Categoría: Literatura española

Antonio Oliver

En la trayectoria poética del escritor cartagenero Antonio Oliver (1903-1968), hay tres poemarios esenciales: Mástil, su contribución a la poesía pura y al neopopularismo; Tiempo cenital, su libro más vanguardista; y Libro de loas, su libro más personal, cercano a la poesía de lo cotidiano.

BARRUNTOS

¡Está negro el cielo!
—¡Pero viene a mis poemas
un blanco temblor de élitros!

¡Está negro el mar!
—¡Pero hay un reflejo azul
que ilumina mi cantar!

¡Están tristes los almendros
sin la caricia del sol!
—¡Pero hay un nido en la verde
rama de mi corazón!

Mástil, 1925.


Eladio Cabañero

El poeta Eladio Cabañero (1930-2000) canta con ternura el paisaje y las gentes de su Tomelloso natal (Ciudad Real). Al igual que la de sus compañeros de generación, la del 50, su poesía trasciende la poesía social para indagar en temas más íntimos, como el amor, la soledad y el desvalimiento.

CANTOR POPULAR

¿Adónde vas así de cancionero,
claro visitador de la alegría,
cantando tu canción de cada día
detrás de tu carrito callejero?

No hay cantor popular más verdadero.
Es un pretexto tu mercadería,
lo tuyo es tu cantar. Con gallardía
ganas tu pan, ilustre refranero.

Cantor popular a la querencia
de la tierra que te hizo campesino
cantas el pueblo y cantas tu existencia.

Dejas un rastro oral en el camino
con tu carrito y tu canción, herencia
que se reparte el pueblo de continuo.

Desde el sol y la anchura, 1956.


Jordi Doce

La poesía de Jordi Doce (Gijón, 1967) hunde su raíz en la tradición europea de la poesía meditativa y de la búsqueda de la trascendencia. Sus poemas suelen tener origen en alguna anécdota, a partir de la cual nos descubre un mundo complejo.

PARA VIVIR

La mano escribe para no morir.
O cuenta el mundo en sílabas contadas
para decir: aquí termina el mundo,
fuera impera la noche
y el frío de la noche,
el lento gotear de las estrellas
y su terco silencio impenetrable.

La mano escribe para no morir.
Semeja su hermana, la lengua,
envuelta en un temblor que no comprende,
ajena a la raíz que la redime.

La mano escribe para no morir.
O dice el mundo en sílabas contadas
para decir: aquí termina el mundo,
fuera impera la noche
y el frío de la noche,
quietud de lo que nunca vive o muere
pues nunca tuvo nombre.

Otras lunas, 2002.


Antonio Méndez Rubio

Antonio Méndez Rubio (Fuente del Arco, Badajoz, 1967) concibe la escritura poética como “un deseo de diseminación del yo”. Su obra entronca con el simbolismo y la vanguardia en su preocupación por explorar los límites del lenguaje a la hora de traducir la realidad.

VER CON PALABRAS…

Ver con palabras,
a su trasluz,
la palabra perdida:

designio no elegido
cepo no absurdo
éste de reinventar
otra forma más cruda
y más definitiva
de ceguera.

Trasluz, 2002.


Esperanza Ortega

La poesía de Esperanza Ortega (Palencia, 1953) se construye de espaldas a tendencias y escuelas, sin más guías que la intuición y el respeto al ritmo interior del poema. Sus versos invitan al lector a descubrir la belleza en lo pequeño y lo insólito en lo cotidiano.

ELLAS SÍ QUE TE ESPERAN…

Ellas sí que te esperan
ellas sí que regresan si las dejas volar

con tensa mansedumbre
van diciendo sus nombres

Cobijo
Lentitud
Vaivén
Entrega

Sometida Indeleble Guiadora

los pronuncian con miedo
—alguien ha maltratado
su humilde voz desnuda—

por eso les perdonas que callen tantas veces
que ninguna te diga cómo entraron en ti
por qué hueco insondable se abrió tu corazón

cómo burlan tu asedio
las cautivas
cuando husmeas a oscuras en sus nidos

Hilo solo, 1995.