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Gaspar Núñez de Arce

Los gladiadores, de José Moreno Carbonero

Para Gaspar Núñez de Arce (Valladolid 1834-1903), la poesía, para ser estimada, “debe pensar y sentir, reflejar las ideas y pasiones, dolores y alegrías de la sociedad en que vive”. Con un estilo retórico y grandilocuente, trató temas cívicos y filosóficos en sus versos.

LAS ARPAS MUDAS

La virgen poesía,
Huyendo de los hombres,
Se pierde en las profundas
Tinieblas de la noche.
Las arpas enmudecen,
Y el eco no responde
Sino a los broncos gritos
De cien revoluciones.

¡Ay! Cuando la tormenta
Cierne sus negras alas,
¡La tímida avecilla
Se oculta y tiembla y calla!
¿Qué valen sus gorjeos
Ante la voz airada
Del trueno, que retumba
En valles y montañas?

¡Qué cambio y qué contraste!
Ayer llenaba el mundo
La inspiración sublime
De Schiller, Byron y Hugo.
Hoy sobre nuestras almas,
Que envileció el tumulto,
Parece que gravita
La losa de un sepulcro.


William Butler Yeats

Rose, Shamrock, y Thistle, de George W. Joy

La poesía del irlandés William Butler Yeats (1865-1939) cantó en sus comienzos los mitos antiguos de Irlanda con un lenguaje musical exquisito. Luego, abandonó los excesos ornamentales buscando una poesía más desnuda.

A LA ROSA QUE ESTÁ SOBRE LA CRUZ DEL TIEMPO

¡Rosa roja, orgullosa Rosa, triste Rosa de mis días!
Acércate mientras canto antiguas tradiciones:
Cuchulain combatiendo con la fiera marea,
el canoso Druida, criado en el bosque, de ojos calmos,
que sumió en sueños a Fergus, y en la ruina,
y tu propia tristeza, de la que las estrellas, envejecidas
de bailar con sandalias de plata sobre el mar,
cantan con su alta y solitaria melodía.
Acércate: que, no cegado ya por el destino humano,
bajo las ramas del amor y el odio hallo
en cuantas cosas necias viven sólo un día,
la belleza eterna, errante en su camino.

¡Acércate, acércate, mas deja
un hueco con que llenar tu aliento!
Para no oír más cosas vulgares que imploran,
la larva que se oculta en su agujero,
el ratón que junto a mí cruza la hierba
y esperanzas mortales que se afanan y pasan;
sino que sólo busque las extrañas cosas dichas
por Dios a los que han muerto ya hace mucho
y aprenda a cantar con una lengua ignota.
Acércate; quiero, antes que mi tiempo acabe,
cantar a la vieja Eire y sus leyendas.
¡Rosa roja, orgullosa Rosa, triste Rosa de mis días!

La rosa, 1893. Traducción de Antonio Rivero Taravillo.


Giosuè Carducci

Thais, de Ercole Rosa

Giosuè Carducci (1835-1907) es el más importante poeta italiano de finales del XIX: en sus poemas se supera el formalismo caduco de la poesía decimonónica, mediante el rechazo del sentimentalismo romántico y la vuelta a las formas clásicas y su decir ético.

PRELUDIO

Odio la poesía al uso; brinda,
fácil, al vulgo sus costados lacios;
alárgase entre abrazos rutinarios,
lánguida, y duerme.

Viva la estrofa quiero yo, que al ritmo
de pies y palmas en los coros salte;
su ala yo atrapo al vuelo, y ella, indómita,
niégase y lucha.

Tal la bacante, en el Edón nevoso,
de ávido fauno entre los brazos presa;
estrujadas, del pecho en flor las gracias
tiemblan más bellas.

Gritos y besos en la ardiente boca
mézclanse; el sol en la marmórea frente
ríe, y la larga cabellera ondula
trémula al viento.

Odas bárbaras, 1899. Traducción de Amando Lázaro Ros.


Théophile Gautier

Roger liberando a Angélica, de Jean Auguste Dominique Ingres

El francés Théophile Gautier (1811-1872) es el maestro del parnasianismo, corriente literaria que defiende el culto a la perfección formal, las líneas puras, “escultóricas”.

EL ARTE

Sí, la obra surge más bella
De una forma rebelde
Al trabajo,
Verso, mármol, ónice, esmalte,
No más cárceles falsas!
Pero, para andar derecha,
Calza,
Musa, un coturno estrecho.
Fuera el ritmo cómodo
Como un zapato demasiado grande
De modo
¡Que todo pie lo deja y toma!
Escultor, rechaza
La arcilla que modela
El pulgar
Mientras la inspiración vuela distraída,
Lucha con el carrara,
Con el paros duro
Y escaso.
Guardianes del contorno puro;
Toma de Siracusa
El bronce en el que firmemente
Resalta
El rasgo orgulloso y encantador;
Con mano delicada
Busca en un filón
De ágata
El perfil de Apolo.
Pintor, huye de la acuarela,
Y fija el color
Demasiado frágil
En el horno del esmaltador.
Haz las sirenas azules
Torciendo de cien formas
Sus colas,
Los monstruos de los blasones,
En su nimbo trilobulado
La Virgen y su niño Jesús,
Con el globo
Y la cruz encima.
Todo pasa. El arte robusto
Sólo en la eternidad,
El busto
Sobrevive a la ciudad,
Y la medalla austera
Que encuentra un labrador
Bajo tierra,
Revela un emperador.
Incluso los dioses mueren,
Pero los versos soberanos
Quedan,
Más fuerte que los bronces.
Esculpe, lima, cincela;
Que tu sueño flotante
–Se selle
En el bloque resistente.

Esmaltes y camafeos, 1852. Traducción de Monserrat Tarrés.


Blanca de los Ríos

Luna de miel, de Cecilio Pla

La sevillana Blanca de los Rios (1862-1956) destacó como estudiosa de los grandes escritores del siglo de oro y como narradora. Como poeta, tiene versos estimables, llenos de refinamiento y precisión.

LA HOJA BLANCA

¡Cuántas veces, la frente en la mano
y en el blanco papel la mirada,
entre el blanco papel y la mente
sorda lucha en secreto se entabla!

Como el mar solicita las velas,
como el aire estimula las alas,
el papel, con su casta blancura,
solicita a la idea y la llama.

Ven -le dice-; sumido en la mente,
pobre germen, te anulas, te matas;
tenue ser de la nada engendrado,
¿no te asusta el volver a la nada?

Ven, amiga; yo soy tu destino,
soy el aire que al águila aguarda,
soy silencio que aguarda armonías,
soy el mármol que quiere ser estatua.

Soy espera y misterio de cita;
tú la ignota belleza esperada;
soy lo incierto, lo vago, lo amorfo;
tú la línea, el color, la palabra.

Yo, mezquino papel, soy el lienzo
donde el Verbo su imagen estampa…
¡Cuántas veces impresa con sangre
en mi nieve su faz deja el alma!

«Las hablas mudas», Esperanzas y recuerdos, 1912.