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Moraima Guanipa

Para Moraima Guanipa (Venezuela, 1961) “escribir poesía es una forma de estar en el mundo”. Su obra poética gira en torno a la memoria, propia y ajena, la palabra como vivencia transmutada, y la ciudad y su latido cotidiano.

HECHOS DE POESÍA

Los poetas son seres frágiles.
Pueden desvanecerse de amor
o de demasiada vida.

Cuentan que un poeta murió
con solo pincharse el dedo
con la espina de una rosa.
Dicen que otro encontró
con una bala
el lugar exacto del corazón.
Hubo alguno que, insomne,
no atinó el tiro al blanco
al despedir su vida de cuarenta años.

Las poetas buscan medios más naturales
o domésticos.
Un frío lago recibió
la desesperación de una mujer
con piedras en los bolsillos.
Otra fue alga marina
y el mar la nombra en cada ola.
Otra respiró la muerte
invisible, incolora, del gas.

La muerte,
la desprestigiada muerte,
recibe con miedo esta fragilidad.
Teme este decir infinito
en el que una palabra, una sola palabra
llena de ecos al mundo.

Bogares, 1998.


Jordi Doce

La poesía de Jordi Doce (Gijón, 1967) hunde su raíz en la tradición europea de la poesía meditativa y de la búsqueda de la trascendencia. Sus poemas suelen tener origen en alguna anécdota, a partir de la cual nos descubre un mundo complejo.

PARA VIVIR

La mano escribe para no morir.
O cuenta el mundo en sílabas contadas
para decir: aquí termina el mundo,
fuera impera la noche
y el frío de la noche,
el lento gotear de las estrellas
y su terco silencio impenetrable.

La mano escribe para no morir.
Semeja su hermana, la lengua,
envuelta en un temblor que no comprende,
ajena a la raíz que la redime.

La mano escribe para no morir.
O dice el mundo en sílabas contadas
para decir: aquí termina el mundo,
fuera impera la noche
y el frío de la noche,
quietud de lo que nunca vive o muere
pues nunca tuvo nombre.

Otras lunas, 2002.


Antonio Méndez Rubio

Antonio Méndez Rubio (Fuente del Arco, Badajoz, 1967) concibe la escritura poética como “un deseo de diseminación del yo”. Su obra entronca con el simbolismo y la vanguardia en su preocupación por explorar los límites del lenguaje a la hora de traducir la realidad.

VER CON PALABRAS…

Ver con palabras,
a su trasluz,
la palabra perdida:

designio no elegido
cepo no absurdo
éste de reinventar
otra forma más cruda
y más definitiva
de ceguera.

Trasluz, 2002.


Esperanza Ortega

La poesía de Esperanza Ortega (Palencia, 1953) se construye de espaldas a tendencias y escuelas, sin más guías que la intuición y el respeto al ritmo interior del poema. Sus versos invitan al lector a descubrir la belleza en lo pequeño y lo insólito en lo cotidiano.

ELLAS SÍ QUE TE ESPERAN…

Ellas sí que te esperan
ellas sí que regresan si las dejas volar

con tensa mansedumbre
van diciendo sus nombres

Cobijo
Lentitud
Vaivén
Entrega

Sometida Indeleble Guiadora

los pronuncian con miedo
—alguien ha maltratado
su humilde voz desnuda—

por eso les perdonas que callen tantas veces
que ninguna te diga cómo entraron en ti
por qué hueco insondable se abrió tu corazón

cómo burlan tu asedio
las cautivas
cuando husmeas a oscuras en sus nidos

Hilo solo, 1995.


Álvaro García

Para Álvaro García (Málaga, 1965), “la poesía no tiene que contar la vida, sino tener en cuenta lo vivido”. La anécdota puede lastrar al poema, tanto como la efusión o el confesionalismo. La verdadera poesía es un instrumento de precisión que opera sobre lo imprevisto, ampliando nuestra conciencia.

SITUACIÓN

Hablar de nada es, hoy, hablar de mucho.
No va a llover por más que tú analices.
Mantente, pues, a un lado y piensa en Beckett:
no hay nada que decir ni que escribir,
pero es imprescindible expresar eso.

Nadie respira porque le apetezca.
Si las palabras deben respirar,
que emigre este poema hacia sí mismo
y sea el verde sol del árbol solo.
La poesía tal vez sea un oxígeno,

un subir a por aire necesario
para bajar después a lo de siempre.
Te acuerdas de Mondrian y sus silencios,
tan plenos, tan callados, tan hablantes.
Lo mismo que él, solista del color,

tendrías que decir hoy lo que digas.
Que te perdone el día con su urgencia;
que te disculpe el hierro del instante.
Deja la actualidad, que se hace sola,
y ve al presente, que te necesita.

Intemperie, 1995.