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Pablo de Rokha

Visión nocturna, de Ana Cortés

El chileno Pablo de Rokha (1894-1968), es uno de los principales representantes de la poesía vanguardista en su país. Su obra es hermética, provocativa y audaz, con incursiones en el tremendismo y lo grotesco.

BALADA DE PABLO DE ROKHA

Yo canto, canto sin querer, necesariamente, irremediablemente, fatalmente, al azar de los sucesos, como quien come, bebe o anda y porque sí; moriría si no cantase, moriría si no cantase; el acontecimiento floreal del poema estimula mis nervios sonantes, no puedo hablar, entono, pienso en canciones, no puedo hablar, no puedo hablar; las ruidosas, trascendentales epopeyas me definen, e ignoro el sentido de mi flauta; aprendí a cantar siendo nebulosa, odio, odio las utilitarias labores, zafias, cuotidianas, prosaicas y amo la ociosidad ilustre de lo bello; cantar, cantar, cantar… –he ahí lo único que sabes, Pablo de Rokha.

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Los sofismas universales, las cósmicas, subterráneas leyes dinámicas, dinámicas me rigen, mi canción natural, polifónica se abre, se abre más allá del espíritu, la ancha belleza subconsciente, trágica, matemática, fúnebre, guía mis pasos en la oscura claridad; cruzo las épocas cantando como un gran sueño deforme, mi verdad es la verdadera verdad, el corazón orquestal, musical, orquestal, dionisíaco, flota en la augusta, perfecta, la eximia resonancia unánime, los fenómenos convergen a él, y agrandan su sonora sonoridad sonora, sonora; y estas fatales manos van, sonámbulas, apartando la vida externa –conceptos, fórmulas, costumbres, apariencias–, mi intuición sigue los caminos de las cosas, vidente, iluminada y feliz; todo se hace canto en mis huesos, todo se hace canto en mis huesos.

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Pus, llanto y nieblas lúgubres, dolor, sólo dolor mamo en los roñosos pechos de la vida, no tengo casa y mi vestido es pobre; sin embargo, mis cantares absurdos, inéditos, modestísimos suman el pensamiento, todo el pensamiento de la raza y la voz del instante; soy un país hecho poeta, por la gracia de Dios; desprecio el determinismo de las ciencias parciales, convencionales, pues mi sabiduría monumental surge pariendo axiomas desde lo infinito, y su elocuencia errante, fabulosa y terrible, crea mundos e inventa universos continuamente; afirmo o niego, y mi pasión gigante atraviesa tronando el pueblo imbécil del prejuicio, la mala aldea clerical de la rutina.

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Atardeciendo me arrodillé junto a una inmensa y gris piedra humilde, democrática, trágica, y su oratoria, su elocuencia inmóvil habló conmigo en aquel sordo lenguaje cosmopolita e ingenuo del ritmo universal; hoy, tendido a la sombra de los lagos, he sentido el llanto de los muertos flotando en las corolas; oigo crecer las plantas y mori, los viajeros planetas degollados igual que animales, el sol se pone al fondo de mis años lúgubres, amarillos, amarillos, amarillos, las espigas van naciéndome, a medianoche los eternos ríos lloran a la orilla de mi tristeza y a mis dolores maximalistas se les caen las hojas; –…“buenos días, buenos días árbol”, dije al reventar la mañana, sobre las rubias cumbres chilenas, y más tarde clamaba: «estrellas, sois estrellas, oh! prodigio…”

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Mis pensamientos hacen sonar los siglos, todos los siglos; voy caminando, caminando, caminando musicalmente y mis actos son himnos, cánticos naturales, completamente naturales; las campanas del tiempo repican cuando me oyen sentirme; constituyo el principio y la razón primordial de todas las tonadas, el eco de mis trancos restalla en la eternidad, los triángulos paradójicos de mi actitud resumen el gesto, el gesto, la figura del superhombre loco que balanceó la cuna macabra del orbe e iba enseñándole a hablar.

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Los cantos de mi lengua tienen ojos y pies, ojos y pies, músculos, alma, sensaciones, grandiosidad de héroes y pequeñas costumbres modestas, simplísimas, mínimas, simplísimas de recién nacidos, aúllan y hacen congojas enormes, enormemente enormes, sonríen, lloran, sonríen, escupen al cielo infame o echan serpientes por la boca, obran, obran lo mismo que gentes o pájaros, dignifican el reino animal, el reino vegetal, el reino mineral, y son bestias de mármol, bestias, bestias cuya sangre ardiendo y triste, triste, asciende a ellos desde las entrañas del globo, y cuyo ser poliédrico, múltiple, simultáneo, está en los quinientos horizontes geográficos; florecen gozosos, redondos, sonoros en octubre, dan frutos rurales a principios de mayo y junio o a fines de agosto, maduran todo el año y desde nunca, desde nunca; anarquistas, estridentes, impávidos, crean un individuo y una gigante realidad nueva, algo que antes, antes, algo que antes no estaba en la tierra, prolongan mi anatomía terrible hacia lo absoluto, aún existiendo independientemente, ¡tocad su cuerpo, tocad su cuerpo y os ensangrentaréis los dedos miserables!…

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Ariel y Calibán, Egipto, Grecia, Egipto y sobre todo Chile, los cuadrados países prehistóricos, Jesús de Nazareth, los cielos, las montañas, el mar y los hombres, los hombres, las oceánicas multitudes, ciudades, campos, talleres, usinas, árboles, flores, sepulcros, sanatorios, hospicios u hospitales, brutos de piel terrosa y lejano mirar lleno de églogas, insectos y aves, pequeñas, armoniosas mujeres pálidas; el cosmos idiota, maravilloso, maravilloso, maravilloso, maravilloso orienta mis palabras, y rodaré sonando eternamente, como el viejo nidal, como el viejo nidal, como el viejo nidal en donde anidan todos los gorjeos del mundo…

Los gemidos, 1922.


César Vallejo

La niña de las naranjas (Anita), de Carlos Quizpez Asín

La poesía del peruano César Vallejo (1892-1938) está marcada por una permanente inquietud renovadora y una especial sensibilidad para el dolor humano. Su poemario Trilce es quizás la máxima proeza de la vanguardia literaria en español.

UN HOMBRE PASA CON UN PAN AL HOMBRO

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de la axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después, del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va a un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yo sin dar un grito?

Poemas humanos, 1939, póstumo.


Gottfried Benn

Autorretrato como soldado, de Ernst Ludwig Kirchner

Gottfried Benn (1886-1956) es el más genuino representante del expresionismo alemán en poesía. Su obra, profundamente subjetiva, proyecta una visión cáustica de la vida humana, que se resume en envejecimiento, enfermedad y muerte.

VERSOS

Si alguna vez la divinidad, profunda e incognoscible,
resucitó en un ser y habló,
en versos fue, pues sin fin
rompía en ellos el tormento de los corazones;
hace tiempo que los corazones fluyen con la lejanía,
pero la estrofa corre de boca en boca,
resiste las luchas entre los pueblos
y sobrevive al poder y al pacto asesino.

Canciones también que una pequeña tribu cantó,
indios, yakis de palabra azteca,
hace mucho vencidos por la avaricia del hombre blanco,
perduran como calladas estrofas de los labriegos:
“Ven, hijito, ven, con el adorno de las siete espigas,
ven, hijito, ven, con collares y piedras de jade,
el dios del maíz clava en el campo el sistro,
para alimentarnos, y en ti se ha de cumplir el sacrificio.”

El gran murmurar a aquel que, habiendo hundido sus
barcazas prestó, uncido, al espíritu,
aspirar, expirar, apartar de un soplo -formas de respirar
de penitencias hindúes y de faquires-,
el gran yo mismo, el sueño omnímodo, puesto a todo aquel
en el corazón que callado se consagra,
se mantiene en salmos y en vedas,
hace escarnio de toda acción y resiste al tiempo.

Dos mundos que se tocan y se oponen,
solo el hombre es bajo cuando duda;
sin poder vivir del momento,
al momento se debe;
el poder se desvanece con la escoria de sus perfidias,
mientras que un verso construye los sueños de los pueblos
que a la bajeza los sustrae,
inmortalidad en las palabras y en los sones.

Poemas biográficos, 1941. Traducción de Arturo Parada.


Juan Larrea

En el café, de Rafael Benet

El bilbaíno Juan Larrea (1895-1980) publicó sus primeros versos en las revistas ultraístas Grecia y Cervantes. Luego, militó en el creacionismo, animado por Huidobro. En París, entraría en contacto con el surrealismo y adoptaría el francés como lengua poética para, una vez rotos los vínculos con la lengua materna, alcanzar la máxima libertad creativa.

RAZÓN

Sucesión de sonidos elocuentes movidos a resplandor, poema
es esto
y esto
y esto
Y esto que llega a mí en calidad de inocencia hoy,
que existe
porque existo
y porque el mundo existe
y porque los tres podemos dejar correctamente de existir

Publicado en Favorables París Poema, nº 1, julio 1926.


Gerardo Diego

Retrato de Josette, de Juan Gris

Gerardo Diego (Santander, 1896 – Madrid, 1987) cultivó la poesía vanguardista y la tradicional. Dentro de la línea vanguardista, es el máximo representante español del creacionismo. Algunas de las características de su obra lírica son el dominio del lenguaje y de los recursos técnicos y expresivos, la revitalización de formas estróficas tradicionales con contenidos vanguardistas y un consciente desapego por el tono trascendentalista.

CREACIONISMO

¿No os parece, hermanos,
que hemos vivido muchos años en el sábado?
Descansábamos
porque Dios nos lo daba todo hecho.
Y no hacíamos nada, porque el mundo
mejor que Dios lo hizo…
Hermanos, superemos la pereza.
Modelemos, creemos nuestro lunes,
nuestro martes y miércoles,
nuestro jueves y viernes…
Hagamos nuestro Génesis.
Con los tablones rotos,
con los mismos ladrillos,
con las derruidas piedras,
levantemos de nuevo nuestros mundos.
La página está en blanco:
«En el principio era…»

Imagen, 1922.