Categoría: Literatura española

Blanca de los Ríos

Luna de miel, de Cecilio Pla

La sevillana Blanca de los Rios (1862-1956) destacó como estudiosa de los grandes escritores del siglo de oro y como narradora. Como poeta, tiene versos estimables, llenos de refinamiento y precisión.

LA HOJA BLANCA

¡Cuántas veces, la frente en la mano
y en el blanco papel la mirada,
entre el blanco papel y la mente
sorda lucha en secreto se entabla!

Como el mar solicita las velas,
como el aire estimula las alas,
el papel, con su casta blancura,
solicita a la idea y la llama.

Ven -le dice-; sumido en la mente,
pobre germen, te anulas, te matas;
tenue ser de la nada engendrado,
¿no te asusta el volver a la nada?

Ven, amiga; yo soy tu destino,
soy el aire que al águila aguarda,
soy silencio que aguarda armonías,
soy el mármol que quiere ser estatua.

Soy espera y misterio de cita;
tú la ignota belleza esperada;
soy lo incierto, lo vago, lo amorfo;
tú la línea, el color, la palabra.

Yo, mezquino papel, soy el lienzo
donde el Verbo su imagen estampa…
¡Cuántas veces impresa con sangre
en mi nieve su faz deja el alma!

«Las hablas mudas», Esperanzas y recuerdos, 1912.


Luis Javier Moreno

Blancos, sofá, de Joaquín Ureña

La poesía de Luis Javier Moreno (Segovia, 1946-2015) reflexiona sobre las relaciones entre el arte y la vida -ha cultivado con acierto el poema ecfrástico-, el paso del tiempo, la inevitabilidad de la muerte… Tensión, elegancia, sorpresa, ironía, pasión de la inteligencia son algunos rasgos de su lengua poética.

LA FORMA DEL POEMA

Lo que sucede tras de las palabras
suele estar ya previsto
en las mismas palabras
y en su casa encantada
de muñecas de trapo de colores
para el teatro de sus marionetas.

Comienza a molestar esa seguridad
de andar siempre sobre la pista…
Tras de las bambalinas del idioma
hay un apuntador que boicotea
la parte más brillante del discurso
introduciendo versos que no nos pertenecen
y echa a perder con sus imitaciones
de timbre, voz y tono, lo mejor del poema.

Los queridos y viejos detectives privados
consumieron sus días en enigmas análogos:
los del rastreo de mil pistas falsas…
Ya no son necesarias esas medias de seda
que se encuentran a veces
en el lugar del crimen.

En contra y a favor, 1980.


Miguel Hernández

Presos, de Gastón Castelló

Puente entre el 27 y los poetas de posguerra, el alicantino Miguel Hernández (1910-1942) evoluciona de una poesía de corte barroco o clásico a otra sobria, de acento popular, en torno a la guerra y la injusticia.

QUE COMO EL SOL SEA MI VERSO…

Que como el sol sea mi verso
más grande y dulce cuanto más viejo.

Poemas sueltos, 1925-1930.


Francisco de la Torre y Sevil

Santa Catalina de Alejandría, de Antonio Vela Cobo

El catalán Francisco de la Torre y Sevil (1625-1681) cultivó las diversas corrientes temáticas de la poesía barroca: religiosa, heroica, amorosa y burlesca. Reunió sus poesías bajo el título de Entretenimiento de las musas (1654).

A LA PLUMA

Fértil vara, igual pincel,
regla cierta, alto compás,
aguda flecha que das
en el blanco del papel.
Con voz negra, lengua fiel,
índice del discurrir,
si eterna quieres vivir,
bien hiciste en trasladar
todo el aire del volar
al aire del escribir.

Entretenimiento de las musas, 1654.


Almudena Guzmán

Leyendo bajo el árbol, de Carlos Laínez

La madrileña Almudena Guzmán (1964) construye su obra poética en torno al tema del amor, en versos libres, con un lenguaje coloquial, salpicado de imágenes surrealistas.

Y QUÉ DECIR DE LA POESÍA…

Y qué decir de la poesía
de la que eras grumete,
timonel y capitán a la vez,
siempre avanzando cara al sol
o contra el viento,
siempre izadas en medio de la lluvia
o trepando por la primavera de los mástiles
las velas de nieve de su corazón,
las rojas azaleas de su bandera.
Entonces el tiempo pasaba rápido como una bandada de delfines
limpiando la cubierta de inútiles aparejos,
sorteando los escollos de falso coral,
evitando el transitado cabotaje;
de los piratas amabas la magia
de convertir en propio el oro ajeno,
de los marinos oficiales odiabas el engaño
de trocarlo en galonada baratija de nadie.
Y al atardecer,
subida al palo mayor catalejo en mano,
sentías que todo aquello que no era tierra a la vista
era tuyo.

Calendario, 1998.