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José Juan Tablada

Naturaleza muerta con granada, de Roberto Montenegro

José Juan Tablada (México, 1871-1945) es figura clave en la transición del modernismo a las vanguardias. Introdujo en nuestra lengua el haikai japonés y escribió poemas ideográficos en fechas tempranas. Su poesía, depurada y sintética, siente predilección por la imagen nueva y sorprendente.

PRÓLOGO

Arte, con tu áureo alfiler
las mariposas del instante
quise clavar en el papel;

en breve verso hacer lucir,
como en la gota de rocío,
todas las rosas del jardín;

a la planta y el árbol
guardar en estas páginas
como las flores del herbario.

Taumaturgo grano de almizcle
que en el teatro de tu aroma
el pasado de amor revives,

¡parvo caracol del mar,
invisible sobre la playa
y sonoro de inmensidad!

Un día… (Poemas sintéticos), 1919.

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Conrado Nalé Roxlo

Figura recostada, de Santiago Cogorno

La poesía de Conrado Nalé Roxlo (Argentina, 1898-1971) cultivó una poesía intimista, de gran perfección formal, dentro del canon estético del posmodernismo. También cultivó con acierto el pastiche literario.

EL GRILLO

Música porque sí, música vana,
como la vana música del grillo,
mi corazón eglógico y sencillo
se ha despertado grillo esta mañana.

¿Es este cielo azul de porcelana?
¿Es una copa de oro el espinillo?
¿O es que en mi nueva condición de grillo
veo todo a lo grillo esta mañana?

¡Qué bien suena la flauta de la rana!…
Pero no es son de flauta: es un platillo
de vibrante cristal que a dos desgrana

gotas de agua sonora. ¡Qué sencillo
es a quien tiene corazón de grillo
interpretar la vida esta mañana!

El grillo, 1923.

PÓRTICO

Este libro es la sombra de mi vida
fantasma de mi alma y de mi hora,
luz de jazmín en la pared derruida,
lágrima pura que la tarde dora.

Yacente estatua de la luz perdida
de la alta noche en la inquietante flora,
que en abismos de sombra sumergida
crea bajo los párpados la aurora.

En cuerda de violín, llamas y bruma.
Ala del ángel que me da la pluma
para que exprese mi temblor divino,

esto que apenas es y ya se pierde.
Fugaz grandeza de la rama verde,
brazo de flor y pedestal de trino.

Claro desvelo, 1937.

Daniel de la Vega

Paisaje, de Sergio Montecino

Junto a otros acentos, destacan, en la poesía del chileno Daniel de la Vega (1892-1971), el nostálgico, en los poemas que evocan la infancia y la vida de provincias, y el trágico, resultado de su visión romántica y angustiada de la vida.

¡OH, MUJER! ESTOS VERSOS TUMULTUOSOS Y OBSCUROS…

¡Oh, mujer! Estos versos tumultuosos y obscuros
que arrojo por la vida desesperadamente;
estos versos revueltos, espontáneos y duros
que lee –mansamente, sin inquietud– la gente;
estos versos llameantes, estos versos sombríos,
estos versos que tienen entrañas armoniosas,
son desesperaciones, son aullidos míos
ante el enigma eterno que hay en todas las cosas…

Yo tengo una inquietud que se retuerce loca
cuando interrogo al cielo buscando claridad,
con palabras de llamas que me queman la boca,
y quieren escapar hacia la eternidad!

De «Apuntes líricos», X, en Los momentos, 1918.

Pedro Prado

En la orilla, de Benito Rebolledo Correa

Pedro Prado (1886-1952), poeta posmodernista chileno, fundador del grupo de Los Diez, artistas unidos por el afán de “cultivar el arte con una libertad natural”, introdujo en su país el verso libre. También cultivó con maestría el poema en prosa y el soneto.

MI CANTO

No sé lo que voy a decir. Ignoro lo que voy a cantar.

Mi voz aún está en el fondo de mí mismo.

Sonrío como una madre que siente a su hijo agitarse en las entrañas.

Al igual de ella, yo no sé si mi canto será rudo como un hombre o tierno como una mujer.

No lo sé; pero estoy cierto de que vive y se nutre silenciosamente.

No lo sé; pero sonrío imaginando su belleza.

Cuando él nazca, yo también estaré entre la vida y la muerte.

Y cuando él pueda valerse por sí solo y lleguen mis amigos, yo lo presentaré orgulloso y embelesado.

Y él cantará con su voz pura y juvenil.

Mis amigos sonreirán indiferentes y yo no diré nada, nada…

Sólo sufriré, porque sus palabras, como aves perseguidas, buscarán mis oídos con insistencia.

Sólo sufriré, porque mi canto no tiene cabellos que poder acariciar, ni ojos que poder besar, ni cuerpo que proteger entre mis brazos tristes y paternales.

Los pájaros errantes, 1915.

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José Antonio Falconí Villagómez

Lironda 2, de Araceli Gilbert

José Antonio Falconí Villagómez (1895-1967) es uno de los poetas introductores de la renovación vanguardista en Ecuador. Su “Arte Poética (Nº 2)”, de 1921, es una especie de manifiesto dadaísta ecuatoriano. Su poesía posterior se inscribe, sin embargo, dentro del posmodernismo simbolista.

ARTE POÉTICA (Nº 2)

Como la rosa de los vientos sea tu musa
atenta al alisio del Norte
voltaica, dinámica, ultracósmica,
como al viento venido del Austro,
cuya brújula mire hacia un Polo
y al otro;
más allá de los límites cardinales,
de las latitudes remotas,
de los meridianos terrestres
y de los equinoccios.

Y tú, Poeta, sé la antena
que recoja las vibraciones del Cosmos
espectacular y polifónico
como el órgano de una Catedral.
Y canta todo lo que veas
sobre la tierra, digno y loable
de acuerdo con una personal estética,
pasando por la Venus rubia
y la hotentote calipgia…

Y sé también un poco enciclopédico
y otro poco cosmopolita,
para hablar el universal lenguaje
con todas las sirenas del Mundo
y olvídate de la Retórica
de la Academia y la señora Polilla
porque ya no hay gramáticos en el Orbe
y los últimos románticos
murieron en Flandes o en las Argonas
o en otro cualquier lugar de Europa,
luchando por esto o aquello
para que triunfe Artropos.
Así, pues, arroja tus dados al aire,
Poeta dadaísta,
sin que te importe el prójimo una higa
pues asistes a tu propio espectáculo
sin cobrar tarifa.
Y que rujan los Zoilos y Sanchos,
los “estupendos críticos”
que te miran con ojos oblicuos
y por toda respuesta, regálales,
de vez en cuando,
como miel hiblea
o una esencia sutil por gotas,
la palabra eficaz y oportuna,
talismánica y heroica
de Cambronne.

1921. El surtidor armónico, 1956.