Categoría: VII) Posguerra

José María Valverde

Mural del baptisterio de Mollet del Vallés, de Joan Abelló i Prat

El poeta y traductor extremeño José María Valverde (1926-1996) destaca por su profundo humanismo de raíz cristiana y el rigor de su lenguaje poético.

ORACIÓN POR NOSOTROS LOS POETAS

Señor, ¿qué nos darás en premio a los poetas?
Mira, nada tenemos, ni aun nuestra propia vida;
somos los mensajeros de algo que no entendemos.
Nuestro cuerpo lo quema una llama celeste;
si miramos, es sólo para verterlo en voz.

No podemos coger ni la flor de un vallado
para que sea nuestra y nada más que nuestra,
ni tendernos tranquilos en medio de las cosas,
sin pensar, a gozarlas en su presencia sólo.
Nunca sabremos cómo son de verdad las tardes,
libre de nuestra angustia su desnuda belleza;
jamás conoceremos lo que es una mujer
en sus profundos bosques donde hay que entrar callado.
Tú no nos das el mundo para que lo gocemos,
Tú nos lo entregas para que lo hagamos palabra.
Y después que la tierra tiene voz por nosotros
nos quedamos sin ella, con sólo el alma grande…

Ya ves que por nosotros es sonora la vida,
igual que por las piedras lo es el cristal del río.
Tú no has hecho tu obra para hundirla en silencio,
en el silencio huyente de la gente afanosa;
para vivirla sólo, sin pararse a mirarla…
Por eso nos has puesto a un lado del camino
con el único oficio de gritar asombrados.
En nosotros descansa la prisa de los hombres.
Porque, si no existiéramos, ¿para qué tantas cosas
inútiles y bellas como Dios ha creado,
tantos ocasos rojos, y tanto árbol sin fruta,
y tanta flor, y tanto pájaro vagabundo?
Solamente nosotros sentimos tu regalo
y te lo agradecemos en éxtasis de gritos.
Tú sonríes, Señor, sintiéndote pagado
con nuestro aplastamiento de asombro y maravilla.

Esto que nos exalta sólo puede ser tuyo.
Sólo quien nos ha hecho puede así destruirnos
en brazos de una llama tan cruel y magnífica.

… Tú que cuidas los pájaros que dicen tu mensaje,
guarda en la muerte nuestros cansados corazones;
dales paz, esa paz que en vida les negaste,
bórrales el doliente pensamiento sin tregua.
Tú nos darás en Ti el Todo que buscamos;
nos darás a nosotros mismos, pues te tendremos
para nosotros solos, y no para cantarte.

Hombre de Dios, 1945.


Luis Felipe Vivanco

Trigales nublados, de Ricardo Macarrón

El madrileño Luis Felipe Vivanco (1907-1975), componente de la generación del 36, se decantó por una poesía en torno a la familia, el amor humano, el sentimiento religioso y la naturaleza. Sus versos, armoniosos y claros, son de corte clásico.

ARTE POÉTICA

1

Lo digno es ser contado por Dios de otra manera.
(Como ese rostro apenas distinto de la tierra,
de los surcos que ara, o ese cuerpo –y sus pasos–
que se vuelve de espaldas a un tiempo repetido
para aprender la inédita lección de las distancias,
donde están las cortezas de los árboles:
sus dibujos menudos como sueños.)
Lo digno es un desvío, y un desprecio (desde este
sitio, desde estos viejos tejados y esta parra).
Mirar de otra manera –con mirada de uno–
más bien hacia otra parte,
fijarse en los rincones en donde crece el alma,
y aprender…
(Y ser libre porque sufro de veras
por cosas verdaderas, y porque tomo en serio
–¡muy en serio!– las cosas que hay que tomar en serio.)


Carlos Bousoño

Collage nº 183, de Francisco Farreras

El asturiano Carlos Bousoño (1923-2015) es uno de los más destacados representantes de la poesía desarraigada de la inmediata posguerra. Himno y elegía se dan la mano en los versos del “poeta incrédulo más hondamente religioso de nuestro tiempo”, en palabras de Francisco Brines.

EL POEMA

Todo está allí, y sigue estando allí, en las palabras
misteriosas, que fueron dichas, pronunciadas,
rotas en una voz de hombre. La crispación del alma,
la grave hora del pesar
más hondo. Mas también
aquel otro dolor,
mínimo para todos, pero no para ti,
en la estación de lluvias, junto al portal oscuro.
O nuestro recordar una canción, a la orilla del bosque en la ladera
suave, un momento de marzo…

… Todo está allí, la sombra, el esplendor
del sol entre las ramas
bajas de los cerezos,
nuestros pasos que van por el sendero
junto al seto de moras,
de niños,
un poco retrasados. Y la riña al llegar
tras la merienda, cuando no lo esperábamos.

… Todo está allí, la sombra del castaño
en el verano suave del norte, y el calor de las islas,
la tristeza, el ensueño, la nostalgia,
la desesperación después, cuando todo cedió
rendidamente,
el caminar postrero…

… Todo está allí, moviéndose o inmóvil,
tal como fue en verdad, entre neblina y leve
sueño. Tal como fue, sin conexión, escaso
de realidad confuso
como vida de hombre.
Y pues fue así, es bien que quede así,
por siempre,
en las fieles palabras.

Noche del sentido, 1957.


Juan Ruiz Peña

Paisaje, de Mª Antonia Dans

La poesía del jerezano Juan Ruiz Peña (1915-1992) se caracteriza por la expresión sencilla, transparente, y nos invita a la reflexión en torno al amor, la soledad, la naturaleza.

VERSO LARGO

Verso largo como la senda del bosque,
como el cielo infinito, armonioso
como la creación.
Cruel y terrible como un océano afilado
de tiburones,
el verso más largo que se haya escrito jamás,
y uncido como un buey a él mi corazón
desesperado,
que sabe que lo mejor sería no haber nacido.
Corazón desolado como el muro de los
fusilamientos,
corazón solitario como el barco
que se hunde en alta mar.
Porque el hombre
es menos que un fósforo, menos que un montoncillo
de cenizas, que un sueño.
Clavado aquí velo a mi propia alma
incrédula.
Me repugna soñar: transcribo lo que soy
humildemente, sin color,
sin música e incluso
con sintaxis cavada como una trinchera,
donde se guarece el que yo fui,
el vagabundo, el enamorado,
el realista que escribe esto
por afán de escribir un verso oceánico,
arco iris entre el sueño y lo real,
dardo relampagueante que llegue a ti, Señor.

Andaluz solo, 1962.


Gloria Fuertes

Niña con plato y pez, de Juan Barjola

La efectividad expresiva de Gloria Fuertes (Madrid 1917-1998) reside en su carácter marcadamente oral y un buscado desaliño. En sus versos, recurre a la ironía, los juegos de palabras, los ripios, para tratar sobre temas universales como la soledad, el amor… Al mismo tiempo, protesta contra las injusticias sociales y la guerra.

NO PERDAMOS EL TIEMPO

Si el mar es infinito y tiene redes,
si su música sale de la ola,
si el alba es roja y el ocaso verde,
si la selva es lujuria y la luna caricia,
si la rosa se abre y perfuma la casa,
si la niña se ríe y perfuma la vida,
si el amor va y me besa y me deja temblando.
¿Qué importancia tiene todo esto,
mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
un banquete de cáscaras,
un concierto de perros,
una ópera de sarna…
Debemos inquietarnos por curar las simientes,
por vendar corazones y escribir el poema
que a todos nos contagie.
Y crear esa frase que abrace todo el mundo;
los poetas debiéramos arrancar las espadas,
inventar más colores y escribir padrenuestros.
Ir dejando las risas en la boca del túnel,
y no decir lo inti1no, sino cantar al corro;
no cantar a la luna, no cantar a la novia,
no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.
Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso,
gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo
debajo de las latas con lo puesto y aullando,
y madres que a sus hijos no peinan a diario,
y padres que madrugan y no van al teatro.
Adornar al humilde poniéndole en el hombro nuestro verso;
cantar al que no canta y ayudarle es lo sano.
Asediar usureros y con rara paciencia convencerles sin asco.
Trillar en la labranza, bajar a alguna mina;
ser buzo una semana, visitar los asilos,
las cárceles, las ruinas; jugar con los párvulos,
danzar en las leproserías.
Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos,
que al corazón le llega poca sangre.

Antología y poemas del suburbio, 1954.