Categoría: VIII) Contemporáneos

Luis Muñoz

Flores 4, de Francisco Arroyo Ceballos

La poesía de Luis Muñoz (Granada, 1966) funde los elementos experienciales con la meditación moral y humanística. Del simbolismo, toma el gusto por la sugerencia, la vaguedad; de los poetas herméticos italianos, a los que ha traducido, la intensificación de la imagen.

EL ARMA CARGADA

La poesía hace sitio a la nube del tiempo,
relampaguea como si todo abarcase,
se convierte en un salto, en un grito,
en un anillo absorto, en esperanza.

Cuando parte el silencio la nuez de algún poema,
la poesía es un viento con origen,
un sedal desatado,
la corriente rizada y fragorosa,
la lata de cerveza donde se prueba el tiro.

Y no sé si costumbre o cambio de costumbre,
si revés o si cara, si moneda del día.
Su certeza es la misma que nimba cada cosa.

Yo no sé qué hace falta para ser necesario.

De «Lámpara en la niebla», en Manzanas amarillas, 1995. En Limpiar pescado: poesía reunida, 2005.


Mercedes Escolano

Desnudo femenino, de Amaya Bozal

Los poemas de Mercedes Escolano (Cádiz, 1964) se caracterizan por el tono confidencial, irónico, a veces desgarrado, con el que busca la complicidad con el lector.

LA POESÍA

si vos me hubieseis entonces
ofrecido la poesía
habríaosla arrojado
contra el suelo

ahora me agacho
y recojo

Las bacantes, 1984.


Clara Janés

Para Clara Janés (Barcelona, 1940), la poesía es canto y ritmo, a la vez que epifanía y secreto, una música interior que nos aproxima a lo desconocido.

CANTAR ES SÓLO ABRIRSE COMO FUENTE…

Cantar es sólo abrirse como fuente,
manar sin pausa
y desgastar la piedra,
fijar así la historia
o dejarla en los huesos mustiada.
Repetirá mi salmo
mi materia carente ya de logos,
para enunciar mi entrega
mi enamorada y firme mansedumbre.

Ver el fuego, 1993.


Carlos Marzal

Carlos Marzal (Valencia, 1961) cultiva una poesía meditativa y de intención moral, que se debate entre la lucidez del escepticismo y la obstinación del entusiasmo por la vida. Su lenguaje se caracteriza por el equilibrio entre emoción y densidad conceptual.

LAS BUENAS INTENCIONES

Como, mal que le pese, uno en el fondo es serio,
debe dejar escrita su opinión del oficio
(los muertos aplicados dejan su testamento

aunque a los vivos, luego, no les complazca oírlo).
Hablo con la certeza de que mis impresiones
serán para los tristes una fuente de alivio.

¿Me estará agradecida la juventud del orbe,
siempre desorientada y falta de modelos,
y me idolatrarán los investigadores?

Escribo, simplemente, por tratarse de un método
que me libra sin daño (sin demasiado daño)
de cuestiones que a veces entorpecen mi sueño.

Por tanto, los poemas han de ser necesarios
para quien los escribe, y que así lo parezcan
al paciente lector que acaba de comprarlos.

Se me ocurre, además, que trato de dar cuenta
de una vida moral, es decir, reflexiva,
mediante un personaje que vive en los poemas.

Esas ciertas cuestiones que he mencionado arriba
son las viejas verdades que a la vida dan forma,
y la forma en que urdimos nuestras viejas mentiras.

Ahora bien, reconozco que no sólo me importan
estas pocas razones. Escribo por capricho,
y por juego también, para matar las horas.

Porque puede que sea un destino escogido,
pero también, sin duda, para obtener favores
de algunas señoritas amigas de los libros.

Me es grata la figura del artista de Corte,
riguroso y mundano, descreído y profundo,
que trata por igual la muerte y los escotes.

Sobre qué es poesía nunca he estado seguro;
tal vez conocimiento, o comunicación,
o todo juntamente. Lo cierto es que el asunto

carece de importancia, no afecta al creador.
Doctores tiene ya nuestra Sagrada Iglesia
y en futuros Concilios harán salir el sol

para todos nosotros. Sin embargo, quisiera
que se tuviese en cuenta el hecho de que existe
poesía por vicio, porque es una manera

que tienen unos pocos de vivir su declive,
pero ignoro si hacerlo los convierte en más sabios
y si esa obstinación los vuelve más felices.

Aspiro a escribir bien y trato de ser claro.
Cuido el metro y la rima, pero no me esclavizan;
es fácil que la forma se convierta en obstáculo

para que nos entiendan. La mejor poesía
acierta con deslices, convierte lo imperfecto
en un arte y se olvida de los juicios puristas.

Aunque he escrito bebido, cuando escribo no bebo.
Trabajo siempre a mano, y no me enorgullece
no tener disciplina ni ser dueño de un método.

No suelo, me figuro, romper lo suficiente,
tal vez porque tampoco escribo demasiado,
al pasar media vida ocupado en perderme.

Del lector solicito como único regalo
que esboce alguna vez una media sonrisa:
tan sólo busco cómplices que sepan de qué hablo.

No reclamo, por tanto, privilegios de artista:
me limito a ordenar, quizá sin merecerlo,
asuntos que una voz ignorada me dicta.

De entre los infinitos poetas, yo prefiero
a aquéllos que construyen con la emoción su obra
y hacen del arte vida. De los demás descreo.

Y para terminar, confieso que esta moda
de componer poéticas resulta edificante.
Con ella se demuestra que son distintas cosas
lo que se quiere hacer y lo que al fin se hace.

El último de la fiesta, 1987.


Luis Antonio de Villena

Espartiatas, de Blanca Muñoz de Baena

La poesía de Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951) se forma dentro de la estética culturalista de los novísimos, si bien, en sus últimos libros, se aleja del barroquismo expresivo y busca una poesía más vinculada a lo cotidiano y más reflexiva, sin abandonar del todo el tono decadente de sus inicios como poeta.

EL POEMA ES UN ACTO DEL CUERPO

Se debe poseer un espíritu de fuego.
Haber leído alguna vez palabras que
suenen a actos, y haber transmutado
actos en palabras. Gli occhi di ch’io
parlai si caldamente. Haberse dejado
seducir por el iris de una piedra,
saber llevar una rosa en la mano
con la elegancia incierta de un
sutil, de un liviano pensamiento.
Que la emoción arda en el discurso,
y la llama remede el deseo de un cuerpo.
Poseer un espíritu de fuego. Y amar
la rosa por el dios que contiene,
y el laberinto del tú (acto y palabra)
porque nada hay como poner la mano
del amor, sobre la joven llanura de un cuerpo.
Y hacer la hoguera en ese arte del texto.

Hymnica, 1979.