Categoría: VIII) Contemporáneos

Ramón Irigoyen

Sin título, de Carlos Alcolea (Serie Greta Garbo. Desnudo en la piscina)

Ramón Irigoyen (Pamplona, 1942) es, además de un excelente traductor de poesía griega moderna, uno de los poetas más personales de la generación del 70. Sus versos son una crónica audaz e insolente de su tiempo.

ARTE POÉTICA

Every poem an epitaph
ELIOT

Un poema si no es una pedrada
–y en la sien–
es un fiambre de palabras muertas
si no es una pedrada que partiendo
de una honda certera
se incrusta en una sien
y ya hay un muerto.

Cielos e inviernos, 1979.


Francisco Umbral

490, de Luis Feito

La crítica reconoce en la prosa del narrador y periodista madrileño Francisco Umbral (1935-2007) una fuerte impronta poética. Su poesía, menos conocida, debe, a su vez, mucho a su faceta de narrador y de cronista de su tiempo. La actualidad, la memoria y el sexo son algunos de los temas claves de su lírica.

VOY A PONER PRIMERO, DONDE EMPIEZA ESTE LIBRO…

Voy a poner primero, donde empieza este libro,
un cuchillo de tiempo que he visto en la cocina,
voy a poner delante, porque el lector lo use,
un bruñido abrecartas, pulcro de asesinatos.
Quiero abreviar las cosas o dar facilidades,
que las páginas negras, duras por todas partes,
pueda el lector abrirlas como matando un primo.
Voy a poner delante, donde este libro acaba,
un puñal que sujete su dispersión de puta:
crímenes y baladas, cosas que me pasaban
cuando el color del pene era de oro molido.

Hay que echar a puñados, como se coge fruta,
páginas y palabras en las manos de nadie.
Hay que ordenar la tinta como un mar que se peina,
y que el hilo del tiempo, de donde cuelga ropa,
ponga a secar la prosa, las bragas de una chica.
Luego el lector, despacio, con aterido acento,
dice en voz alta cosas, frases que le han quedado,
vive ya del veneno gris de los malos libros,
pero se ha acostumbrado, ha de seguir leyendo:
toma el puñal o copa, abrecartas o libro,
bebe por cualquier parte, huye declamatorio,
vuelve a la librería, recobra su dinero
y en un rapto que repta se suicida cantando.
Ya está todo cumplido, la muerte ordena el mundo,
mi libro iba por libre y hoy se viste de entierro:
hemos matado a un dulce y terco seminarista.
Antologías letales o dagas de cocina,
lentos alejandrinos, prosas como emboscadas,
trampas para muchachas, el corazón o el sexo.
Hay que reunir esfuerzos, libros, antologías,
y hacer con ello fuego, luces de fin de mes
a ver si alguien nos mira, si una preadolescente
comprende que su vulva, rosa de Alejandría,
es el lugar de un crimen, cópula o pie de imprenta.

Crímenes y baladas, 1981.


Vicente Tortajada

Meninas, de José Barreiro Gómez

La poesía de Vicente Tortajada (Sevilla, 1952-2003), austera, meditativa e irónica, muestra un gran dominio del oficio. La ciudad, la noche, la literatura ajena y las obras de arte son el punto de partida para la reflexión sobre la soledad, la muerte, la locura.

EL RARO CONSUELO QUE DA LA PROFESIÓN

Puedo leer en Roma, junto a Piazza de Spagna:
«Il poeta inglese Giovanni Keats
mente maravigliosa
cuanto precoce mori
in questa casa il 24
febraio de 1821
nel’anno ventiscesimo della sua etá».
Puedo oír a Gogol y sentir sus palabras,
en su extrema –«pero ¿qué les he hecho?
¿por qué me han torturado?»– y última delgadez.
En la casa de Poe, recortes de diarios:
«muchedumbres que rinden el tributo a sus obras»
–y fuera, en la pared, el cuidado graffiti
«El sucio el asqueroso degenerado Bob
estuvo aquí de Boston, de North End, Mass.
Podrido hijo de puta»–, en la casa de Poe.
Puedo ver a Lelian llorando por un vaso.
O a mi querido Bécquer…
Puedo evitar los ojos de Mishima,
su sangre ante millones de latas de cerveza…
Perdida para siempre la gracia de su mar.
Puedo pensar en Lowry viviendo en Eridanus,
rezando a Dios para encontrar su rostro
en la tierra profunda o en las cumbres del aire,
en el nocturno viento o en las barrancas donde
telarañas de otoño flotan en el crepúsculo?
Bebiendo su after shave.
Pero todo se aclara: Tal vez esos recortes
de prensa, o las selected letters,
y gritos, sobre todo, restos de hambre, vicios
recogidos en las casas-museos
o el dinero oficial para las biografías,
sean un raro consuelo…
(Y fuera, en la fachada,
«el sucio el asqueroso degenerado Bob
estuvo aquí de Boston, de North End, Mass.
podrido hijo de puta.)
Quizá el raro consuelo que da la profesión.

Pabellones, 1990.


Kepa Murua

Nadadora, de Juan Diego Miguel

Kepa Murua (Guipúzcoa, 1962) es un poeta anómalo: independiente, clásico y vanguardista, lírico y comprometido con la realidad. En su ensayo La poesía si es que existe, define a ésta como “objeto en el tiempo: una hoja de cálculo, un ritmo calculado, un entretenimiento del alma, pura matemática”.

TENER UN POEMA

Tener un poema de calles estrechas.
De hielo, de agua, aunque no llueve.
Tener un poema agazapado tras el muro
y recorriendo la silueta de un cuerpo
caminando por el asfalto.
Un poema sin dueño, sin firma un nombre.
Y olvidarse que mañana combatirá el hombre
con la paz de sus rezos, que después
aparecerá un nombre en el sitio donde tú huiste.
Poeta lanzado al abismo. Derrota bañada en verso.
Jamás deletreado en lengua alguna.

Cavando la tierra con tus sueños, 2000.


Andrés Trapiello

Árbol rojo, de Regina Saura

La obra en verso del leonés Andrés Trapiello (1953) es una poetización de sus propias experiencias biográficas. Deudor del simbolismo, los ambientes y objetos descritos en sus poemas se vuelven imágenes visionarias de una emoción.

EL POETA

Toma el hombre las cosas donde el hombre
último las dejó como un legado.
El que inventó la rueda, contra un muro
hizo que descansara y ella sola
reabrió los caminos despertando
de su letargo a todas las demás
ruedas que había, hasta llegar a hoy.
Así ha avanzado el mundo, sin nostalgia.
Sólo nosotros, los poetas, fuimos
condenados a proseguir a ciegas.
Ni una sola palabra de las nuestras
tiene garantizado ser mejor
que aquellas que escribieron con fatiga
Homero, Horacio, Keats o Emily Dickinson,
e incluso son más torpes balbuciendo,
de modo que al decir nosotros «hágase
la luz», en realidad tememos que
se apoderen de todo las tinieblas
y que tengamos que volver a tientas
de una noche tan grande a esta otra noche
donde acaso ya nadie nos espera.

Un sueño en otro, 2004.