Etiqueta: XXI

Amalia Bautista

La poesía de Amalia Bautista (Madrid, 1962) se caracteriza por la tenue musicalidad de sus versos, de ritmo endecasílabo, el carácter epigramático y fragmentario, el tono coloquial e irónico y los temas cotidianos: la soledad, el amor, la pérdida de las iluisiones…

SHEREZADE

Llevo casi mil noches fabulando,
me duele la cabeza, tengo seca
la lengua y agotados los recursos
y la imaginación. Y ni siquiera
sé si me salvaré con mis mentiras.

Cuéntamelo otra vez, 1999.


Aníbal Crespo

Diego@pablo.com, de Raúl Lara

La poesía de Aníbal Crespo Ross (Bolivia, 1948) gira en torno a la pasión amorosa y a la búsqueda de lo sagrado en un mundo donde acecha el mal. Su lenguaje ha sido definido como “salvaje y ardiente”.

AL FINAL DE ALGUNOS DÍAS…

Al final de algunos días
siento
el peso del planeta en mis espaldas
y la sangre agobiada
por tanto desacierto.

Al final de algunos días,
necesito escribir…

Escribir estos signos
estas letras,
que son mi identidad secreta,
mi armadura
y también
la puerta de mi alma
(que a veces alguien abre
y puede llegar donde yo no puedo).

Escribir para doblegarme,
escribir y escribir…

Escribir y continuar escribiendo;
a los sueños que me sueñan
a las furias que me hieren
al amor que me sostiene.

Continuar escribiendo
porque la escritura

es la única forma de acabar conmigo.

El amor lejos del mundanal ruido, 1995.


Balbina Prior

Personaje de medio cuerpo con colores de Malevich, de José Manuel Ciria

La poesía de Balbina Prior (Córdoba, 1964) presenta una visión desencantada e irónica sobre los amores, el paso del tiempo, los problemas del mundo globalizado, la fe en Dios o la propia creación poética.

LA LÍRICA DEL VIAJE

Nunca fue la belleza en un poema
lo que busqué, era cosa de inermes mujeres.
Primero creí en la metafísica y en la entelequia,
desaprobé todo lo que no tuviera aristas,
pero el poema críptico cada vez hacía más aguas,
poesía a la deriva y siempre la forma,
la Sacra Forma.

Fue cuando llegué a lo cotidiano,
después a lo intrascendente,
y por último descendí por las escaleras
al nightclub de las vanidades.
Perdida la complejidad, todo era atraco narrativo.
De nuevo a la deriva y ya con demasiados cumplidos
no estaré por descubrir de críticos ávidos
de joven poeta desechable,
poesía de intencionado abuso,
nada valgo si entro en años y sobrepeso.

Como gato escaldado me adentro
en el uniforme a rayas del eclecticismo,
desgastadas todas mis zapatillas de esparto,
quizás sin paisaje definido ahora
todo esté por descubrir.
Al fin la lírica del viaje.

Y llegados a lo cursi
de la metapoesía, seguiré aquí,
de pie, hasta que acabe
con la palabra, o ella conmigo y mis días,
pero ¡cuidado! tengo un revólver de subasta
que perteneció –dicen– a Hemingway.

En los andenes de la Era Heisei, 2001.


Enrique Jaramillo Levi

Rosa y ámbar, de Teresa Icaza

La poesía de Enrique Jaramillo Levi (Panamá, 1944) indaga en el absurdo existencial, el erotismo, el dolor humano, la propia poesía… Su lenguaje, sobrio, está teñido de ironía.

APROXIMACIONES

La poesía es el asombro,
el desvelo pensando el misterio,
la vigilia frente al encantamiento,
un retazo arrancado de soslayo a la vida.

La poesía es la palabra revestida
pero también la que se descarna
cuando finalmente opta por nombrarse,
la que dice todo pero a menudo calla.

La poesía es uno mismo
y es el otro siempre, siempre;
un borbotón ansioso de beber es la poesía
y también la seca plenitud del momento.

La poesía es el silencio que crepita,
un manantial sorbiéndose a sí mismo,
los escombros que se vuelven alegría
en cada nuevo vislumbre titubeante.

La poesía es manifestar enojo
y franca disconformidad
ante la miseria humana
o la siempre inaceptable explotación.

La poesía es una de tantas
tímidas aproximaciones
a las entretelas del amor
expresadas con fulminante acierto.

Entrar saliendo, 2006.


Leopoldo Sánchez Torres

Tú Jane, yo Tarzán., de Amable Villarroel

Leopoldo Sánchez Torres (Asturias, 1963) es, además de poeta, el director del «Aula de las metáforas», la única biblioteca española especializada en poesía. Su obra poética registra el paso de los días, con nostalgia e ironía, en un lenguaje leve, pero sugerente.

LAS CALLES QUE HAN LLORADO NUESTRA DICHA…

Las calles que han llorado nuestra dicha.
La luz pequeña y blanca del invierno.
El río de palabras que nos lleva
al mar de incertidumbre de la noche.

Monedas, candelabros, aguafuertes,
espadas, catedrales, taxis, nubes.
El rumor de una página de sal
en la dura oquedad de un cuarto oscuro.

Un grito, una promesa, una violeta.
La maraña del tiempo, la memoria.
La negra segadora en ese cuadro
que cuelga en las paredes de la vida.

La naranja del mundo inquieta espera
que le quite la piel algún poema.

Lugares comunes, 1991.