Juan Laureano Ortiz

Interludio, de Raquel Forner

Juan Laureano Ortiz (Argentina, 1896-1978) se inició en la poesía bajo la influencia del intimismo de la lírica posmodernista para después evolucionar hacia acentos más personales, entre los que destaca un sentimiento cósmico del paisaje y un humanitarismo solidario.

AH, MIS AMIGOS, HABLÁIS DE RIMAS…

Ah, mis amigos, habláis de rimas
y habláis finamente de los crecimientos libres…
en la seda fantástica que os dan las hadas de los leños
con sus suplicios de tísicas
sobresaltadas
de alas…

Pero habéis pensado
que el otro cuerpo de la poesía está también allá, en el Junio de crecida,
desnudo casi bajo las agujas del cielo?

Qué haríais vosotros, decid, sin ese cuerpo
del que el vuestro, si frágil y si herido, vive desde “la división”,
despedido del “espíritu”, él, que sostiene oscuramente sus juegos
con el pan que él amasa y que debe recibir a veces
en un insulto de piedra?

Habéis pensado, mis amigos,
que es una red de sangre la que os salva del vacío,
en el tejido de todos los días, bajo los metales del aire,
de esas manos sin nada al fin como las ramas de Junio,
a no ser una escritura de vidrio?

Oh, yo sé que buscáis desde el principio el secreto de la tierra,
y que os arrojáis al fuego, muchas veces, para encontrar el secreto…
Y sé que a veces halláis la melodía más difícil
que duerme en aquellos que mueren de silencio,
corridos por el padre río, ahora, hacia las tiendas del viento…
Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la poesía
igual que en un capullo…
No olvidéis que la poesía,
si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,
es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,
cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin
y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor…

De las raíces y del cielo, 1958.


Julia Otxoa

Azar, de Julia Otxoa

La obra poética de Julia Otxoa (San Sebastián, 1953) manifiesta una preocupación por la dura condición humana, a la vez que un marcado compromiso estético, que la lleva a incursionar en la poesía visual. Son ingredientes fieles en su obra el juego con el lenguaje, el misterio y la ironía.

SÓLO SE PUEDE ESCRIBIR CON FIEBRE…

Pero aquél que es poeta ni en mitad del tumulto
ni emboscado en la orilla logrará su descanso.
Porque el ojo sin párpado no consigue la noche
y en acecho infinito se le enciende y afila…
ÁNGELA FIGUERA AYMERICH

Sólo se puede escribir con fiebre,
Ángela,
desde el ojo del huracán y el fuego,

acaso tal vez desde el delirio
y el vuelo a tumba abierta,

todo lo demás son párpados y párpados
sobre un disparo de piedra
que la niebla enmudece,

porque sólo una temeraria lucidez,
desde el más extremo de los límites,
puede,

sólo unas córneas heridas,
en las que cabe el mundo,
pueden.

Centauro, 1985.


Rafael Cadenas

Para Rafael Cadenas (1930), uno de los más importantes poetas venezolanos de la generación del 60, la poesía es una revisión profunda y descarnada del yo, a la vez que un contrapeso del poder y la sociedad.

ESCRIBO…

Escribo
como el que se inclina sobre el cuerpo que ama.

«Fragmentos», en Una isla, 1958.


Antonio Hernández

Pasarela para D. Diego, de Emilio Prieto

La poesía del gaditano Antonio Hernández (1943) hunde sus raíces en la memoria y en el testimonio. El amor a Andalucía, su paisaje y sus gentes, la defensa de los oprimidos y la visión nostálgica de la infancia son algunos de sus temas.

AH, DEL CASTILLO

Se ahogó la princesa,
y el príncipe.
Se hundieron las mesnadas,
sucumbieron
pendones y caballos
cuando la ola se llevó el castillo
que construí en la arena
de Cádiz, siendo niño.

Pero quedó el juglar.

Indumentaria, 1986.


Aleksandr Pushkin

El joven jardinero, de Orest Kiprensky

El romántico Aleksandr Serguéyevich Pushkin (1799-1837) está considerado el mayor poeta ruso de todos los tiempos y el fundador de la poesía moderna de su país. En su obra se percibe la influencia de Byron y del folclore ruso.

EL POETA

Hasta que Apolo al poeta no convoca
a ofrecer el sagrado sacrificio,
en los afanes de este mundo vano
está él cobardemente retenido.
Muda se halla su lira sacrosanta,
su alma sumida en frío letargo está
y entre los hijos fútiles del mundo
el más fútil de todos es quizá.

No obstante, apenas el divino verbo
hasta su agudo oído se abre paso,
las alas bate el alma del poeta
como águila que hubiera despertado.
Le hastían los mundanos pasatiempos
y al rumor de las gentes es ajeno;
no agachará orgullosa la cabeza
a las plantas del ídolo del pueblo.
Y correrá, salvaje e inflexible,
henchido de sonido y rebelión,
a la orilla de las desiertas olas,
al bosque que resuena con poderoso son…

1827. Traducción de Eduardo Alonso Luengo.