Categoría: Otras literaturas

Friedrich Hölderlin

Ruina de Eldena, de Caspar David Friedrich

La poesía del alemán Friedrich Hölderlin (1770-1845) expresa la aspiración a un mundo ideal, que es identificado con la Grecia clásica. Los poetas simbolistas admiraron la profundidad espiritual y el carácter intuitivo de sus versos.

A LOS JÓVENES POETAS

Mis queridos hermanos, quizá va a madurar
nuestro arte, tras un largo fermentar juvenil,
y llegará a lograr la calma de lo bello;
no dejéis la virtud, imitad a los griegos.

A los dioses amad, pensad en los mortales.
Ni ebriedad ni frialdad, ni descripción
ni lección; si os asusta algún maestro,
pedid sólo consejo a la naturaleza.

Traducción de Federico Bermúdez-Cañete.


Josep Vicenç Foix

Hombre con pipa, de Joan Miró

La poesía de Josep Vicenç Foix (Barcelona, 1893-1987) integra las innovaciones de los movimientos de vanguardia europeos de los años 20 y 30 con lo mejor de la tradición literaria catalana. Entre sus compañeros de generación, destaca por su gran riqueza verbal y una insólita capacidad técnica.

SI DESPLEGANDO ELOCUENCIA SOMERA…

Si desplegando elocuencia somera…
cauto ordenase mi propia invención,
y en hábil frase la innata pasión,
entre mi estilo infiltrar consiguiera.

Si, desertor de la trova extranjera,
triste expresara en la noche mi unción
por Todo y Nada, sin dar ocasión
a formas raras. Y a ruda manera

de nuestros maestros en lengua vulgar
–¡Oh Lluch! ¡Oh March!–, y sin trazos complejos
tosco, aunque exacto, alcanzara a rimar

para el futuro; ¡y por estos bosquejos
dignos, parejos, lograse durar
sin arpas, cisnes, azules ni espejos!

Solo y dolido, 1947. Traducción de Manuel Longares.


Marianne Moore

Habitación de hotel, de Edwar Hopper

La poesía de Marianne Moore (Estados Unidos, 1887-1972) destaca por la multiplicidad de voces, la búsqueda de lo auténtico en lo concreto y el rigor expresivo.

LA POESÍA

A mí tampoco me gusta.
Pero, al leerla con absoluto desprecio, descubrimos en
ella, al fin y al cabo, sitio para lo auténtico.

Poemas escogidos, 1935. Traducción de Lidia Taillefer de Haya.


Charles Reznikoff

Niño leyendo tiras cómicas en una calle de Nueva York, de André Kertész

El estadounidense de origen judío Charles Reznikoff (1894-1976) es uno de los grandes poetas de lo cotidiano: comprende la seriedad de los pequeños hechos y demuestra una misteriosa compasión por las vidas de la gente vulgar.

TE DEUM

No canto
a mis victorias
pues no tengo ninguna,
sino a la simple luz del sol,
a la brisa;
a la generosidad de la primavera.

No canto a mis victorias
sino al trabajo diario realizado
lo mejor posible;
no aspiro un sitio en el palio
sino a un lugar en la mesa familiar.

Poemas, 1918-1975. Traducción de Mª Eugenia Ciocchini.


José Jorge Letria

Tradición III, de Luzia Lage

La poesía del portugués José Jorge Letria (1951) va de la canción política a la poesía reflexiva, con desencantadas referencias personales.

SE ESCRIBE PARA EL DESDÉN

Se escribe para el desdén, para el vacío,
esperando un día, que puede ser el siguiente,
en que alguien dirá: valió la pena.
Se cuentan a través del techo, se cuentan los versos
del enamoramiento y de la guerra,
se cuentan las islas y las pasiones
y sobre todo se intenta escribir, crédulamente,
con la inocencia de quien descubre petróleo
en una maceta de hierbabuena y sigue adelante,
indiferente a la riqueza y a la posesión. Se escribe
para el desprecio de los que aman otra escritura
y se enredan en ella como las prostitutas
en la bajeza de las camas del lucro garantizado.
Se escribe para no ser leído, para la muerte,
para la ironía de los que dicen: tampoco
era mal poeta, pero escribió demasiado.
Se escribe para el bandolín y para la quimera,
para la queja y para los celos, para después
de la muerte, pluma apuntada a los sesos, a la espera
de que alguien se levante y diga: aprendí
a gustar de la poesía leyendo su silencio,
saboreando su dolor. Se escribe para
gustar de la aventura, como en la prosa de Salgari;
con miedo de que un crítico llegue y diga:
está fuera del canon, cede a la facilidad.
Se escribe para no tener poder, para la nada,
rostro caído sobre la página de adoración de los sonidos.
Se escribe burlescamente, con los ojos puestos
en personajes que se confunden con el musgo
de las casas alucinadas por el tedio. Se escribe,
siempre se escribe para el desdén,
para fingir las voces que prometen
la gloria en la miseria de los libros. Se escribe
para el alma que se queda, mucho después
de que dejemos de escribir, de vivir
estúpidamente en la soledad de lo que escribimos.
Y puede ser que otro día,
al día siguiente, alguien abra el libro,
la gaveta, la caja de los miedos, sonámbulo:
estuvo aquí un poeta, noto su olor,
la forma, el alborozo de la ausencia, la rabia,
la desesperación de no querer partir.
Mucho respeto, que aquí vivió un poeta,
en la más peligrosa curva de las palabras
que matan, liberan y rescatan. Fin.

Los mares interiores, 2001. Traducción de Jordi Virallonga.