Autor: editor

Eugène Guillevic

Flores, de Paul Aizpiri

Para el francés Eugène Guillevic (1907-1997), el poeta es “aquel que tiene el poder de hacer con la lengua de su país ciertas combinaciones de las que los otros hombres tienen necesidad, para reconocerse, para reconocer el mundo, para vivir”. Su poesía es concisa y sugestiva.

QUISIERAS…

Quisieras
avanzar en tu poema
como un arroyo

sinuoso, apresurado

y tiemblas por volverte
como un estanque

donde quizá, estático,
no te reconocieras.

Arte poética, 1989. Traducción de Maliyel Beverido.


María Fernanda Espinosa

Ángeles de poesía, de Santiago Carbonell

En la obra de María Fernanda Espinosa (Ecuador, 1964) predominan los poemas breves, de versos cortos, con una gran fuerza expresiva. La ironía, el cuidado del ritmo y la exploración en la memoria son otras de sus características.

POÉTICA

Lo temporal está en nosotros
como en las ranas su metamorfosis.

Atados a la escritura
para no morir
nos enlazamos verbales
jungláseos
lianas buscando el eco.

Así el pasado permanece
empoemado.

Loba triste, 2000.


José Cereijo

Luz cenital, de Josep Cisquella

La poesía del pontevedrés José Cereijo (1957) se caracteriza por la expresión de inquietudes existenciales, el uso de una lengua poética precisa y natural y cierto clasicismo ético y formal.

EXEGI MONUMENTUM…

Me divierte la idea de imaginar la gloria
bajo la forma de una vieja estatua
en un rincón cualquiera (deyecciones
de infrecuentes palomas, y hasta quizá la inútil
sabiduría de algún erudito local,
más oscuro aún que yo, por único homenaje):
apreciable metáfora del modo
en que nos trata el tiempo,
reafirmando con ello su antigua, y merecida,
reputación de justo.
No me divierte menos sospechar que es probable
el que no exista nunca –salvo en este poema,
que adquiere así la condición de un corte
de mangas al olvido, vanidoso
y enteramente inútil, por supuesto.
Lamento únicamente
la imposibilidad de que me inviten
no a la inauguración, tan banal y aburrida,
sino al comienzo de su deterioro
o de su muy probable inexistencia:
a eso, en cambio, sí que asistiría
–como único invitado, desde luego,
y, aunque esté mal decirlo (ya lo sé),
no enteramente a salvo del orgullo.

Las trampas del tiempo, 1999.


Eduardo Langagne

Casa de alegría, de Carlos Pellicer López

Eduardo Langagne (México, 1952) destaca entre los poetas de su generación por el concienzudo trabajo prosódico, aprendido en las formas clásicas, la vanguardia y la poesía contemporánea.

SEIS

y tú pensando que duerme el sustantivo
porque tropieza tu mirada en el poema
y lo observas escrito en el papel
y es más inofensivo que un alacrán sin cola
y no se ve la espuma que rabia por la boca
y lo arrinconas
en el sitio de las cosas desgastadas

entonces no puedes entender
si el sustantivo es hipócrita
o te faltó coraje para hacerlo vomitar
o si te mira con los ojos de animal desconocido
que te va carcomiendo poco a poco
o si ya te ha matado y tú aún no percibes
el olor desgarrado de tu entraña

«Números», en Donde habita el cangrejo, 1980.


Manuel de Cabanyes

Visión satírica del juicio final, de Eugenio Lucas Velázquez

El barcelonés Manuel de Cabanyes (1808-1833) planteó una poesía de espíritu romántico desde un clasicismo formal y temático. Defendió la independencia moral del poeta y ensayó nuevos metros, imitando ritmos propios de la métrica latina.

LA INDEPENDENCIA DE LA POESÍA

Eu nunca consenti que a minha lyra
fosse lyra de cortes:
a verdad, a so unica verdade
soube inspirar-me o canto.
FRANCISCO MANOEL

Como una casta ruburosa virgen
se alza mi Musa, y tímida las cuerdas
pulsando de su arpa solitaria,
suelta la voz del canto.

¡Lejos, profanas gentes! No su acento
del placer muelle corruptor del alma
en ritmo candencioso hará suave
la funesta ponzoña,

¡Lejos, esclavos! Lejos: no sus gracias
cual vuestro honor trafícanse y se venden;
no en sangri-salpicados techos de oro
resonarán sus versos.

En pobre independencia, ni las iras
de los verdugos del pensar la espantan
de sierva a fuer; ni, meretriz impura,
vil metal la corrompe.

Fiera como los montes de su Patria,
galas desecha que maldad cobijan:
las cumbres vaga en desnudez honesta;
¡mas guay de quien la ultraje!

Sobre sus cantos la expresión del alma
vuela sin arte: números sonoros
desdeña y rima acorde; son sus versos
cual su espíritu, libres.

Duros son, mas son fuertes, son hidalgos
cual la espada del bueno: y nunca, nunca
tu noble faz con el rubor de oprobio
cubrirán, madre España,

cual del cisne de Ofanto los cantares
a la reina del mundo avergonzaron,
de su opresor con el infame elogio
sus cuitas acreciendo.

¡Hijo cruel, cantor ingrato! El cielo
le dio una lira mágica y el arte
de arrebatar a su placer las almas
y de arder los corazones;

le dio a los héroes celebrar mortales
y a las deidades del Olimpo… El eco
del Capitolio altivo aun los nombres,
que él despertó, tornaba,

del rompedor de pactos inhonestos
Régulo, de Camilo, el gran Paulo
de su alma heroica pródigo, y la muerte
de Catón generosa.

Mas cuando en el silencio de la noche
sobre lesbianas cuerdas ensayaba,
en nuevo son, del triunviro inhumano
la envilecida loa;

se oyó, se oyó (me lo revela el Genio)
tremenda voz de sombra invincada
que: ¡Maldito, gritó, maldito seas,
desertor de Filipos!

Tan blando acento y a la por tan torpe
tuyo había de ser, que el noble hierro
de la Patria en sus últimos instantes

lanzando feamente,

¡deshonor!, a tus pies, hijo de esclavo,
confiaste la salud: ¡maldito seas!
Y la terrible maldición las ondas

del Tíber murmuraban.

Preludios de mi lira, 1833.