50, se debate entre la urgencia de vivir y el deseo de encontrar una palabra que perpetúe el instante en que vivir resulta, precisamente, un descubrimiento.

EL POEMA

Llamadlo sólo agua
libre
de todo inútil nombre pasajero.

Dejad luego que siga
su lento respirar ensimismado.

Conciencia, 1961.


Aurelio Arturo

Montañas, de Débora Arango

La poesía de Aurelio Arturo (Colombia, 1906-1974) reacciona contra los excesos retóricos de la generación anterior. Sus versos evocan la geografía rural del sur de Colombia con mirada íntima y rigor estético.

CLIMA

Este verde poema, hoja por hoja,
lo mece un viento fértil, suroeste;
este poema es un país que sueña,
nube de luz y brisa de hojas verdes.

Tumbos del agua, piedras, nubes, hojas
y un soplo ágil en lodo, son el canto.
Palmas había, palmas y las brisas
y una luz como espadas por el ámbito.

El viento fiel que mece mi poema.
el viento fiel que la canción impele,
hojas meció, nubes meció, contento
de mecer nubes blancas y hojas verdes.

Yo soy la voz que al viento dio canciones
puras en el oeste de mis nubes;
mi corazón en toda palma, roto
dátil, unió los horizontes múltiples.

Y en mi país apacentando nubes,
puse en el sur mi corazón, y al norte,
cual dos aves rapaces, persiguieron
mis ojos, el rebaño de horizontes.

La vida es bella, dura mano, dedos
tímidos al formar el frágil vaso
de tu canción, lo colmes de tu gozo
o de escondidas mieles de tu llanto.

Este verde poema, hoja por hoja,
lo mece un viento fértil, un esbelto
viento que amó del sur hierbas y cielos.
este poema es el país del viento.

Bajo un cielo de espadas, tierra oscura.
árboles verdes, verde algarabía
de las hojas menudas y el moroso
viento mueve las hojas y los días.

Dance el viento y las verdes lontananzas
me llamen con recónditos rumores:
dócil mujer, de miel henchido el seno,
amó bajo las palmas mis canciones.

Morada al sur, 1963.