Autor: editor

Javier Heraud

Pescador, de Oscar Allain

El poeta guerrillero peruano Javier Heraud (1942-1963) tenía sólo 21 años cuando murió acribillado por las fuerzas del orden, convirtiéndose en una de las leyendas vivas del Perú. Contribuyó con sus versos a limpiar de retórica la poesía de su tiempo.

ARTE POÉTICA

En verdad, en verdad hablando,
la poesía es un trabajo difícil
que se pierde o se gana
al compás de los años otoñales.

(Cuando uno es joven
y las flores que caen no se recogen
uno escribe y escribe entre las noches,
y a veces se llenan cientos y cientos
de cuartillas inservibles.
Uno puede alardear y decir
«yo escribo y no corrijo,
los poemas salen de mi mano
como la primavera que derrumbaron
los viejos cipreses de mi calle»).
Pero conforme pasa el tiempo
y los años se filtran entre las sienes,
la poesía se va haciendo
trabajo de alfarero,
arcilla que se cuece entre las manos,
arcilla que moldean fuegos rápidos.

Y la poesía es
un relámpago maravilloso,
una lluvia de palabras silenciosas,
un bosque de latidos y esperanzas,
el canto de los pueblos oprimidos,
el nuevo canto de los pueblos liberados.

Y la poesía es entonces,
el amor, la muerte,
la redención del hombre.

Poemas de Rodrigo Machado, 1961.


Alfonso Canales

Paisaje, de Jesús de Perceval

La poesía del malagueño Alfonso Canales (1923-2010) se caracteriza por aunar lo vivencial y una profunda formación clásica; también por su refinada conciencia del lenguaje.

ESTE POEMA

Lo que una herida abierta
diría si pudiese,
lo que hablase una herida
que empapara sus vendas con palabras
de sangre viva, mal deletreadas
con esfuerzo, el absurdo
razonamiento de una herida, este
poema es. No dice nada, sólo
rezuma, grita ay, se calla y luego vuelve
a su sólita queja, si los labios
logran desmesurarse.
Una herida carece
de elocuencia, y acaba
por resignarse a su dolor, dejando
que el líquido dibuje, piel abajo,
líneas de indiferente
melancolía, líneas para que nadie entienda
lo que quieren decir.
Este poema
intenta supurar una infinita
desesperanza, y pide
perdón al que lo lea y se contagie.

Poemas de La teja y Nuevos poemas de la teja, 1998-2000, en Ocasión de vida, 2006.


Rubén Bonifaz Nuño

El corazón de Berenice, de Roger Van Gunten

El poeta mexicano Rubén Bonifaz Nuño (1923-2013), traductor de Homero y Ovidio, destaca dentro de su generación por su clasicismo formal, su vasta erudición y su perfección técnica.

YO SEGUIRÉ CANTANDO. TÚ HABRÁS MUERTO…

Yo seguiré cantando. Tú habrás muerto.
Habré yo muerto y seguiré cantando.
Ha de sonar mi voz de vida, cuando
la muerte en celo me haya descubierto.

Como surgidas del sepulcro abierto,
mis palabras; en ellas, abrasando,
irá este amor, hoy pasajero y blando;
entonces ya, definitivo y cierto.

Y nosotros, ya entonces, ni siquiera
huesos ni polvo ni recuerdo, juntos
estaremos. Es triste nuestra vida.

Sólo mi voz hará la primavera
que quisimos; los cálices difuntos
que arderán con tu nombre y su medida.

De otro modo lo mismo, 1979.


Martín López-Vega

Naturaleza viva, de Concha Lagoa

El asturiano Martín López-Vega (1975) concibe la poesía como una forma de construcción de la dicha. Con el apoyo de la memoria, el poeta sustituye “lo que la vida es por lo que la vida fue”.

EL POEMA

Esa red en la que quedan las briznas del día:

Las mujeres que con la bandera roja enrollada en la mano
dan paso a los trenes
sin ver llegar el tren de la vida

Un perro muerto a la orilla de la vía

Los hombres que pescaban de noche
en la Nova Praia dos Ingleses
ignorando estar dirigidos
por el negro motor del mundo

La sombra de Gina
en cada rincón de una ciudad que fue con ella
y cuando fue sin ella no fue nada
y ya nunca será nada

Nathalie conduciendo camino de Foz
con un sueño en los ojos
de esperas y sueños pasados
que tal vez un día lleguen a cumplirse

Árbol desconocido, 2002.


Cintio Vitier

cintiovitier

Para el cubano Cintio Vitier (1921-2009), miembro destacado del grupo Orígenes, que profundizó en los vínculos entre literatura e identidad cultural, la poesía es canto, celebración; también, el lugar donde se dan cita el minúsculo detalle y la magia de la vida.

ARA LA LETRA SIN SABER…

Ara la letra sin saber
si un día fructificará,
si ha de ser trigo, estela o nada
la escritura de soledad.

Pasan los días con los signos
que nos prometen no pasar,
vase girando la humareda
y el texto empieza a amarillear.

Que entre esas brasas haya una
que a alguno pueda calentar,
o acabe todo en el silencio
de las estrellas sobre el mar:

pobre destino de escribir
en sustitución del obrar!
Y quién sabe si la palabra
el Verbo la perdonara!

Canto llano (1953-55), en Testimonios, 1968.