Autor: editor

José Luis Vega

Monstera deliciosa, de Eduardo Ferraioli

José Luis Vega (Puerto Rico, 1948) fundó en 1972 la revista Ventana, que marca el alejamiento deliberado de la poesía social entonces en boga, a favor de una poesía más íntima y más atenta a sí misma.

BAJO LOS EFECTOS DE LA POESÍA

Bajo los efectos de la poesía
es posible viajar a la velocidad del pensamiento,
mirar el mundo entero flamear,
tocar con la punta de la lengua las estrellas,
soñar con la justicia universal.

Bajo los efectos de la poesía,
usted no es responsable de sus actos:
hablará en lengua extraña,
hará cópulas públicas,
cabalgará centauros.

Bajos los efectos de la poesía,
se ven blancas galaxias expandiéndose
en el ojo de la cerradura
y violines viejísimos
mudando el polvo de sus plumas.

No importa cuál sea su pasión,
fe, raza, sexo edad
o ensoñación política,
no debe avergonzarse de volar
bajo los efectos de la poesía.

Bajo los efectos de la poesía, 1989.


Rainer Maria Rilke

Bañista, de František Kupka

El poeta checo, en lengua alemana, Rainer Maria Rilke (1875-1926) expresó sus inquietudes existenciales en libros como Elegías de Duino y los Sonetos a Orfeo (1923). «Convertir la angustia en cosas» será la divisa de su poetizar.

¡OH, ALIENTO, TÚ, INVISIBLE POEMA!…

¡Oh, aliento, tú, invisible poema!
Puro trueque jamás interrumpido
del propio ser y el espacio del mundo.
Equilibrio en el que rítmicamente me sucedo.

Onda única del mar
que paulatinamente soy;
tú, el más rico en reservas de los mares
posibles, pura ganancia de espacio.

Cuántos de estos puntos de los espacios
estuvieron ya interiormente en mí.
Algunos vientos son como hijos míos.

¿Me reconoces tú, aire, lleno aún de lugares
en otro tiempo míos? Tú, una vez, lisa corteza,
redondez y hoja de mis palabras.

Sonetos a Orfeo, 1923. Parte II, soneto I. Traducción de Jaime Ferreiro.


Acacia Uceta

Paisaje con cráter, de Francisco Arias

Acacia Uceta (Madrid, 1925-2003) destacó entre los poetas de la memoria histórica, solidarios con los más humildes, comprometidos con la vida, con el amor al trabajo, la belleza, la paz y la justicia.

POR EL HOMBRE

Voy a cantar al hombre,
al hombre sólo.
Tapaos los oídos con cera los cobardes,
volved la espalda los indiferentes:
no callaré por eso.
No podría callar aunque me echaseis
un puñado de rosas a los ojos.
Imposible es hallar cumbre o crepúsculo
que arrasar no quisiera
por levantar del polvo a un desvalido.
Apagaría todos los luceros
por devolver a un ciego la mirada,
a un triste la esperanza,
o simplemente
por llevar un minuto de alegría
al ser más humillado de la tierra.
Sólo el hombre me importa,
sólo el hombre:
su vacío infinito,
su valentía y su temor trenzados,
su alma interrogante
azotada de siempre por la duda,
atada a una cadena de preguntas
sin posible respuesta;
su postura intermedia
entre la Nada y Dios
y su impotencia
para negar el pecho a la tristeza.
Tan sólo por el hombre,
por nosotros, hermanos, los pensantes,
los desvelados y los oprimidos,
seguiré golpeando y golpeando
en la hermética puerta clausurada;
seguiré suplicando
desde todas las voces ignoradas,
desde todos los nombres conocidos,
por los que han de venir y los que fueron,
por los niños enfermos,
por los soldados muertos,
por los muertos en el comienzo mismo de la vida,
por los triunfantes y los ajusticiados
de todas las prisiones de la tierra,
por el hombre de siempre
con su destino oscuro
abierto a los confines
lo mismo que una cruz irrevocable,
por su infancia marchita,
ensuciada por todos
sin compasión alguna a su pureza;
por su alocada juventud vencida
a golpes de renuncia y de fracaso,
por su vejez de plomo
vertiendo como alero
su mínimo caudal en el vacío…
Por esta sucesión interminable
de pasos vacilantes monte arriba,
por esta des de altura
de la que siempre fuimos rechazados,
por esta sumisión agradecida
hasta el límite mismo de la muerte,
yo vuelvo a alzar mi ruego
y vuelvo a alzar mi canto
en millones de voces repetido.
Y hablo otra vez del hombre,
de nosotros, hermanos,
en un plural abierto
sin frontera de tiempo ni de raza.
Y ahora que el ademán es aún pujante
sobre esta tierra dura que me aguarda
y bajo estas estrellas que me ignoran,
me descubro la herida,
la herida mía y nuestra,
tan vieja y tan dolida como el mundo,
a ver si la ve Dios, a ver si existe
una gota de gracia que la cure.

Frente a un muro de cal abrasadora, 1967.


Manuel Scorza

Gallinas, de Víctor Delfín

En la poesía del peruano Manuel Scorza (1928-1983) caben la imagen tradicional y la surrealista, la exaltación épica y la intimidad lírica, lo social y lo amoroso.

EPÍSTOLA A LOS POETAS QUE VENDRÁN

Tal vez mañana los poetas pregunten
por qué no celebramos la gracia de las muchachas;
tal vez mañana los poetas pregunten
por qué nuestros poemas
eran largas avenidas
por donde venía la ardiente cólera.

Yo respondo:
por todas partes oíamos el llanto,
por todas partes nos sitiaba un muro de olas negras.
¿Iba a ser la Poesía
una solitaria columna de rocío?
Tenía que ser un relámpago perpetuo.

Mientras alguien padezca,
la rosa no podrá ser bella;
mientras alguien mire el pan con envidia,
el trigo no podrá dormir;
mientras llueva sobre el pecho de los mendigos,
mi corazón no sonreirá.

Matad la tristeza, poetas.
Matemos a la tristeza con un palo.
No digáis el romance de los lirios.
Hay cosas más altas
que llorar amores perdidos:
el rumor de un pueblo que despierta
¡es más bello que el rocío!
El metal resplandeciente de su cólera
¡es más bello que la espuma!
Un Hombre Libre
¡es más puro que el diamante!

El poeta libertará al fuego
de su cárcel de ceniza.
El poeta encenderá la hoguera
donde se queme este mundo sombrío.

Las imprecaciones, 1955.


Jenaro Talens

Espiral, de Mateo Vilagrasa

La poesía de Jenaro Talens (Tarifa, Cádiz, 1946), destacado miembro de la promoción poética de los 70, indaga en el conocimiento de la realidad, a través de la reflexión sobre la propia poesía y del proceso creativo, y más tarde, a través de la vivencia existencial y el pulso de la emoción.

ARS POETICA

Chercher humblement à faire plaisir?
Los cuerpos que transmigro incoloran mi piel.
Es el estrago de una primavera
que yo decido primavera.
Y silenciosamente,
cómplice en el lugar del agujero,
muere el fantasma de Platón,
la metáfora del barco inscrito en el atardecer.
Mis ojos instrumentan
una mirada umbilical. El aire de la noche
genera aullidos, sueños del deseo
disolviéndose en torno a algunos pájaros
como si nieve móvil. Una música
que traspasa las grietas, su mensaje.
Transferir superficies constituye
la imagen aparente del objeto. Más allá
de su barbarie y su abstracción el labio magnifica
mi volumen. Así
la sucesión me engendra, me acumula. Un eco que produce
otros ecos, la historia, el hilo indestructible
que nada usurpa ni rehúsa: excede,
como la arena el pairo de las olas.

Taller, 1973.