
Eduardo Llanos Melussa (1956), psicólogo, docente y crítico literario, además de poeta, es una de las voces imprescindibles que surgen en Chile en los años 80, tanto por la lucidez crítica de sus versos, como por el diálogo constante que en ellos mantiene con la mejor tradición poética de su país.
ACLARACIÓN PRELIMINAR
Si ser poeta significa poner cara de ensueño,
perpetrar recitales a vista y paciencia del público indefenso,
inflingirle poemas al crepúsculo y a los ojos de una amiga
de quien deseamos no precisamente sus ojos;
si ser poeta significa allegarse a mecenas de conducta sexual dudosa,
tomar té con galletas junto a señoras relativamente deseables todavía
y pontificar ante ellas sobre el amor y la paz
sin sentir ni el amor ni la paz en la caverna del pecho;
si ser poeta significa arrogarse una misión superior,
mendigar elogios a críticos que en el fondo se aborrece,
coludirse con los jurados en cada concurso,
suplicar la inclusión en revistas y antologías del momento,
entonces, entonces, no quisiera ser poeta.
Pero si ser poeta significa sudar y defecar como todos los mortales,
contradecirse y remorderse, debatirse entre el cielo y la tierra,
escuchar no tanto a los demás poetas como a los transeúntes anónimos,
no tanto a los lingüistas cuanto a los analfabetos de precioso corazón;
si ser poeta obliga a enterarse de que un Juan violó a su madre y a su propio
[hijo
y que luego lloró terriblemente sobre el Evangelio de San Juan, su remoto
[tocayo,
entonces, bueno, podría ser poeta
y agregar algún suspiro a esta neblina.
Contradiccionario, 1983.



