Categoría: Literatura inglesa

John Donne

Frances Teresa Stuart, Duquesa de Richmond y Lennox, de Sir Peter Lely

Las canciones y sonetos amorosos del inglés John Donne (1572-1631) conjugan la tradición literaria con un punto de vista personal, sensual y cínico.

TRES VECES TONTO

Sé que soy dos veces tonto,
por amar, y por decirlo
en poesía quejumbrosa.
Pero ¿dónde está ese sabio, que no podría ser yo,
si ella no me rehusara?
Así, como las vías interiores, tortuosas,
purgan el agua del mar de la corrosiva sal,
pensé que si alejar conseguía mis pesares
por la inoportuna rima, los aliviaría.
El pesar, cuando al metro se reduce, no puede ser tan agudo
pues, si verso se encadena, se somete.

Mas, cuando eso está hecho, alguien,
por mostrar su arte y su voz,
mi dolor compone y canta,
y, mientras a otros deleita, de nuevo
el dolor libera, que los versos contenían.
Al amor corresponde el tributo del verso, y al dolor,
pero no el de aquel que cuando es leído agrada.
Ambos por estas canciones se incrementan:
pues así son los triunfos de ambos difundidos.
Y yo, que dos veces tonto era, paso así a serlo tres,
pues son los mejores tontos los que un poco sabios son.

Traducción de purificación Ribes.


Dylan Thomas

And Death Shall Have No Dominion, de Ceri Richards (litografía inspirada en poema de Thomas con el mismo título)

El galés Dylan Thomas (1914-1953) posee un gran torrente verbal, en el que se perciben ecos de corrientes irracionalistas y de la poesía romántica inglesa.

EN MI OFICIO U HOSCO ARTE

En mi oficio u hosco arte
ejercido en la noche tranquila
cuando únicamente se enfurece la luna
y yacen los amantes en la cama
con todas sus tristezas en sus brazos,
trabajo junto a una luz que canta
no por ambición o pan
o vanidad o aplausos
en escenarios de marfil
sino por el más vulgar salario
de su más secreto corazón.

No para los orgullosos solitarios
de la luna enfurecida escribo
en estas páginas de espuma de mar
ni para los muertos celebérrimos
con sus salmos y ruiseñores
sino para los amantes, alrededor
sus brazos de las penas del tiempo,
que no paga salarios ni alabanzas
ni hace caso de mi oficio o arte.

Muertes y entradas, 1946. Traducción de Ángel Rupérez.


Oscar Wilde

De cómo el rey Marcos encontró al caballero Tristán, de Aubrey Beardsley

El irlandés Oscar Wilde (1854-1900) es uno de los principales representantes de la corriente esteticista y decadente de la literatura de finales del XIX. Sus primeros poemas, a pesar de su calidad técnica, no alcanzan la grandeza de la Balada de la cárcel de Reading, que canta  con emoción la miseria del ser humano.

EL ARTISTA

Una noche llegó a su alma el deseo de crear una imagen del Placer que resiste un momento. Y se adentró en el mundo en búsqueda del bronce. Porque sólo podía pensar en el bronce.

Pero todo el bronce del mundo había desaparecido, y en parte alguna de todo el mundo había bronce que se pudiera encontrar, salvo el bronce solo de la imagen del Dolor que perdura por Siempre.

Ahora, esta imagen, él mismo, y con sus propias manos, la había creado, y la había colocado en la tumba de lo único que había amado en toda su vida. En la tumba de lo muerto que más había amado había colocado esta imagen de su creación, que bien podría servir como señal del amor de un hombre que no muere, y como símbolo del dolor del hombre que perdura por siempre. Y en todo el mundo no había otro bronce salvo el bronce de esta imagen.

Y tomó la imagen que había creado, y la colocó en un gran horno, y la dio al fuego.

Y del bronce de la imagen del Dolor que perdura por Siempre creó una imagen del Placer que resiste un momento.

Poemas en prosa, 1894. Traducción de Juan Vázquez.


Linda Pastan

La sala de espera, de George Tooker

La estadounidense Linda Pastan (1932) explora a través de su poesía la complejidad que se oculta detrás de los hechos de la vida cotidiana: la vida familiar, la maternidad, las relaciones humanas.

VOCES

Juana oyó voces,
y por ello ardió.
Mientras conduzco en la oscuridad
escribo poemas.
Anoche pensando
en cómo espaciar los versos
me pasé una señal de stop.
Cuando me justifiqué
el policía asintió,
y me puso
una multa.
Un entendido me dijo
que los escritores tienen un plazo de quince años:
luego llega la repetición,
incluso la locura.
Como Midas, supongo que
todo lo que tocamos se convierte
en un poema
cuando el hechizo existe.
Pero piensa en el poeta después de ese plazo
tocando los árboles que
siempre ha tocado,
pero esta vez no ocurre nada.
Imagínatelo yendo de un tronco
a otro, magullándose
las manos con la áspera corteza.
Sólo quedan cinco años.
A veces entierro
mis poemas en el jardín,
reservándolos
para los fríos días venideros.
De todos modos
te quemas por ello.

Las cinco fases del dolor, 1975. Traducción de Rosa Lentini y Susan Schreibman.


Edmund Spenser

Tres niñas, de un seguidor de William Larkin

Edmund Spenser (1552?-1599) es, tras Wyatt y Surrey, el tercer gran eslabón en la consolidación del soneto en la poesía inglesa. Su obra muestra los ideales caballerescos, la condición sublime del hecho religioso y el amor como voluntad salvadora.

FELICES VOSOTRAS HOJAS, CUANDO ESAS MANOS DE LIRIO…

Felices vosotras hojas, cuando esas manos de lirio,
que sostienen mi vida con su poder de causar muerte,
os cojan y os ciñan con las bandas suaves del amor,
como a cautivos que ante el vencedor tiemblan.

Y felices versos, a los que con luz de estrellas,
esos ojos de lámpara a veces se dignen mirar
y leer las penas de mi espíritu angustiado,
escritas con lágrimas en el cerrado libro del corazón sangrante.

Y felices rimas bañadas en el sagrado arroyo,
del Helicón de donde brota,
cuando contemples esa bendita mirada de mi Ángel,
a mi alma largo tiempo le faltó alimento, a mi cielo júbilo.

Hojas, versos y rimas, buscan agradar tan sólo a ella,
pues si a ti te agradan, por nadie más cuidados tengo.

Amoretti, 1595. Traducción de Santiago González.