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Adelardo López de Ayala

El testamento de Isabel la Católica, de Eduardo Rosales

El sevillano Adelardo López de Ayala (1828-1879) alcanzó gran éxito como autor de comedias burguesas, dramas históricos y zarzuelas. Su poesía, escrita durante el auge del Realismo, resuelve la amargura y el desengaño romántico en irónica y filosófica sonrisa.

LA PLUMA

¡Pluma: cuando considero
los agravios y mercedes,
el mal y bien que tú puedes
causar en el mundo entero;
que un rasgo tuyo severo
puede matar a un tirano,
y que otro, torpe o liviano,
manchar puede un alma pura,
me estremezco de pavura
al alargarte la mano!

Sus mejores versos, 1828 (póstumo).


Alfred de Musset

Rolla, de Henri Gervex (cuadro inspirado en el poema narrativo homónimo de Musset)

La poesía de Alfred de Musset (1810-1857) evoluciona desde un romanticismo mesiánico, que busca ser expresión de aspiraciones de progreso político y social, a otro más intimista, centrado en la conciencia individual y en la pasión amorosa.

IMPROMPTU

En respuesta a la pregunta: ¿Qué es la poesía?

Ahuyentar los recuerdos, fijar el pensamiento,
sobre un bello eje de oro mantenerlo oscilante,
inquieto e inseguro, mas sin embargo quedo,
acaso eternizar el sueño de un instante.
Amar lo puro y lo bello y buscar su armonía;
escuchar en el alma el eco del talento;
cantar, reír, llorar, solo, al azar, sin guía;
de un suspiro o una sonrisa, de una voz o mirada,
hacer obra exquisita, pletórica de gracia,
de una lágrima perla: esa es la pasión
del poeta en la tierra, su vida y su ambición.

1939. Nuevas poesías, 1836-1952. Traducción de M. Álvarez y otros.


Juan Clemente Zenea

Paisaje de Cataluña, de José Joaquín Tejada

Juan Clemente Zenea (Cuba, 1832-1871), antecedente americano de Bécquer, en opinión de Lezama Lima, es el representante central del segundo romanticismo cubano, más íntimo y sutil.

LAS TRES NOVIAS DEL POETA

(Del alemán.)
A Ramón de Armas y C.

Tres novias tiene el poeta:
La primera es la mañana,
Rubia virgen que se envuelve
En un manto de oro y plata.
Y la segunda es la tarde,
La beldad morena y lánguida
Que con gasas de luz fúlgida
Adorna su frente pálida.
–¿Cuál es la tercera entonces?
–La noche, la más amada,
La que entre blondas de luna
Soñolienta y triste pasa.
Cuando llega la primera
Con las puntas de sus alas
Hace vibrar los idilios
Sobre las cuerdas del arpa.
Al beso de la segunda
Salen del fondo del alma
Con la voz del sentimiento
Los romances y baladas.
La tercera viene luego
La bella musa elegiaca,
Y le brinda en copa de oro
La inspiración de las lágrimas.

Cantos de la tarde, 1860.


Mercedes González de Moscoso

Reflexión nº 1, de Camilo Egas

Mercedes González de Moscoso (1860-1911), poeta mayor del segundo romanticismo ecuatoriano, cantó las emociones tiernas y dulces de la vida cotidiana y hogareña. Cultivó con asiduidad el romance heroico.

COMO ESCRIBO

La luz del sol me daña; por la tarde
llamo a mis compañeras, a las sombras,
y pensando en mis muertos y en los que amo
de memoria compongo mis estrofas.

Surgen del alma débiles y tiernas
para arrullar mi sueño, son palomas
que abandonan el nido ya muy frío,
pues cayeron las flores y las hojas.

Las dejo que me arrullen, con el alba
abro mi libro azul con líneas rojas,
y las diseco allí como si fueran
pensamientos o blancas mariposas.

Así es como las creo y nunca cuido
del sentido del verso o de la forma,
que broten como brotan de las plantas
lirios azules y encarnadas rosas.

Mi cerebro sin luz, jamás podría
forjar idilios de color de aurora,
esos que surgen bajo forma extraña
llevando una caricia en cada nota.

Yo desconozco el arte; no construyo
estancias con jacintos ni magnolias,
mi musa no se envuelve en el ropaje
del azul de los cielos y las olas.

Se presenta muy triste y enlutada
envuelta en el misterio de las sombras,
sin otro adorno en la cabeza rubia
que un ave blanca con las alas rotas.

Por eso mis estrofas tan amadas
son de aquellas que gimen y sollozan;
con la noche despiertan a la vida
sin anhelos de aplausos ni de gloria.

Allí en el libro azul, muy en secreto
guardo mis avecitas melancólicas,
como guardé de niña las muñecas
de claros ojos y cabezas blondas.

Ya sabes como escribo… Te sorprende,
tú que conoces mis tristezas hondas?
Deja que las exprese en mi ignorancia
como expresan sus quejas las alondras.

Cantos del hogar, 1910.


José Gautier Benítez

El estudiante, de Francisco Oller

A José Gautier Benítez (1848-1880) se le conoce como el Bécquer puertorriqueño, por ser el más alto exponente del posromanticismo en su país. Escribió poemas a la amistad, la patria, el amor y la muerte.

EL POETA

Nace, vive y adelanta
Por la senda de la vida,
Y al recibir una herida
La cítara toma y canta;

Y la turba se divierte
Con él que, fija en el cielo
La mirada, por el suelo
Do lleva el paso no advierte.

Él se queja, y mientras tanto
Se le escucha sonriendo,
Quizás a veces creyendo
Que son ardides del canto.

Y en su profunda aflicción,
De sus canciones benditas,
¡Cuántas, cuántas van escritas
Con sangre del corazón!

Aunque el genio el canto exhale
Canta al par dolor y gloria
Que el laurel de la victoria
Cuesta más de lo que vale.

Y al esparcir gloria y luz
Del mundo en el escenario,
Encuentra en él su calvario
Y su martirio en su cruz.

Si Jesús en su suplicio
Llegando el último instante,
Desencajado el semblante,
Consumado el sacrificio,

Entre el ronco vocerío
Del pueblo que le insultaba
Con dulce amor exclamaba:
«¡Perdonadlos, Padre mío!»

Si su frente desgarrada
Por la sangrienta corona
Al suelo inclina y abona
La clemencia su mirada,

También el bardo, al sentir
Que se acerca su partida
Sintiendo luchar la vida
Con las ansias del morir,

Venciendo su mal profundo
De su lecho se levanta,
Su cítara toma, y canta
Como el cisne moribundo.

Siendo aquél su último canto
De su eterna despedida,
Pura esencia de su vida
Y perfume de su llanto,

Que cuando la frente inclina
Al peso de su corona,
¡También bendice y perdona
Al mundo que le asesina!