
El madrileño Francisco Giner de los Ríos (1917-1995) realizó una gran labor como difusor de la poesía de los españoles exiliados en América. La suya se caracterizó por la transparencia del lenguaje y la hondura con la que se expresan anhelos y nostalgias.
ROMANCILLO DE LA SOLA RAZÓN
Nada puede callarme
lo que bulle aquí dentro.
No hay flor posible ya
que perfume su anhelo,
que me contenga el ansia
y la doble en silencio.
Sólo quiero esta llaga
que me requema el pecho
y me entrega la luz
constante del recuerdo.
Frente a los ojos limpios
hay mil paisajes nuevos
que no adquieren presencia
tapados por el fuego.
¡Que nadie me pregunte
de dónde ciego vengo,
que la angustia me nace
otra vez en el sueño
y me deshace el grito
que me sostiene entero!
En mi sangre hay cien nombres
con sus ramas revueltos.
¡Nadie me los separe
ni traicione mi acento,
que no hay nada más noble
que dé fuerza a mi pecho!
A la rosa y a la seda
nunca me las encuentro.
Hacia el cielo y la nube
se ha quebrado mi esfuerzo.
Nada puede callarme
lo que bulle aquí dentro.
Jornada hecha, 1953.



