Categoría: Literatura española

Ramón Irigoyen

Sin título, de Carlos Alcolea (Serie Greta Garbo. Desnudo en la piscina)

Ramón Irigoyen (Pamplona, 1942) es, además de un excelente traductor de poesía griega moderna, uno de los poetas más personales de la generación del 70. Sus versos son una crónica audaz e insolente de su tiempo.

ARTE POÉTICA

Every poem an epitaph
ELIOT

Un poema si no es una pedrada
–y en la sien–
es un fiambre de palabras muertas
si no es una pedrada que partiendo
de una honda certera
se incrusta en una sien
y ya hay un muerto.

Cielos e inviernos, 1979.


Ricardo Defarges

Atmósfera, de José Navarro Vives

La poesía de Ricardo Defarges (Barcelona, 1933) evoluciona desde el verso escueto, austero y sencillo de su juventud hacia formas de mayor densidad de pensamiento, no exentas de cierto culturalismo.

UN ARTE POÉTICA

Hasta la luz entra más débil
por el cristal de tu conciencia;
hasta los cuerpos queman menos
cuando recientes en la tierra.
Las cosas se afirman y viven
dentro de ti, con menos fuerza.

Aún quisieras tú decir algo
que se diga por vez primera.
Aún te propones ese diálogo
en que el otro nunca está cerca.
¿Es ansiedad por dar la vida,
o un intento de merecerla
bajo la forma del amor?
Sin objeto tu sentir piensas.
Como el frío viento de marzo,
marchas en tu misión a ciegas.

Habla, pues, y cuéntale al hombre
esa aventura, para él vieja,
de irse apagando sin remedio.
Quieres que ello sin estridencia
se cumpla en ti. Y en algún modo,
es una aspiración ya cierta:
por muy alta que se pronuncie,
siempre el hombre es sordo a la queja.
Mas no hagas voz de tu silencio;
encuentra una palabra densa,
bien que repetida y oscura
como la de un hombre cualquiera.
No hay tragedia en la vida humana,
hay sólo una valiente anécdota.

Y del mundo, tenaz y vasto,
aunque en tu interior pierda fuerza,
recoge, como un fiel resumen,
y como luz de hoy en tu senda,
la de las gotas de la lluvia
que fugazmente se atraviesan
en el aire, caricia oscura
que tu piel absorbe muy lenta.

Antología poética, 1960-2004.


Francisco Umbral

490, de Luis Feito

La crítica reconoce en la prosa del narrador y periodista madrileño Francisco Umbral (1935-2007) una fuerte impronta poética. Su poesía, menos conocida, debe, a su vez, mucho a su faceta de narrador y de cronista de su tiempo. La actualidad, la memoria y el sexo son algunos de los temas claves de su lírica.

VOY A PONER PRIMERO, DONDE EMPIEZA ESTE LIBRO…

Voy a poner primero, donde empieza este libro,
un cuchillo de tiempo que he visto en la cocina,
voy a poner delante, porque el lector lo use,
un bruñido abrecartas, pulcro de asesinatos.
Quiero abreviar las cosas o dar facilidades,
que las páginas negras, duras por todas partes,
pueda el lector abrirlas como matando un primo.
Voy a poner delante, donde este libro acaba,
un puñal que sujete su dispersión de puta:
crímenes y baladas, cosas que me pasaban
cuando el color del pene era de oro molido.

Hay que echar a puñados, como se coge fruta,
páginas y palabras en las manos de nadie.
Hay que ordenar la tinta como un mar que se peina,
y que el hilo del tiempo, de donde cuelga ropa,
ponga a secar la prosa, las bragas de una chica.
Luego el lector, despacio, con aterido acento,
dice en voz alta cosas, frases que le han quedado,
vive ya del veneno gris de los malos libros,
pero se ha acostumbrado, ha de seguir leyendo:
toma el puñal o copa, abrecartas o libro,
bebe por cualquier parte, huye declamatorio,
vuelve a la librería, recobra su dinero
y en un rapto que repta se suicida cantando.
Ya está todo cumplido, la muerte ordena el mundo,
mi libro iba por libre y hoy se viste de entierro:
hemos matado a un dulce y terco seminarista.
Antologías letales o dagas de cocina,
lentos alejandrinos, prosas como emboscadas,
trampas para muchachas, el corazón o el sexo.
Hay que reunir esfuerzos, libros, antologías,
y hacer con ello fuego, luces de fin de mes
a ver si alguien nos mira, si una preadolescente
comprende que su vulva, rosa de Alejandría,
es el lugar de un crimen, cópula o pie de imprenta.

Crímenes y baladas, 1981.


Alberto Lista

La creación de Adán, de Francisco Bayeu

La obra poética de Alberto Lista (Sevilla, 1775-1848) comprende poemas religiosos, amorosos y de asuntos civiles. De gusto neoclásico, tomó como modelos a los poetas españoles del Siglo de Oro, en especial a Herrera y a Rioja.

LA ILUSIÓN DULCE DE MI EDAD PRIMERA…

A Albino

La ilusión dulce de mi edad primera,
del crudo desengaño la amargura,
la sagrada amistad, la virtud pura
canté con voz ya blanda, ya severa.

No de Helicón la rama lisonjera
mi humilde genio conquistar procura:
memorias de mi mal y mi ventura
robar al triste olvido solo espera.

A nadie sino a ti, querido Albino,
debe mi tierno pecho y amoroso
de sus afectos consagrar la historia.

Tú a sentir me enseñaste; tú el divino
canto y el pensamiento generoso:
tuyos mis versos son, y esa es mi gloria.

Poesías, 1837.


Vicente Tortajada

Meninas, de José Barreiro Gómez

La poesía de Vicente Tortajada (Sevilla, 1952-2003), austera, meditativa e irónica, muestra un gran dominio del oficio. La ciudad, la noche, la literatura ajena y las obras de arte son el punto de partida para la reflexión sobre la soledad, la muerte, la locura.

EL RARO CONSUELO QUE DA LA PROFESIÓN

Puedo leer en Roma, junto a Piazza de Spagna:
«Il poeta inglese Giovanni Keats
mente maravigliosa
cuanto precoce mori
in questa casa il 24
febraio de 1821
nel’anno ventiscesimo della sua etá».
Puedo oír a Gogol y sentir sus palabras,
en su extrema –«pero ¿qué les he hecho?
¿por qué me han torturado?»– y última delgadez.
En la casa de Poe, recortes de diarios:
«muchedumbres que rinden el tributo a sus obras»
–y fuera, en la pared, el cuidado graffiti
«El sucio el asqueroso degenerado Bob
estuvo aquí de Boston, de North End, Mass.
Podrido hijo de puta»–, en la casa de Poe.
Puedo ver a Lelian llorando por un vaso.
O a mi querido Bécquer…
Puedo evitar los ojos de Mishima,
su sangre ante millones de latas de cerveza…
Perdida para siempre la gracia de su mar.
Puedo pensar en Lowry viviendo en Eridanus,
rezando a Dios para encontrar su rostro
en la tierra profunda o en las cumbres del aire,
en el nocturno viento o en las barrancas donde
telarañas de otoño flotan en el crepúsculo?
Bebiendo su after shave.
Pero todo se aclara: Tal vez esos recortes
de prensa, o las selected letters,
y gritos, sobre todo, restos de hambre, vicios
recogidos en las casas-museos
o el dinero oficial para las biografías,
sean un raro consuelo…
(Y fuera, en la fachada,
«el sucio el asqueroso degenerado Bob
estuvo aquí de Boston, de North End, Mass.
podrido hijo de puta.)
Quizá el raro consuelo que da la profesión.

Pabellones, 1990.