Autor: editor

Emilio Ballagas

Danza afrocubana, de Mario Carreño

En los años 30, la obra de Emilio Ballagas (1908-1954) participa de las dos corrientes principales de la poesía vanguardista cubana: la poesía pura y la poesía negra. Más tarde, sus versos se teñirán de preocupaciones metafísicas y religiosas, sin renunciar por ello a la hermosura del lenguaje.

…Y MI CANTO

Se apagaron de pronto las campanas,
enmudecieron hoscos los balcones
y se espantó la luz en brusco vuelo.

Tendí con la mirada
luz sobre los caminos.
Y canté a pulmón vivo:
en cada nota iba un trozo de mí mismo.

Salpicando colores
sacudí en mil gorjeos
mi propio corazón…

…Y las puertas
se abrieron en triunfo,
hicieron eco todas las campanas,

y vino el pájaro de la alborada
a picotear estrellas en mi mano,
a posarse cantando en mi índice.

Júbilo y fuga, 1931.


Juan Manuel Bonet

Relojes, de Josep Enric Balaguer

El poeta español Juan Manuel Bonet (París, 1953) busca “un poema cuya forma, precisa e imprecisa a un tiempo, esté al servicio de la impresión fugitiva, del tiempo que huye”.

ESCRIBIR

Escribir –como si nada fuera importante–
el sencillo irse de las horas
sentado en la terraza de un café
de una provincia española.
Escribir, como si estuviera escrito
que el ruido de esas tazas sobre el mármol
tuviera que pasar el arroyo claro
de unos versos.
Escribir, como si nada fuera.

La patria oscura, 1983.


Guillermo Valencia

Desnudo, de Luis Eduardo Vieco

Según Anderson Imbert, Guillermo Valencia (Colombia, 1873-1943) escribió “con corazón romántico, ojos de parnasiano y oído de simbolista”. El eje temático de su poesía es la lucha entre la carne y el espíritu, el vicio y la virtud, la concepción pagana de la vida y los valores perdurables del cristianismo.

CANCIÓN

En mi verso de miel
he cantado la hiel de la ausencia.
¡Oh ardid de la crüel que secó mi existencia!

En rubio hilo de oro
engarzo el verso ahora, labrado con primor;
y con vigor tranquilo canto cosas de amor.

Jardines perfumados de rosas
y gacelas de ojos negros, y undosas
sedas de las gacelas.

La crüel fue jardín de mi pasión. Su rostro
rosas de ese jardín, y las combas nevosas
de sus senos,
sus deleitosas peras, sus granadas sabrosas.
Sus formas de jazmín eran panales llenos.

De hoy más quiero vivir entre vírgenes tiernas,
mirar la móvil gracia de sus piernas,
flexibles como ramas de frescor matinal;
vivir entre beldades
intactas como perlas que tiñó el coral.

Al son de unos süaves laúdes, pronto el labio
a la colmada copa que da el escanciador;
y olvidar el dolor, tendido en las praderas morosas,
entre rosas
de negligente olor.
Y aspirar los sutiles aromas de la carne fugaz;
saborear la esquiva saliva de los labios en flor
con besos
de mimo ardiente y puro
prefiriendo los gruesos
labios, los de color oscuro.
Y mis ojos cansados reposarán en su mirar;
y en su jardín sin par
la aurora
nos hallará sentados juntos al agua canora
que fluye sin cesar.

Catay, 1929.


Sergio Corazzini

Mujer sentada con vestido azul, de Amadeo Modigliani

Sergio Corazzini, nacido en Roma en 1886, y muerto en esta misma ciudad a los 21 años, es uno de los máximos representantes del crepuscularismo o decadentismo italiano.

AFLICCIÓN DEL POBRE POETA SENTIMENTAL

I

¿Por qué me llamas poeta?
Yo no soy un poeta.
Yo no soy más que un pequeño niño que llora.
Ves: no tengo ya más lágrimas para ofrecer al silencio.
¿Por qué me llamas poeta?

II

Mis tristezas son pobres tristezas comunes.
Mis alegrías han sido sencillas,
tan sencillas que si yo te las confiara, te ruborizarían.
Hoy pienso en morir.

III

Quiero morir, simplemente, porque estoy cansado;
solamente porque los grandes ángeles
de las vidrieras de las catedrales
me hacen temblar de amor y de angustia;
solamente porque yo ya soy
resignado como un pobre espejo melancólico.
Ves que yo no soy un poeta:
soy un niño triste que quiere morir.


Ricardo Molinari

Bañistas, de Lino Enea Spilimbergo

La poesía de Ricardo E. Molinari (Argentina, 1898-1996) expresa en versos exaltados y dolientes la aguda conciencia de transitoriedad del hombre, de ahi que esté a medio camino de la oda y la elegía. Cultivó con igual maestría las formas cultas y populares de la tradición clásica española y el verso libre.

NO SÉ SI CANTANDO SE SECA EL VIENTO…

No sé si cantando se seca el viento
o la voz pierde su humedad. Cuando pienses
que nadie entiende nada, y por qué vuelvo al sur;
y que hay personas que miran la poesía
como un tiempo perdido, igual que a una barga griega.
(Si ellos vieran la sombra debajo de un farol, mutilándose
como una ballesta, y a cada uno de nosotros
en su lucha
por salvarse del odio.)

Mañana cuando vuelva el aire
a cernirse sobre las flores, sobre las altas paredes
que custodian el mundo,
y los ángeles regresen cansados a sus árboles;
cuando el horizonte cante debajo del cielo
y haya hombres que bailen alegres, juntando los brazos vertiginosos,
y las aves del mar se quejen y vuelen alrededor de los mástiles,
yo pensaré: oh, mi hogar del sur, al oeste de un gran río,
y gozaré memoras agradables. -Alguna vez,
el olvido también correrá sobre el mar,
y mi tierra irá callada hacia la otra tierra sin esperanza,
y yo no sé si seré feliz.
Quien no haya oído nunca el viento lamentarse
en el hielo,
no sabe lo que es el recuerdo. Yo tengo los labios
húmedos de mirar por una ventana.
El olvido debe ser igual a la pampa;
así como un paseo concluido o una cabellera
que ha quedado reposando sobre el polvo.
Una rama de naranjas tiene el día, su color,
para el que pierde el aliento:
¡quién me pintará a mí una rosa en la más densa y alta obscuridad!
Espada, fresnos, montes de agua, mi soledad es tan parecida al frío del cielo,
que ya no tengo sed. (Mañana podría cambiar todo: la gimnasia. Vivir.
¡Si uno pudiera vivir de nuevo un día
pleno, sin personas!)
Yo tengo un gran deseo en la garganta
-nostalgia o viento-
clamor que se endurece: ser otro ser,
playa que no quiere ser mirada.
¡Víspera sin memoria,
luna sin agua!

Hostería de la rosa y el clavel, 1933.