Categoría: Literatura española

María Rosa Gálvez de Cabrera

Ascensión de un globo Montgolfier en Aranjuez, de Antonio Carnicero

La escritora malagueña María Rosa Gálvez de Cabrera (1768-1806) compuso tragedias y comedias neoclásicas acerca de los deseos y frustraciones de las mujeres en un mundo dominado por el hombre. Su poesía, en opinión de Quintana, es de estilo claro y puro y de versificación fácil y fluida.

LA POESÍA

ODA A UN AMANTE DE LAS ARTES DE IMITACIÓN

Oh tú, que protector del genio hispano
elevas la abatida lira mía,
desde el obscuro seno,
do el velo del olvido la cubría,
hasta el supremo asiento, que previene
la fama a la divina poesía;
a ti consagraré tan dulce empleo;
a ti que amas el arte imitadora,
de la música hermana,
y del alma sensible encantadora.

Seguid mi canto, de placer henchidas,
cítaras de la Iberia;
Amira, alzando el humillado acento,
preconiza la ciencia de Helicona;
y esparce por el viento
los resonantes metros de la Hesperia.

Si de la antigüedad el heroísmo
de los tiempo alcanza el raudo vuelo,
y las puras virtudes celestiales
fueron a par del mundo eternizadas,
por vosotros, Poetas inmortales,
nuestra edad llegaron; de los siglos
las inmensas tinieblas arrostrando,
de anonadar al hombre con su fama
a la huesa arrancáis el triste fuero.
Tal es el arte del divino Homero.


Teresa Gracia

Dánea, de Juan Navarro Baldeweg

La poesía de Teresa Gracia (Barcelona, 1932-2001) refleja la amarga vivencia del exilio, el paso del tiempo y el anhelo de conquistar en el verso regular, encadenado al metro y la rima, la insobornable libertad interior del artista.

NACE EL POETA CON LA MANO HERIDA…

Nace el poeta con la mano herida
porque a ras de la palma le han cortado
el cordón en los dedos enredado
con que a su madre musa estuvo unida.

Pero se mueve en el papel caída
dejando siempre por el mismo lado
en filial obediencia a un dictado
la señal de que va perdiendo vida.

Sólo un brazo en el cuerpo la protege
y se la lleva al alma, cuna y tumba
donde entrará también cuando sucumba

el puño que en los versos entreteje
golpes contra el barrote de la pluma
que a la pena mayor, la cárcel suma.

Cuarenta y tantos sonetos al soneto, 1998.


Francisco Martínez de la Rosa

Mercurio, de Ramón Barba

Al granadino Francisco Martínez de la Rosa (1787-1862), autor de uno de los más célebres dramas del Romanticismo español, La conjuración de Venecia (1834), le debemos, sin embargo, una Poética en verso, continuadora, por sus postulados clasicistas, de la de Boileau.

CANTO I

DE LAS REGLAS GENERALES DE COMPOSICIÓN

(FRAGMENTO)

Si el noble anhelo de la eterna fama
que nuestros patrios vates merecieron
vuestros fogosos ánimos inflama,
no os arrojéis, oh jóvenes hispanos,
con temerario afán a la ardua empresa;
ni con incierto paso
holléis a ciegas la escabrosa vía
que a la cumbre conduce del Parnaso.
Temed antes, temblad: una es la senda,
los precipicios mil; quien en sí propio,
del arte los preceptos desdeñando,
vanamente confía,
del Ícaro tal vez remonta el vuelo;
mas deshechas las alas mal seguras,
despéñase con mengua al hondo suelo.

Si igual hado teméis, consultad antes
cien veces y otras cien las propias fuerzas,
y ved si grato el cielo
os otorgó la ardiente fantasía,
el genio creador, digno tan solo
del sacro lauro del divino Apolo.
Con tan sublime don favorecidos,
no dudéis aspirar en vuestros cantos
al digno galardón: natura bella
os mostrará las gracias, los encantos
a los ciegos profanos escondidos;
y alzando el sacro velo,
ofrecerá benigna a vuestros ojos
el propio, el solo, el único modelo.

Su fiel imitación continuo sea
vuestro estudio y solaz, sin que del arte
el duro anhelo ni el afán se vea.
desdeñando sacar una vil copia
con baja esclavitud, libre campea
el genio creador, compara, elige,
forma de mil objetos una idea;
y ornando a su placer su propia hechura,
émulo de natura,
la iguala, la corrige, la hermosea.


Kepa Murua

Nadadora, de Juan Diego Miguel

Kepa Murua (Guipúzcoa, 1962) es un poeta anómalo: independiente, clásico y vanguardista, lírico y comprometido con la realidad. En su ensayo La poesía si es que existe, define a ésta como “objeto en el tiempo: una hoja de cálculo, un ritmo calculado, un entretenimiento del alma, pura matemática”.

TENER UN POEMA

Tener un poema de calles estrechas.
De hielo, de agua, aunque no llueve.
Tener un poema agazapado tras el muro
y recorriendo la silueta de un cuerpo
caminando por el asfalto.
Un poema sin dueño, sin firma un nombre.
Y olvidarse que mañana combatirá el hombre
con la paz de sus rezos, que después
aparecerá un nombre en el sitio donde tú huiste.
Poeta lanzado al abismo. Derrota bañada en verso.
Jamás deletreado en lengua alguna.

Cavando la tierra con tus sueños, 2000.


Andrés Trapiello

Árbol rojo, de Regina Saura

La obra en verso del leonés Andrés Trapiello (1953) es una poetización de sus propias experiencias biográficas. Deudor del simbolismo, los ambientes y objetos descritos en sus poemas se vuelven imágenes visionarias de una emoción.

EL POETA

Toma el hombre las cosas donde el hombre
último las dejó como un legado.
El que inventó la rueda, contra un muro
hizo que descansara y ella sola
reabrió los caminos despertando
de su letargo a todas las demás
ruedas que había, hasta llegar a hoy.
Así ha avanzado el mundo, sin nostalgia.
Sólo nosotros, los poetas, fuimos
condenados a proseguir a ciegas.
Ni una sola palabra de las nuestras
tiene garantizado ser mejor
que aquellas que escribieron con fatiga
Homero, Horacio, Keats o Emily Dickinson,
e incluso son más torpes balbuciendo,
de modo que al decir nosotros «hágase
la luz», en realidad tememos que
se apoderen de todo las tinieblas
y que tengamos que volver a tientas
de una noche tan grande a esta otra noche
donde acaso ya nadie nos espera.

Un sueño en otro, 2004.