Categoría: Autores

Blanca de los Ríos

Luna de miel, de Cecilio Pla

La sevillana Blanca de los Rios (1862-1956) destacó como estudiosa de los grandes escritores del siglo de oro y como narradora. Como poeta, tiene versos estimables, llenos de refinamiento y precisión.

LA HOJA BLANCA

¡Cuántas veces, la frente en la mano
y en el blanco papel la mirada,
entre el blanco papel y la mente
sorda lucha en secreto se entabla!

Como el mar solicita las velas,
como el aire estimula las alas,
el papel, con su casta blancura,
solicita a la idea y la llama.

Ven -le dice-; sumido en la mente,
pobre germen, te anulas, te matas;
tenue ser de la nada engendrado,
¿no te asusta el volver a la nada?

Ven, amiga; yo soy tu destino,
soy el aire que al águila aguarda,
soy silencio que aguarda armonías,
soy el mármol que quiere ser estatua.

Soy espera y misterio de cita;
tú la ignota belleza esperada;
soy lo incierto, lo vago, lo amorfo;
tú la línea, el color, la palabra.

Yo, mezquino papel, soy el lienzo
donde el Verbo su imagen estampa…
¡Cuántas veces impresa con sangre
en mi nieve su faz deja el alma!

«Las hablas mudas», Esperanzas y recuerdos, 1912.


Gilberto Owen

Paisaje de Papantla, de Gunther Gerzso

Gilberto Owen (1905-1952), componente del grupo poético mexicano Contemporáneos, cultivó una poesía hermética, pero impregnada por un particular sentido del humor y la ironía.

PUREZA

¿Nada de amor –¡de nada!– para mí?
Yo buscaba la frase con relieve, la palabra
hecha carne de alma, luz tangible,
y un rayo del sol último, en tanto hacía luz
el confuso piar de mis polluelos.

Ya para entonces se me había vuelto
el diálogo monótono,
y el río, Amor –el río: espejo que anda–,
llevaba mi mirada al mar sin mí.

¡Qué puro eco tuyo, de tu grito
hundido en el ocaso, Amor, la luna,
espejito celeste, poesía!

Desvelo, 1925.


John Donne

Frances Teresa Stuart, Duquesa de Richmond y Lennox, de Sir Peter Lely

Las canciones y sonetos amorosos del inglés John Donne (1572-1631) conjugan la tradición literaria con un punto de vista personal, sensual y cínico.

TRES VECES TONTO

Sé que soy dos veces tonto,
por amar, y por decirlo
en poesía quejumbrosa.
Pero ¿dónde está ese sabio, que no podría ser yo,
si ella no me rehusara?
Así, como las vías interiores, tortuosas,
purgan el agua del mar de la corrosiva sal,
pensé que si alejar conseguía mis pesares
por la inoportuna rima, los aliviaría.
El pesar, cuando al metro se reduce, no puede ser tan agudo
pues, si verso se encadena, se somete.

Mas, cuando eso está hecho, alguien,
por mostrar su arte y su voz,
mi dolor compone y canta,
y, mientras a otros deleita, de nuevo
el dolor libera, que los versos contenían.
Al amor corresponde el tributo del verso, y al dolor,
pero no el de aquel que cuando es leído agrada.
Ambos por estas canciones se incrementan:
pues así son los triunfos de ambos difundidos.
Y yo, que dos veces tonto era, paso así a serlo tres,
pues son los mejores tontos los que un poco sabios son.

Traducción de purificación Ribes.


Luis Javier Moreno

Blancos, sofá, de Joaquín Ureña

La poesía de Luis Javier Moreno (Segovia, 1946-2015) reflexiona sobre las relaciones entre el arte y la vida -ha cultivado con acierto el poema ecfrástico-, el paso del tiempo, la inevitabilidad de la muerte… Tensión, elegancia, sorpresa, ironía, pasión de la inteligencia son algunos rasgos de su lengua poética.

LA FORMA DEL POEMA

Lo que sucede tras de las palabras
suele estar ya previsto
en las mismas palabras
y en su casa encantada
de muñecas de trapo de colores
para el teatro de sus marionetas.

Comienza a molestar esa seguridad
de andar siempre sobre la pista…
Tras de las bambalinas del idioma
hay un apuntador que boicotea
la parte más brillante del discurso
introduciendo versos que no nos pertenecen
y echa a perder con sus imitaciones
de timbre, voz y tono, lo mejor del poema.

Los queridos y viejos detectives privados
consumieron sus días en enigmas análogos:
los del rastreo de mil pistas falsas…
Ya no son necesarias esas medias de seda
que se encuentran a veces
en el lugar del crimen.

En contra y a favor, 1980.


Eduardo Llanos Melussa

Sin título, de Andrés Vio

Eduardo Llanos Melussa (1956), psicólogo, docente y crítico literario, además de poeta, es una de las voces imprescindibles que surgen en Chile en los años 80, tanto por la lucidez crítica de sus versos, como por el diálogo constante que en ellos mantiene con la mejor tradición poética de su país.

ACLARACIÓN PRELIMINAR

Si ser poeta significa poner cara de ensueño,
perpetrar recitales a vista y paciencia del público indefenso,
inflingirle poemas al crepúsculo y a los ojos de una amiga
de quien deseamos no precisamente sus ojos;
si ser poeta significa allegarse a mecenas de conducta sexual dudosa,
tomar té con galletas junto a señoras relativamente deseables todavía
y pontificar ante ellas sobre el amor y la paz
sin sentir ni el amor ni la paz en la caverna del pecho;
si ser poeta significa arrogarse una misión superior,
mendigar elogios a críticos que en el fondo se aborrece,
coludirse con los jurados en cada concurso,
suplicar la inclusión en revistas y antologías del momento,
entonces, entonces, no quisiera ser poeta.

Pero si ser poeta significa sudar y defecar como todos los mortales,
contradecirse y remorderse, debatirse entre el cielo y la tierra,
escuchar no tanto a los demás poetas como a los transeúntes anónimos,
no tanto a los lingüistas cuanto a los analfabetos de precioso corazón;
si ser poeta obliga a enterarse de que un Juan violó a su madre y a su propio
[hijo
y que luego lloró terriblemente sobre el Evangelio de San Juan, su remoto
[tocayo,
entonces, bueno, podría ser poeta
y agregar algún suspiro a esta neblina.

Contradiccionario, 1983.