Autor: editor

Carlos Martínez Rivas

Ruinas de Managua, de Alejandro Aróstegui

Carlos Martínez Rivas (1924-1998), una de las voces de mayor trascendencia de la lírica nicaragüense,  cultivó una poesía rebelde, epigramática, de gran frescura oral y poder evocativo.

ARS POETICA

¿Que eres reacia al Amor, pues su manía
de eternidad te ahuyenta, y su insistente
voz como un chirriante ruiseñor
te exaspera y quieres solamente
besar lo pasajero en la cambiante
eternidad de lo fugaz?–entonces

¡soy tu hombre! Pues más hospitalario
que el mío un corazón no halló jamás
para posarse el falso amor. Igual
que llegué, parto: solo, y cuando mudo
de cielo mudo también de corazón.

Pero, atiende: no vas a hacer traición
a tu alma infiel. No intentes, si una chispa
del hijo del hombre ves en mis ojos,
descifrarla, ni trates de inquirir mucho
en mi acento y el fondo de mi risa.

Donde quiero destierro y silencio
no traspases la linde. Allí el buitre
blanco del Juicio anida y sólo el
ceño de la vida privada ¡canta!

La insurrección solitaria, 1953.


André Breton

Sin título, de André Breton

André Breton (1896-1966) es uno de los fundadores del surrealismo y su principal ideólogo y propagandista. Su poesía es una tentativa de yuxtaponer la acción y el sueño.

EN EL CAMINO DE SAN ROMANO

La poesía se hace en un lecho como el amor
Sus sábanas revueltas son la aurora de las cosas
La poesía se hace en los bosques

Tiene el espacio que necesita
No éste sino aquel que condicionan

El ojo del milano
El rocío sobre una flor de cola de caballo
El recuerdo de una botella de Traminer empañada sobre una bandeja de
[plata
Una alta verga de turmalina en el mar
Y el camino de la mental aventura
Que asciende a pico
Una parada se llena de maleza en seguida

Eso no se grita sobre los tejados
No es conveniente dejar la puerta abierta
O llamar a testigos

Los bancos de pescado los setos llenos de pájaros
Los raíles a la entrada de una gran estación
Los reflejos de las orillas de un río
Los surcos en el pan
Las burbujas del arroyo
Los días del calendario
El corazoncillo

El acto del amor y el acto de poesía
Son incompatibles
Con la lectura del diario en voz alta

El sentido del rayo de sol
El resplandor azul que despiden los hachazos del leñador
El hilo de la cometa en forma de corazón o de garlito
El latido rítmico de la cola de los castores
La velocidad del relámpago
La lluvia de peladillas desde lo alto de las viejas escaleras
El alud

La cámara de los prestigios
No señores no es la octava sala
Ni los vapores del dormitorio un domingo por la noche

Las figuras de baile realizadas en transparencia por encima de las charcas
La delimitación contra un muro de un cuerpo de mujer al que se lanzan
[cuchillos
Las volutas pálidas del humo
Los bucles de tu cabello
La curva de la esponja de las Filipinas
Los lazos de la serpiente de coral
La presencia de la hiedra entre las ruinas
La poesía tiene todo el tiempo por delante

El abrazo poético como el abrazo carnal
Mientras dura
Prohíbe toda escapada sobre la miseria del mundo.

Poemas, 1948. Traducción de Manuel Álvarez Ortega.


Luis Carrillo y Sotomayor

Retrato de dama desconocida, de Rodrigo de Villandrando

El cordobés Luis Carrillo y Sotomayor (h.1585-1610) defendió el cultismo y la “dificultad docta” en su Libro de la erudición poética. Se le considera el antecedente más inmediato del culteranismo de Góngora.

DESPÍDESE DE SU MUSA AMOR

Ya no compuesto hablar, ya no que aspire
a laurel docto o a sagrada musa;
mándalo, ¡oh Musa!, Amor, que en mí rehúsa
menos que el pecho su rigor suspire.

Ya va fuera de mí verso que admire
en polido decir; mi llama excusa,
¡oh, sagrados despojos de Medusa!,
que en vuestras aguas este ardor respire.

Otro alentad en el licor dichoso,
que ya, ausente de vos, al mal presente,
desata el pecho un río caudaloso.

Adiós, pues trueca Amor por vuestra fuente,
(mirad cuál cantaré) de mi lloroso
pecho, en su ausencia larga, la corriente.

Obras, 1611 (póstumo).


Luis Alberto Ambroggio

Interferencias, de Cristian MacEntyre

La poesía del argentino Luis Alberto Ambroggio (1945), desnuda y breve, busca la complicidad del lector a través de un lenguaje directo, de aparente sencillez.

LOS HABITANTES DEL POETA

La Afrodita sin brazo izquierdo
del Museo Británico
irradia sueños empolvados
y lo acompaña.

Espíritus, musas, hechos con dirección desconocida,
ídolos húmedos,
sombras con tatuajes de calendario,
sombras que miran con agujas de olvido
jamás se van de la fiesta.
Protagonizan soledad y derrota
un mundo de héroes conquistados.

El poeta no está solo.
Reza el diario de Ana Frank
y resucita muertos.
Un lugar, al otro lado del mundo,
le quita el sueño.
El silencio lo deja exhausto y grita muertes premeditadas.
En un amor dos caen sepultados
durante noches sin límites.
Con la sociedad que el poeta crea,
escucha las dulces flautas de Tesalia.
La belleza lo tortura en el banco del juicio.
Asume la topografía del cuervo
y enciende con símbolos una danza transparente.
Cosecha amantes en la blancura de las olas
en el tiempo Redondo de la luna.
Muere antes de morir
en el cementerio inconcluso de los recuerdos.

En su fuga imposible
nunca está solo el poeta.
Lo poseen voces inasibles y punzantes,
lo consume el aroma fatal de su amada,
la palabra, esa divinidad salvaje
que copula con espejos indisolubles.

Los habitantes del poeta, 1997.


Boris Pasternak

Ejecución en Babiy Yar, de Felix Lembersky

El ruso Boris Pasternak (1890-1960), autor de una de las grandes novelas de la literatura rusa del siglo XX, Doctor Zhivago, fue un destacado poeta, que rehuyó las consignas del realismo socialista, y apostó por una poesía profundamente subjetiva, expresión de su particular visión de la naturaleza y la historia.

DEFINICIÓN DE LA POESÍA

Es un silbido que de súbito vuela.
Es un crujido de apretados hielos.
Es la noche, la hoja que se hiela.
Es de dos ruiseñores un duelo.

Es un dulce guisante abandonado,
es lágrima de universo en la vainita,
es que de pupitres y de flautas Fígaro
tal granizo en el bancal se precipita.

Todo lo que en la noche necesita encontrar
en los profundos fondos de las pozas,
para llevar la estrella hasta el vivar
en sus húmedas palmas tenebrosas.

Más plano que una tabla en el agua – el bochorno.
Se desploma como un aliso la bóveda estelar.
Quizás les vaya a las estrellas carcajear en torno.
O lo contrario, que el universo sea – mudo lugar.

En «Ejercicios de Filosofía», Mi hermana la vida (1917-22). Traducción de José Luis Reina Palazón.