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Ana María Fagundo

Soledad al desnudo, de Aurora Bravo

Para la poeta canaria Ana María Fagundo (1938-2010), la poesía se concibe como un medio de indagación en el misterio del ser. Sus versos son una afirmación de la permanencia de la vida y la rotunda presencia y participación de la mujer en ella.

MI POESÍA

Es como si la rosa
pétalo a pétalo
fuera desnudando su fragante tersura
y se quedara limpia
e infinita en la soledad.
O cual si a jirones como gritos
de contenido silencio,
se me fuera desarropando lo más íntimo
en una dolorosa entrega.
Así es
ese yo inmensurable del poema
que me surca lo más hondo
que me cierne
me estremece y crucifica.

Brotes, 1965.


Mercedes Roffé

Camino infinito, de Mariana Semino

El diálogo con otros poetas, el cuestionamiento de los tópicos tradicionales y la exploración de las posibilidades del lenguaje literario son algunas de las características de la obra de la argentina Mercedes Roffé (1954).

VISIÓN PRISMÁTICA…

Visión prismática, dividida, dispersa. Un no sostenerse en el lugar sino rodearlo y rodear el vacío que se deja.

Observación: un mantener viva la llama de una pura fe sin credo ni culto ni Reliquia. Un mantenerse viva en la fe –un vacío.

Asíndeton. Aposición. La gramática como una anatomía. Teórica desnudez.

Memorial de agravios. O de las cosas que han pasado en esta tierra, 2002.


Ana Enriqueta Terán

Sin título, de Feliciano Carvallo

La poesía de Ana Enriqueta Terán (Venezuela, 1918) se caracteriza por su dimensión metafísica y su cuidada musicalidad. La huella del surrealismo está presente en esta escritura, que persigue el hallazgo, mediante la intuición, de todo lo que se oculta a la mirada del hombre.

PIEDRA DE HABLA

La poetisa cumple medida y riesgo de la piedra de habla.
Se comporta como a través de otras edades de otros litigios.
Ausculta el día y sólo descubre la noche en el plumaje del otoño.
Irrumpe en la sala de las congregaciones vestida del más simple acto.
Se arrodilla con sus riquezas en la madriguera de la iguana…

Una vez todo listo regresa al lugar de origen. Lugar de improperios.
Se niegan sus aves sagradas, su cueva con poca luz, modo y rareza.
Cobardía y extraño arrojo frente a la edad y sus puntos de oro macizo.
La poetisa responde de cada fuego, de toda quimera, entrecejo, altura
que se repite en igual tristeza, en igual forjeceo por más sombra
por una poquita de más dulzura para el envejecido rango.

La poetisa ofrece sus águilas. Resplandece en sus aves de nube profunda.
Se hace dueña de las estaciones, las cuatro perras del buen y mal tiempo.
Se hace dueña de rocallas y peladeros escogidos con toda intención.
Clava una guacamaya donde ha de arrodillarse.
La poetisa cumple medida y riesgo de la piedra de habla.

Libro de los oficios, 1967.


Margarita Carrera

Lluvia, de Dagoberto Vásquez

La poeta y pensadora guatemalteca Margarita Carrera (1929) cultiva una poesía combativa y rebelde, en torno a los problemas sociales de Guatemala y la condición de la mujer.

POEMAS PARA ESTOS DÍAS DE SANGRE

III

Y luego
no digáis que enmudecí
de pavor
que me oculté
tras el cómplice velo
miserable
del silencio.

No. No lo digáis.
Que mi grito
denuncia
la cruel metralla
la tibia sangre envilecida
los destrozados cuerpos
mancillados.

Mi grito
en la mirada
en la palabra
en el alma.

Mi grito de espanto
compañero del tuyo
hermano.

Poemas de sangre y alba, 1969.


Juana de Ibarbourou

Dama en el café, de Rafael Barradas

La poesía de la uruguaya Juana de Ibarbourou (1895-1979) se caracteriza por la exaltación sentimental de la entrega amorosa, la belleza física y la primavera.

LA CANCIÓN

Mientras fui dichosa
Canté para mí.
De día y de noche la canción aquella
No encontraba fin.

La alcé en primavera con los labios dulces
De perfume y miel.
La alcé en el estío con la boca bella
De tanto querer.

Rodaba mi canto como un viento suave
Por cima y hondor.
Lo deseaban todos con ansia de gozo
Para el corazón.

Cantaba y cantaba por completo extraña
A todo sufrir.
Con los ojos sanos, con la vista limpia,
Como ciega fui.

Mas la pena, un día, lo mismo que a un vaso
Quebró mi canción.
Poco estuve muda, porque es ley sin tregua
Que he de cantar yo.

Corazón en llaga tórnase vidente
Y a la ajena angustia se da en cabezal.
De hoy en adelante por todos los hombres
Tengo que cantar.

Las lenguas del diamante, 1919.