Categoría: VIII) Contemporáneos

Manuel Gahete

Dos soledades, de Julia Hidalgo

El cordobés Manuel Gahete (1957) escribe en torno al amor, sentimiento en el que halla una mezcla de dolor y placer, de urgencia y locura, de felicidad e incertidumbre. Su lenguaje culto, selecto, barroco, es de una gran hermosura.

OFICIO DE ESCRIBIR

Escribo ser como si escribo nada,
con la sangre apretada por un puño
creciendo sobre el hueco de la carne.

Escribo amor como si escribo lluvia
para saberme vivo y que tú existes
en el húmedo adiós del horizonte.

Escribo paz como si escribo llanto,
sé que la sed del labio no contiene
tanto dolor de un hombre a la deriva.

Escribo Dios como si escribo muerte
para saberme aquí, que no estoy solo,
que funde el mar mi voz en lo infinito.

El legado de arcilla, 2004.


Jenaro Talens

Espiral, de Mateo Vilagrasa

La poesía de Jenaro Talens (Tarifa, Cádiz, 1946), destacado miembro de la promoción poética de los 70, indaga en el conocimiento de la realidad, a través de la reflexión sobre la propia poesía y del proceso creativo, y más tarde, a través de la vivencia existencial y el pulso de la emoción.

ARS POETICA

Chercher humblement à faire plaisir?
Los cuerpos que transmigro incoloran mi piel.
Es el estrago de una primavera
que yo decido primavera.
Y silenciosamente,
cómplice en el lugar del agujero,
muere el fantasma de Platón,
la metáfora del barco inscrito en el atardecer.
Mis ojos instrumentan
una mirada umbilical. El aire de la noche
genera aullidos, sueños del deseo
disolviéndose en torno a algunos pájaros
como si nieve móvil. Una música
que traspasa las grietas, su mensaje.
Transferir superficies constituye
la imagen aparente del objeto. Más allá
de su barbarie y su abstracción el labio magnifica
mi volumen. Así
la sucesión me engendra, me acumula. Un eco que produce
otros ecos, la historia, el hilo indestructible
que nada usurpa ni rehúsa: excede,
como la arena el pairo de las olas.

Taller, 1973.


Luis Javier Moreno

Blancos, sofá, de Joaquín Ureña

La poesía de Luis Javier Moreno (Segovia, 1946-2015) reflexiona sobre las relaciones entre el arte y la vida -ha cultivado con acierto el poema ecfrástico-, el paso del tiempo, la inevitabilidad de la muerte… Tensión, elegancia, sorpresa, ironía, pasión de la inteligencia son algunos rasgos de su lengua poética.

LA FORMA DEL POEMA

Lo que sucede tras de las palabras
suele estar ya previsto
en las mismas palabras
y en su casa encantada
de muñecas de trapo de colores
para el teatro de sus marionetas.

Comienza a molestar esa seguridad
de andar siempre sobre la pista…
Tras de las bambalinas del idioma
hay un apuntador que boicotea
la parte más brillante del discurso
introduciendo versos que no nos pertenecen
y echa a perder con sus imitaciones
de timbre, voz y tono, lo mejor del poema.

Los queridos y viejos detectives privados
consumieron sus días en enigmas análogos:
los del rastreo de mil pistas falsas…
Ya no son necesarias esas medias de seda
que se encuentran a veces
en el lugar del crimen.

En contra y a favor, 1980.


Almudena Guzmán

Leyendo bajo el árbol, de Carlos Laínez

La madrileña Almudena Guzmán (1964) construye su obra poética en torno al tema del amor, en versos libres, con un lenguaje coloquial, salpicado de imágenes surrealistas.

Y QUÉ DECIR DE LA POESÍA…

Y qué decir de la poesía
de la que eras grumete,
timonel y capitán a la vez,
siempre avanzando cara al sol
o contra el viento,
siempre izadas en medio de la lluvia
o trepando por la primavera de los mástiles
las velas de nieve de su corazón,
las rojas azaleas de su bandera.
Entonces el tiempo pasaba rápido como una bandada de delfines
limpiando la cubierta de inútiles aparejos,
sorteando los escollos de falso coral,
evitando el transitado cabotaje;
de los piratas amabas la magia
de convertir en propio el oro ajeno,
de los marinos oficiales odiabas el engaño
de trocarlo en galonada baratija de nadie.
Y al atardecer,
subida al palo mayor catalejo en mano,
sentías que todo aquello que no era tierra a la vista
era tuyo.

Calendario, 1998.


Benjamín Prado

La poesía del madrileño Benjamín Prado (1961), forjada en el ambiente granadino de la otra sentimentalidad, se caracteriza por su brillantez ingeniosa, su carácter narrativo y el gusto por la enumeración culturalista. La reflexión metapoética, la denuncia ecológica y política, los homenajes a los poetas y los músicos queridos son constantes temáticas de su poesía.

ROTO

Solo, en medio de todo;
estar tan solo
como es posible,
mientras ellos vienen
muy despacio,
se agrupan,
ponen su campamento,
invaden,
talan,
hunden,
derriban las palabras
una a una,
se reparten mi vida,
poco a poco,
levantan su pared
golpe a golpe.

Después se van;
se marchan
lentamente,
pensando:
–Nunca podrás huir de todo lo que has perdido.

Tal vez tengan razón.
Tal vez es cierto.

Pero llega otro día,
el cielo quema
su cera azul encima de las casas;
yo regreso de todo lo que han roto,
busco entre lo que tiene
su propia luz,
encuentro
la mirada del hombre que ha soplado unas velas,
el limón que jamás es parte de la noche;
ato,
pongo de pie,
reúno los fragmentos,
me convierto en su suma.

Y todo vuelve
otra vez;
las palabras
llegan donde yo estoy;
son las palabras
perfectas,
las que tienen
mi propia forma,
ocupan cada hueco
y cierran cada herida.
Las palabras que valen para hacer estos versos
y sentarse a esperar que regresen los bárbaros.

Todos nosotros, 1998.