Mariano Brull

Mujeres junto al río (detalle), de Antonio Gattorno

Mariano Brull (Cuba, 1891-1956), tras una breve incursión en el intimismo posmodernista, sometió su poesía a una profunda depuración intelectual, siguiendo el modelo de Mallarmé y Valéry. La poesía (”Verdehalago”), entendida como puro juego sonoro (Brull es el creador de la jitanjáfora), se propone como medio de evasión de la realidad hostil (”Mundodolido”).

AMAR LO DELICADO Y OTOÑAL…

Amar lo delicado y lo otoñal,
el arte antiguo, la canción de ayer;
la clara transparencia del cristal
como una forma espiritual de ser.

Amar la gracia añeja del rosal
y en rosas nuestro ensueño florecer.
Para lo bello ser sensible, igual
que un alma sensitiva de mujer.

Vivir una emoción en cada cosa,
y una fruición benigna y amorosa
en todo afín espíritu dejar…

Y ver las cosas con el narcisismo
de hallar en todo el alma de uno mismo
y en todo el alma de uno mismo amar.

«Recitación a solas, I», La casa del silencio, 1916.

VERDEHALAGO

Por el verde, verde
verdería de verde mar
Rr con Rr.

Viernes, vírgula, virgen
enano verde
verdularia cantárida
Rr con Rr.

Verdor y verdín
verdumbre y verdura
Verde, doble verde
de col y lechuga.

Rr con Rr
en mi verde limón
pájara verde.

Por el verde, verde
verdehalago húmedo
extiéndome–. Extiéndete.

Vengo de Mundodolido
y en Verdehalago me estoy.

Poemas en menguante, 1928.

YA SE DERRAMARÁ COMO OBRA PLENA…

Ya se derramará como obra plena
toda de mí –¡alma de un solo acento!–
múltiple en voz que ordena y desordena
trémula, al borde, del huir del viento.

Y de hallarme de nuevo –¡todo mío!–,
disperso en mí, con la palabra sola:
dulce, de tierra húmeda en rocío,
blanco en la espuma de mi propia ola.

Y el ímpetu que enfrena y desenfrena
ya sin espera: todo en el momento:
y aquí y allí, esclavo –sin cadena–
¡y libre en la prisión del firmamento!

Poemas, 1939.

NADA MÁS QUE…

¿Qué voz nueva, inesperada,
dirá lo que aún no me dije,
y está en mí, sin mí, diciendo
lo que, al callarse, desdice?

¿Por qué inmolarse en palabra
muda, y émula de altura,
que cuando enmudece niega
lo antedicho sólo al cielo?

¿Hay que cavar en el aire
hasta el silencio primero,
hasta llegar a la luz
que tuvo el mundo en su estreno?

¿Y hay que volver a callar
lo que nunca fuera dicho,
para que muera en su ser
la muerte de otra manera?

Nada más que…, 1954.