María Elvira Lacaci

Muchacha de espaldas, de Carmen Laffón

La coruñesa María Elvira Lacaci (1928-1997) es una de las voces más auténticas de la poesía social de posguerra. Su profunda religiosidad la llevó a interesarse por los más débiles. Su lenguaje es sencillo, poco elaborado, como conviene a una poesía más preocupada por los valores humanos que los literarios.

LA PALABRA

Yo te quiero sencilla. Acaso pobre.
A veces,
vas a brotarme de organdí vestida (sin querer
me florece el lenguaje de otros seres).
Con amor te desnudo.
Quedas como mi carne.
Como mi corazón y sus latidos.

A menudo,
igual que los pequeños
ante una tienda de juguetería,
pego la cara
a las brillantes lunas
donde se venden las palabras bellas.
Las admiro.
A otros les sientan bien. Si me las colocara…
Las aparto al momento
porque a mí no me sientan.

Y de nuevo voy cogiendo brazados de palabras
entre la hierba fresca
y bajo el cielo.

Al este de la ciudad, 1963.

A LA POESÍA

Me siento vagabunda de las Letras.
Quiero comer mi pan con el mendigo.
Beber vino de todos.
Tomar el sol
tendida
sobre la hierba húmeda.
Tener una guitarra
con cuerdas de latidos, entregados.
Tocarla por los pueblos.
Que los hombres –de colores distintos–
bailen al son de ella
con sus modales
toscos
y su verdad sencilla
a flor de labio.

Al este de la ciudad, 1963.

LA POSTERIDAD

Con frecuencia, oigo hablar a poetas
de la posteridad.
“Tenemos que intentar –dicen con énfasis–
que las generaciones venideras…”
Y yo digo que sí –siempre me incluyen–. Pero mi corazón
sonríe
al tiempo virgen para sus latidos.

Yo quiero vivir al día,
lo mismo que las aves.
Ser pan de todos, sí
de los que conmigo muerden la agonía.
Y ya no aspiro a más.
Sólo a pudrirme –cuando llegue la hora–
junto a mis letras húmedas y doloridas.

Al este de la ciudad, 1963.

UNA AMIGA DE LA INFANCIA

La vi alejarse. La imaginé feliz…
Se encogieron mis hombros.
Con orgullo —tal vez rebeldemente—
escupí unas palabras: «Tengo a la Poesía.»

Bajé la vista despaciosamente,
porque una voz me dijo allá en lo hondo:
«En ti, la Poesía,
solamente es el pus. De las heridas.»

Al este de la ciudad, 1963.