Categoría: Autores

Ramón Ortega

Paisaje, de Álvaro Canales

Ramón Ortega (1885-1932) es uno de los fundadores de la poesía hondureña. Sus poemas, de factura exquisita, son de temática intimista. Su obra poética participa de los moldes propios del posmodernismo.

SENSITIVA

Mi soneto no es como las orquídeas triunfales
que se abren a la sombra de tus tibios salones,
ni cual los crisantemos de frágiles puñales
que decoran el Sevres azul de tus jarrones.

Es más bien una planta de marchita verdura,
que repliega sus hojas si una mano la mueve;
si un aurífero rayo del buen sol la tortura;
si la agitan los soplos de la brisa más leve.

Así cuando divaguen tus augustas miradas
por este libro lleno de rimas perfumadas,
entre las que mi estrofa se desenvuelve esquiva,

mi soneto, al contacto de tu mano armoniosa,
y al sentir que le baña con tu lumbre gloriosa,
recogerá sus hojas como una sensitiva.

El amor errante, 1931.


Allen Ginsberg

Hombre caminando, de Nathan Oliveira

Allen Ginsberg (1926-1997) es el poeta más destacado del movimiento beat, el de mayor repercusión de la contracultura estadounidense de mediados del siglo XX.

TEMA OBJETIVO

Es cierto que escribo sobre mí mismo
¿A quién otro conozco mejor?
Dónde se juntan más sangre rosas rojas y basura de cocina
Qué más tiene mi grueso corazón, hepatitis o hemorroides–
¿Qué otro vivió mis setenta años, mi vieja Naomi?
Y si por casualidad escribo sobre política norteamericana,
sabiduría, meditación, teoría del arte
es porque leí un periódico amé
a los maestros leí libros por encima y visité un museo

8 de marzo, 1997, 12:30 a. m.

Muerte y fama, 1999, póstumo. Traducción de Ana Becciu.


Manuel Gahete

Dos soledades, de Julia Hidalgo

El cordobés Manuel Gahete (1957) escribe en torno al amor, sentimiento en el que halla una mezcla de dolor y placer, de urgencia y locura, de felicidad e incertidumbre. Su lenguaje culto, selecto, barroco, es de una gran hermosura.

OFICIO DE ESCRIBIR

Escribo ser como si escribo nada,
con la sangre apretada por un puño
creciendo sobre el hueco de la carne.

Escribo amor como si escribo lluvia
para saberme vivo y que tú existes
en el húmedo adiós del horizonte.

Escribo paz como si escribo llanto,
sé que la sed del labio no contiene
tanto dolor de un hombre a la deriva.

Escribo Dios como si escribo muerte
para saberme aquí, que no estoy solo,
que funde el mar mi voz en lo infinito.

El legado de arcilla, 2004.


José Pérez Olivares

Ideal, de Gustavo Acosta

La poesía de José Pérez Olivares (Cuba, 1949) es una suerte de parábola moral sobre la condición humana. Su faceta de pintor se refleja en la belleza plástica de sus versos.

ALTERACIONES EN EL ORDEN DE LAS COSAS

Me gustan los poemas que salen de la sombra y relumbran,
esos poemas hechos con la seda de fantasmas,
con los enigmas de ciudades que cayeron vencidas por la noche.
Me gustan aquellos versos húmedos
como labios que destellan y murmuran sus desastres
de terrible inocencia.
He abierto de par en par mis palabras.
A través de ellas se evaden las profecías del tiempo;
a través de ellas se evaden las siluetas de amados cuerpos.
Sólo queda el mar con su oleaje transparente;
sólo queda el ansia del converso,
la huella del animal sediento de luz.
Prepárate a sentir el goce de antiguas agitaciones.
Prepárate a saborear aéreas texturas
que bajan del centro de ese estado de lucidez.
Algo nos convoca y nos reúne,
algo espejea allá abajo, donde no puedes ver.
Yo quisiera asir delgadas estructuras
y nombrar todo cuanto asedia;
quisiera dibujar con el dedo un nombre que palpite en el viento.
Llegan despacio las viejas doncellas de tu edad.
Llegan los delfines
y se instalan suavemente en las pupilas del insomne.
Quién eres tú que abres una puerta y te escondes,
tú que inauguras centellas y ardes como una brasa en la ceniza.
He palpado el gran sueño,
el gran sueño que decapita
la ciega realidad de los vencidos.
También he palpado los frutos de oro del árbol milenario
y tengo el sueño y el anhelo de fatales estaciones.
Háblame de aquel espejo de dos caras;
rompan los escudos de amianto, esas leves y exactas profecías.
Escribir es tocar a plenitud el lado oscuro de las cosas,
escribir es lanzar un garfio
contra el galeón enemigo.
Escribir es hacer flamear una espada
en el instante en que los perros ladran a la luna.

Cristo entrando en Bruselas, 1993.


Ramón de Garciasol

Éxodo, de Javier Clavo

Para Ramón de Garciasol (Guadalajara, 1913-1994), “el poeta es una expresión de su tiempo, de su mundo, y el poema un dictado de los mismos, muchas veces contra su voluntad, porque tiene que abandonar las rosas, lo consolador”. Su poesía, crítica, desarraigada, es solidaria con “los que viven por sus manos”.

¡SI PUDIERA CALLAR!

¡Si pudiera callar! Pero no puedo,
pero no querré nunca. Mira: lucen
sangre las sienes; al hablar traducen
sangre por la palabra. Con denuedo

hablaré con su lengua, con la mía,
en el coro de heridos graves. ¡Cómo
llevan razón, levantan sobre el plomo
de las alas la nueva melodía!

No me puedo callar ya más. No vale
para imponer silencio el latigazo
que me cruza la boca. Se alza, sale

la luz, tu luz, su luz, la luz de tanto
como escupiera sangre. Por mi brazo
mis venas llevan ríos con su llanto.

La madre, 1958.