Categoría: Autores

Aníbal Crespo

Diego@pablo.com, de Raúl Lara

La poesía de Aníbal Crespo Ross (Bolivia, 1948) gira en torno a la pasión amorosa y a la búsqueda de lo sagrado en un mundo donde acecha el mal. Su lenguaje ha sido definido como “salvaje y ardiente”.

AL FINAL DE ALGUNOS DÍAS…

Al final de algunos días
siento
el peso del planeta en mis espaldas
y la sangre agobiada
por tanto desacierto.

Al final de algunos días,
necesito escribir…

Escribir estos signos
estas letras,
que son mi identidad secreta,
mi armadura
y también
la puerta de mi alma
(que a veces alguien abre
y puede llegar donde yo no puedo).

Escribir para doblegarme,
escribir y escribir…

Escribir y continuar escribiendo;
a los sueños que me sueñan
a las furias que me hieren
al amor que me sostiene.

Continuar escribiendo
porque la escritura

es la única forma de acabar conmigo.

El amor lejos del mundanal ruido, 1995.


Juan Rejano

El gallo, de Enrique Climent

Juan Rejano (Córdoba, 1903-1976) es uno de los poetas republicanos de la generación del 27 cuya obra se desarrolla principalmente en el exilio, en México. Su producción está marcada por la nostalgia de la patria perdida, la preferencia por las formas tradicionales, cultas o populares, y el compromiso político.

EL NOMBRE

Si escribo gratitud, si escribo amor,
solo ofrezco unos signos. Signos. Nada.

Puedo escribir también pan, libertad,
y acaso se me quiebren las palabras.

Yo escribo en mis adentros hombre y pueblo,
y algún sentido tiene ya la fábula.

Lo más profundo siempre está en el nombre:
México, Cárdenas.

El libro de los homenajes, 1961.


Carlos Oliva

Cuenco, de Emil Alzamora

La poesía del peruano Carlos Oliva (1960-1994), publicada póstumamente en el volumen titulado Lima o el largo camino de la desesperación (1995), nos muestra una voz que se siente heredera de los grandes poetas malditos (Baudelaire, Rimbaud, Ginsberg), y al mismo tiempo sabe reírse de sí misma. Oliva fue uno de los fundadores del grupo poético Neón.

S/T

Tu tesoro, Carlos Oliva, es el amor que perdiste
en tus manos de navegante ebrio,
de náufrago sobre un tronco a la deriva,
de marino agotado de tanto nadar contra la corriente,
para llegar tenuemente hacia la resaca.
Mi poesía en sí no tiene nada que ver con la poesía:
es un clamor de condenado.
Es una protesta, pero esta protesta es principalmente
contra mí mismo.
El canto por el canto en sí no existe (ni siquiera en los pájaros).
El objeto de mi canto –lo que sea– es liberarme de mí mismo,
negarme a mí mismo, es decir, salvarme de mí mismo.
De mi propia autodestrucción que está a punto de desintegrar mi vida.
Es una protesta contra mi condición humana, narcisista y sórdida
y decadente.

Lima o el largo camino de la desesperación, 1995.


Vincenzo Cardarelli

Camino a Apuane, de Raffaele De Grada

La poesía del italiano Vincenzo Cardarelli (1887-1959) se caracteriza por la vuelta a la tradición y a los modelos clásicos. Sus temas preferidos son el amor, la amistad, el paso del tiempo, los retratos de pueblos y ciudades, la muerte.

INSPIRACIÓN ES PARA MÍ INDIFERENCIA…

Inspiración es para mí indiferencia.
Poesía: salud e impasibilidad.
Arte de silencio.
Como la tragedia es el arte de enmascararse.

Prólogos, 1916. Traducción de Marco Antonio Campos


Ismael Enrique Arciniegas

La niña de la columna, de Ricardo Acevedo Bernal

Idealismo romántico y brillantez parnasiana se mezclan en la poesía del colombiano Ismael Enrique Arciniegas (1865-1938). Hábil versificador, es autor de brillantes traducciones poéticas de Horacio y de poetas franceses del XIX.

MI MUSA

¡Oh, mi musa! ¡Oh mi novia!
¡Oh mi pálida amada!
Cuando el pesar mi corazón agobia,
como aurora me alumbra tu mirada.

Del alma tú naciste,
creada en un delirio;
te di griego perfil, mirada triste,
cabellos rubios y color de lirio.

Cuando tu pie se mueve
y a mí llegas en calma,
parece que vinieras de la nieve
y demandaras el calor de un alma.

Indefinible encanto
hay en tu rostro impreso.
Calla en mi alma del amor el canto,
muere en mis labios el ardiente beso.

Siempre a mi voz respondes,
y a mí estás tan unida,
que ni misterios en tu pecho escondes
ni hay para ti secretos en mi vida.

Cuando a mi lado veo
tu faz radiante y bella,
no me enciende la llama del deseo;
mi amor es rayo de lejana estrella.

Llegas a mí sin ruido
en noches estrelladas,
y tu mano en mis manos, al oído
me refieres leyendas y baladas.

Y el paseo emprenderemos
al rayo de la luna;
y cantando al compás de nuestros remos,
bogamos en la diáfana laguna.

En selvas rumorosas
te oigo historias secretas;
lo que sueñan las vírgenes hermosas,
lo que sueñan los pálidos poetas.

A los silbos dormidos
tú, trémula, apostrofas,
y sufren de los cármenes floridos,
cual mariposas blancas, las estrofas.

Y en castillos feudales
de góticas arcadas,
me narras los tronos medievales
y los cuentos de princesas encantadas.

Mi musa es musa casta,
musa con aureola;
como su amor a mi ternura vasta,
reina en mi pecho, inmaculada y sola.

¡Oh novia sin engaños!
¡Oh musa soñadora!
¡Di siempre la canción de los veinte años
en el fondo del alma que te adora!

Poesías, 1897.