Autor: editor

Francisco Giner de los Ríos

La siesta / La soledad, de Miguel Prieto

El madrileño Francisco Giner de los Ríos (1917-1995) realizó una gran labor como difusor de la poesía de los españoles exiliados en América. La suya se caracterizó por la transparencia del lenguaje y la hondura con la que se expresan anhelos y nostalgias.

ROMANCILLO DE LA SOLA RAZÓN

Nada puede callarme
lo que bulle aquí dentro.
No hay flor posible ya
que perfume su anhelo,
que me contenga el ansia
y la doble en silencio.
Sólo quiero esta llaga
que me requema el pecho
y me entrega la luz
constante del recuerdo.
Frente a los ojos limpios
hay mil paisajes nuevos
que no adquieren presencia
tapados por el fuego.
¡Que nadie me pregunte
de dónde ciego vengo,
que la angustia me nace
otra vez en el sueño
y me deshace el grito
que me sostiene entero!
En mi sangre hay cien nombres
con sus ramas revueltos.
¡Nadie me los separe
ni traicione mi acento,
que no hay nada más noble
que dé fuerza a mi pecho!
A la rosa y a la seda
nunca me las encuentro.
Hacia el cielo y la nube
se ha quebrado mi esfuerzo.
Nada puede callarme
lo que bulle aquí dentro.

Jornada hecha, 1953.


Juana Borrero

Fantasía de primavera, dibujo de Juana Borrero

La poeta cubana Juana Borrero (1877-1896) murió con sólo 18 años. Sus poemas, sensuales, melancólicos y dolientes, asombran por la insólita precocidad de su autora y por el halo de misterio que los envuelve.

EL IDEAL

¡Yo lo siento en mi alma!… Él me reanima
Y me presta el calor del entusiasmo,
Él me muestra a lo lejos, siempre verde
Laurel inmarcesible y codiciado!

Él inspiró los cánticos fugaces
Do rimé mis primeros desengaños,
Él me conduce ahora sonriente
Por la senda difícil del trabajo.

Cuando a veces me postra el desaliento
O la nostalgia ardiente del pasado,
Él me ilumina un porvenir glorioso
Con el fulgor benéfico de un astro.

Donde quiera me lleve he de seguirle
Y aunque deba morir en suelo extraño
Yo cruzaré tras él siempre serena
La inmensidad grandiosa del Océano.

¡Oh patria! Si la muerte inexorable
No me detiene con su helada mano
En mitad de la senda peligrosa
A donde en pos de mi ideal me lanzo,

Tu recuerdo que siempre irá conmigo
Me dará nuevo ardor ante el obstáculo…
¡Yo salvaré mi nombre del olvido!
¡Yo lucharé por conquistarte un lauro!

1893. Rimas, 1895.


Billy Collins

Cabinas telefónicas, de Richard Estes

El poeta estadounidense Billy Collins (1941) pretende valerse de los más sencillos detalles de la vida cotidiana para rebelarse contra la tradición literaria más grandilocuente.

INTRODUCCIÓN A LA POESÍA

Les pido que cojan un poema
y lo sostengan a la luz
como a una diapositiva a color

o que aprieten un oído contra su panal.

Digo: soltar un ratón en un poema
y observar cómo busca la salida,

o caminar al interior de la habitación del poema
y palpar las paredes en busca de un interruptor.

Quiero que hagan esquí acuático
sobre la superficie del poema
saludando al nombre del autor en la orilla.

Pero todo lo que quieren hacer
es atar el poema a una silla con una cuerda
y torturarle hasta sacarle una confesión.

Comienzan a golpearle con una manguera
para descubrir lo que realmente significa.

La manzana que asombró a París, 1988. Traducción de Julio Mas Alcaraz.


José Antonio Muñoz Rojas

Figura femenina sentada, de José Fin

José Antonio Muñoz Rojas (Antequera, 1909-2009) concibe la poesía como confesión y como comunicación de lo contemplado. Ha cultivado con igual maestría el poema en prosa, el soneto barroco, el endecasílabo blanco y el verso libre. La reflexión metafísica y la celebracíon del amor y del mundo rural son sus grandes temas.

TU OFICIO, POETA…

Para que algo quede de este latir,
para que, si alguien quiere mirarse, pueda;
para calmar quizá alguna sed, y que alguien diga
«a mí me pasó algo semejante».

Los poetas estamos para eso:
para ofrecerles tránsito a los demás,
para que se encaramen sobre nuestros latidos, y que divisen
un poco más allá, en medio
de tanta oscuridad como nos circunda.
A veces nada tiene sentido, ni siquiera
que me des la mano o ese
limón redondo tan bello en la vereda.
A veces lo que tiene sentido no tiene sangre,
ese poco de sangre por la cual se muere.
Todo es ganas de morir de otra manera,
ganas de imitar a los ríos y que la tierra vea
que hay otras aguas y otras penas, y los cielos
contemplen misericordiosamente
nuestras peregrinaciones.

Tu oficio, poeta, es contemplar,
que todo se te escriba dentro; luego,
quizá leer allí mismo, quizá decir a los otros
lo que allí mismo, escrito, tú lees.

Oscuridad adentro, 1950-80.


Enrique González Martínez

La poesía de Enrique González Martínez (México, 1871-1952) destaca, dentro del modernismo hispánico, por su carácter reflexivo y su sobriedad. Con su poema «Tuércele el cuello al cisne» expresó su distanciamiento de las maneras superficiales y decorativas de cierto modernismo.

LO QUE DICE EL POETA

Llamando voy al ritmo y el ritmo no responde,
la idea se me escapa, el numen se rebela,
y soy viador iluso que en frágil carabela
bogando va sin brújula y sin saber a dónde.

En balde martirizo la mente por que ahonde
enigmas y misterios; en vano el alma vuela
de un astro persiguiendo la fugitiva estela…
¡El rastro se me pierde y el luminar se esconde!

Apágase del estro la llama engañadora,
y el corazón en ansias se desespera y llora
de ver la lira torpe y el numen impotente;

mas los anhelos tornan con desusados bríos
y el rumoroso enjambre de los ensueños míos
vuelve a besar mis ojos y a acariciar mi frente.

Lirismos, 1907.