Categoría: VI) Edad de Plata

Carmen Conde

Mujer en una mesa con candelabros y frutas, de Hernando Viñes

La poeta murciana Carmen Conde (1907-1996) concilió en libros como Mujer sin edén (1947) el desarraigo existencial de la poesía de Dámaso Alonso con la nostalgia paradisíaca de Vicente Aleixandre, todo ello unido a una rotunda afirmación femenina.

GRACIA

Van a cantar las aves. Lo siento en mis costados.
Porque me tiemblan alas que nunca vi crecer.
Y súbitos los árboles sacuden sus mensajes
para que yo los coja y lleve por el viento.

Van a brotar más fuertes. Escucho que la tierra
desliza por mis plantas sus tibias humedades;
y un arroyo no nace si una mujer no quiere
que le ciña las piernas con su lienzo delgado.

Sé que vienen jardines. Sé que brincan corceles.
Aprender todo eso me ha costado la vida.
Y os la dejo en el mármol, por si alguno la hallara
y quisiera saber cómo se olvida tanto.

Mi fin en el viento, 1947.


Rogelio Buendía

Palomas, de José Caballero

La poesía del onubense Rogelio Buendía (1891-1969) se inicia en el Modernismo y a continuación recorre las más variadas tendencias de la poesía de la generación del 27: ultraísmo, neopopularismo, gongorismo y surrealismo.

LA POESÍA DE LO DESCONOCIDO

¡Oh, la dulce delicia de lo incógnito
que se esfuma en las calles y en los campos!

¡Oh, el anhelar saber quién es la dama
que cerca de nosotros ha pasado,
oliendo a violetas o a caléndulas
o al perfume fragante de los nardos!

Delicia del anónimo inocente
que sin querer firmarse está firmado.
al hablar de unos celos y un amor,
por una temblorosa y blanca mano.

Curiosidad ingenua que tenemos
por unos ojos y un perfil románticos…

Pensamiento infantil de nuestra mente
al escuchar de noche ciertos pasos,
que nos hacen rezar estremecidos,
creyéndolos de brujas y de trasgos.

Música que se queda en la memoria,
sin que sepa quién la habrá engendrado…

Versos que yerran por nuestro cerebro
y que locos acuden a los labios,
sin que jamás se sepa quién los hizo
sonar a río y a trascender a prado…

Carreta que se oculta en la vereda
de rosas y de lirios del ocaso,
sin dejar más que surcos paralelos
que acabarán no se sabe dónde y cuándo.

¡Poesía sagrada de lo incógnito,
tienes tú para mí todo el encanto
de lo que se ha tenido y que se va,
y de lo que se espera y no ha llegado!

«Cancionero de paz», en Del bien y del mal, 1913.


Juan José Domenchina

Árboles, de Alfonso de Olivares

La poesía del madrileño Juan José Domenchina (1898-1959) se caracteriza por el rigor conceptual, la ironía amarga y el barroco rebuscamiento verbal. Los sonetos y décimas compuestos durante su exilio en México son lo mejor de su producción, tanto por su perfección formal, como por su acento de dignidad moral y grave estoicismo.

27 DE DICIEMBRE

Estás en tu papel.
J. J. D.
La letra mata.
ANTONIO MACHADO

La pluma ilesa va con vuelo herido
a borrar la patética blancura
del papel –¿siempre virgen?–, sepultura
de palabras que apenas han nacido.

Sentimiento acerado, su sentido
aspira a pensamiento: tu escritura
sabe surcar en surcos de amargura
el papel –agua en blanco– sorprendido.

En tu papel estás, pero te mata
la letra. ¿No es tu sombra lo que escribes
y tu muro encalado tu papel?

La sombra de tu tinta te retrata,
y, en sus trazos delebles, lo que vives
se cifra en signos y se abrasa en hiel.

Pasión de sombra, 1944.


Rafael Alberti

No nos dejaremos arrebatar la paz, de Rafael Alberti

El tema principal de la poesía del gaditano Rafael Alberti (1902-1999) es la nostalgia: de su patria y su bahía de Cádiz, de la fe y la inocencia perdidas y de un orden social más justo. Formalmente, destaca por la musicalidad y el virtuosismo para el verso y por el uso de imágenes plásticas.

SI MI VOZ MURIERA EN TIERRA…

Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.

Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.

¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!

Marinero en tierra, 1924.


Ramón María del Valle-Inclán

Bacante, de Joaquín Sorolla

El gallego Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936) muestra en sus versos la influencia de la moda rubendariana, así como cierto regusto expresionista.

ROSA DE MELANCOLÍA

Era yo otro tiempo un pastor de estrellas,
y la vida, como luminoso canto.
Un símbolo eran las cosas más bellas
para mí: la rosa, la niña, el acanto.

Y era la armoniosa voz del mundo,
una onda azul que rompe en la playa de oro,
cantando el oculto poder de la luna
sobre los destinos del humano coro.

Me daba Epicuro sus ánforas llenas,
un fauno me daba su agreste alegría,
un pastor de Arcadia, miel de sus colmenas.

Pero hacia el ensueño navegando un día,
escuché lejano canto de sirenas
y enfermó mi alma de Melancolía.

El pasajero, 1920.