Categoría: VII) Posguerra

José Manuel Caballero Bonald

Figuras, de Juan Manuel Gutiérrez Montiel

Para José Manuel Caballero Bonald (Jerez, 1926) escribir es buscar en el laberinto de la memoria y del lenguaje la palabra precisa para dar cuenta de lo vivido, de lo salvado de la ruina del tiempo.

SOBRE EL IMPOSIBLE OFICIO DE ESCRIBIR

Por aquella palabra
de más que dije entonces, trataría
de dar mi vida ahora. ¿Vale algo
comprobarlo después de consumidos
tantos esfuerzos
para no mentir?

Toco
tu vientre y se desplaza el tiempo
como la sangre
en un embudo mientras
a ciegas nos buscamos. Sólo el riesgo
común ocupa el mundo, arrasa
el derredor, lo exprime
como una esponja, desordena
el engranaje de los hechos.

¿Cómo
poder saldar entonces
la ambigüedad de la memoria?

El imposible oficio de escribir
aproximadamente
la historia terminal del anteayer
de la vida, y más cuando
un incierto futuro se intercala
entre lo timorato y lo arrogante
me suele contagiar
de esa amorfa molicie
que entumece los goznes del deseo.

Pero no cejo nunca. Paraísos
vagamente resueltos
entre la oxidación del ocio, surgen
como reclamos, brillan
en ocasiones
con juvenil sabor a culpa.

¡Escapar de la mella de los días
iguales! En tanta libertad
¿se anudarán imágenes
que a su obstinado uso
me condenen, reduzcan el amor
a sus simulaciones? Lo que aquí
no está escrito es ya la única
prueba de que dispongo
para reconocerme, interrumpir
mi turno de erosión entre recuerdos
apremiantes.

Por aquella palabra
de más que dije entonces, trataría
de dar mi vida ahora.

Descrédito del héroe, 1977-93.


Fernando Quiñones

Pequeña escena pasional, de Matias Quetglas

La poesía del gaditano Fernando Quiñones (1931-1998) se caracteriza por un cuidado prosaísmo narrativo, continuas referencias culturales, un erotismo desenfadado, a veces crudísimo, y una síntesis de bronco andalucismo y refinamiento léxico.

LOS POETAS

También tú, curtidor,
y tú, hermoso patán, arrancándole
al invierno terrones, empujando
en agosto el plostellum. Y tú,
herrero entre sombríos fulgores,
o tú, inocente
borracho sin oficio.
También vosotros sin saberlo
conocisteis alguna vez
no la mayor: la única gloria del poeta:
cuando en el prado, la curtiduría,
la taberna, la fragua, se os llegaron
casualmente a la boca aquellas tres, cuatro palabras
que no se habían juntado antes
o nunca habían sonado de aquel modo,
y que dejaban dicho algo,
sencillo acaso como ellas,
pero tan verdadero, tan nuevo y tan antiguo
que os suspendió y enmudeció un instante,
como a algunos de los que os escuchaban.

Las crónicas de Hispania, 1985.


Alfonso Canales

Paisaje, de Jesús de Perceval

La poesía del malagueño Alfonso Canales (1923-2010) se caracteriza por aunar lo vivencial y una profunda formación clásica; también por su refinada conciencia del lenguaje.

ESTE POEMA

Lo que una herida abierta
diría si pudiese,
lo que hablase una herida
que empapara sus vendas con palabras
de sangre viva, mal deletreadas
con esfuerzo, el absurdo
razonamiento de una herida, este
poema es. No dice nada, sólo
rezuma, grita ay, se calla y luego vuelve
a su sólita queja, si los labios
logran desmesurarse.
Una herida carece
de elocuencia, y acaba
por resignarse a su dolor, dejando
que el líquido dibuje, piel abajo,
líneas de indiferente
melancolía, líneas para que nadie entienda
lo que quieren decir.
Este poema
intenta supurar una infinita
desesperanza, y pide
perdón al que lo lea y se contagie.

Poemas de La teja y Nuevos poemas de la teja, 1998-2000, en Ocasión de vida, 2006.


Rafael Montesinos

El bodegón, de Julián Grau Santos

La poesía del sevillano Rafael Montesinos (1920-2005), es clara, directa, difícilmente sencilla, como la de su maestro Bécquer. La melancolía, el recuerdo, la evocación emocionada del paisaje, el vivo amor, la nostalgia de un cristianismo puro y primitivo, son algunos de sus temas.

POETA

Corazón de poeta,
tiempo perdido,
eternidad que vuelve,
danza de siglos,

recuerdos que regresan
tristes, sin nadie;
corazón que se cansa
de eternidades.

Soledad de poeta
–¡oh tiempo escrito!–.
A solas el poeta
vence al olvido.

Soledad que en el pecho,
fiel, permanece.
Corazón de poeta,
nadie lo entiende.

País de la esperanza, 1949-1955.


Cristina Lacasa

Perfil femenino, de Montserrat Gudiol

En la poesía de la barcelonesa Cristina Lacasa (1929-2011), la palabra escrita es un reflejo de una forma de ser y de vivir, especialmente sensible al dolor de los más débiles e indefensos.

SOY VUESTRA VOZ

Ahora canto por vosotros.
Tengo la boca para todos dispuesta.
Decid vosotros a través de mi saliva
qué hambre de frutos os desborda.
Tomad mi lengua múltiple y palpad
la varia sed en que os sufro
y os denuncio y os amo.

Cantad conmigo.
Las bermejas canciones del que arranca
tantas mordazas a las cosas:
las lívidas canciones
del prisionero; las clavadas
notas de su albedrío.
Cantad, que mi instrumento es tanto río
como piedra de lápida. Cantad,
que irá muy lejos la tonada vuestra
y grabará su olivo o su bandera
de guerra
por esta tinta en sangre.
Habrá después quien diga: Alguien
me precedió, alguien me supo.
Alguien estuvo aquí vadeando estas piedras
o segando sonrisas a la aurora…

Cuadernos de Ágora, 1961.